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La voz de las revistas de Internet

El nacimiento de Internet tuvo un efecto multiplicador en los medios de comunicación. Si para disponer de una edición en papel era y es necesaria una pequeña fortuna, no sucede lo mismo con una digital. Poco a poco, cada uno de estos pequeños nuevos medios tuvo que aprender a combatir los apelativos de primerizo y de poco fiable con los que eran saludados cada vez que mostraban su acreditación en algún acto.

Pero el tiempo ha demostrado que las palabras Internet y periodismo de calidad no son incompatibles. Una muestra de ello es la revista de Internet hindú Tehelka.com, que con sólo 24.000 dólares y una investigación de más de ocho meses ha destapado la corrupción endémica del sistema político y ha hecho temblar los cimientos del gobierno del primer ministro Atal Behari Vajpayee.

Su labor desvela además el importante papel que pueden jugar estos medios, que nacen privados de las ataduras de sus ancestros y libres de la censura, para contribuir a la mayor trasparencia de los poderes públicos y a la democratización de regímenes en los que la libertad de prensa o no existe, o no es completa.

La gota que colma el vaso

Los dos periodistas de Tehelka.com autores del reportaje se hicieron pasar por fabricantes de armas y filmaron a más de 30 políticos, funcionarios y oficiales del ejército (entre ellos dos generales) aceptando sobornos para facilitar la consecución de un contrato público.

Entre los involucrados se encontraban Bangaru Laxman, presidente del Bharatiya Janata, el partido del primer ministro, y Jaya Jaitley, presidente del Samata, otro de los partidos que forman parte de la coalición gubernamental. Laxmam se embolsó 100.000 rupias (2.150 dólares) y Jaitley 200.000 (4.300 dólares), cantidades ridículas para los estándares occidentales. Pero la cantidad no es lo importante, y menos cuando las imágenes y las transcripciones se pusieron al alcance de tan sólo un clic en el nodo de Tehelka.com, para luego ser diseminadas por la prensa escrita y las cadenas de televisión.

Ambos políticos se vieron obligados a dimitir, al igual que George Fernandes, el ministro de Defensa y parlamentario por el Samata, en cuyas oficinas se desenvolvieron parte de las escenas que han avergonzado a un gobierno que ahora se las ve y se las desea para lavar su deteriorada imagen. Los binoculares de visión nocturna, el producto que pretendían vender los dos periodistas de Tehelka.com, han terminado explotándole en las manos al primer ministro Vajpayee.

Incluso el jefe de su oficina, uno de sus asesores principales y según las malas lenguas una suerte de Vladimiro Montesinos hindú, ha sido víctima de la cámara de Tehelka.com. De nada han servido las acusaciones a la revista de algunos políticos, que han hablado de conspiración. Y es que no está bien visto irse a la caza de noticias con sofisticados aparatos de vigilancia.

El escándalo ha puesto en segundo plano la ambiciosa y largamente postergada reforma económica (privatizaciones, flexibilización del mercado laboral, reforma del sistema de subsidios, etc.) que tiene previsto llevar a cabo el gobierno. Y viene a sumarse al oprobio causado por un caso de insider trading (aprovecharse de información financiera confidencial con fines ilícitos) y de amaño de precios que ha terminado con la dimisión del presidente y el consejo de la Bolsa de Bombay.

La radiografía de la corrupción hecha pública por los periodistas armados de cámaras en miniatura ha conseguido por tanto desestabilizar al gobierno del intachable Vajpayee, una coalición de 25 partidos liderados por el BJP. Algunos de sus socios comienzan a distanciarse y la oposición se dedica a dinamitar la actividad parlamentaria. Y todos piden que rueden cabezas, incluido el Rashtriya Swayamsevak Sangh (Asociación Nacional de Voluntarios), la facción nacionalista de la que se nutren los cuadros del BJP.

El periodismo Red

Más allá de las responsabilidades políticas y judiciales, lo sucedido sirve para ahondar en el debate sobre el papel de Internet como herramienta de comunicación y elemento de fomento de la democracia. Especialmente en lugares donde las viejas y rígidas estructuras y las elites de poder impiden con su mordaza que se escuchen nuevas voces.

En la actualidad, y como pone de manifiesto el estudio anual sobre la libertad de prensa en el mundo (que incluye a la India como país en donde sólo existe parcialmente), dos tercios del planeta cuentan con leyes que la censuran y restringen.

Con tan sólo un PC y una conexión, Internet permite traspasar barreras que le son vedadas a los medios de comunicación tradicionales, incluso en los países democráticos. Las voces discrepantes de ciudadanos y organizaciones, antes recluidas y silenciadas, encuentran una repercusión universal e inmediata, y fiscalizan de forma más eficiente la actividad de los poderes públicos.

Por supuesto, algunos gobiernos ven esto como una amenaza y hacen todo lo posible por controlar el tráfico de la información. Pero si algo tiene de bueno Internet es su estructura inabarcable y descentralizada. Tratar de silenciarlo es como intentar frenar el agua de un río con las manos. Aún así, dos de cada tres países se esfuerzan por establecer restricciones a la prensa digital e impresa.

En este sentido, la imposibilidad de acceder a Internet se convierte en una nueva forma de censura. Paradójicamente, es el miedo de los gobiernos a quedarse descolgados de una economía global en gran parte fundamentada en el progreso de las telecomunicaciones, el que les hace abrir la cerradura de una despensa que muchos hubieran querido guardar para sí. Países como Malasia establecen férreos controles sobre la prensa escrita, pero a la vez hacen la vista gorda con nodos como Malaysiakini.com, que fustiga desde el ciberespacio al gobierno y a la familia real, otrora instituciones intocables.

En el caso de Tehelka.com, fue necesaria la colaboración de las cadenas de televisión locales para que el suceso llegara a oídos del grueso de la población. Pero cabe imaginar un escenario todavía utópico en el que haya un PC o cualquier otro dispositivo de conexión a Internet en cada hogar hindú.

La tecnología, pese a los esfuerzos de compañías y gobiernos, se va colocando del lado del ciudadano. Tehelka.com utilizó Internet para hacer públicas las transcripciones y las imágenes de los políticos y funcionarios corruptos después de meses de investigación. También para abrir foros de discusión entre políticos y ciudadanos. Esto último, algo poco práctico en un medio de papel, da una idea de la forma en la que las nuevas tecnologías pueden aprovecharse para estirar los límites de profesiones tradicionales como la del periodismo. O de cómo los políticos podrían, si quisieran, cerrar la distancia que les separa de sus votantes.

Reportajes de este calado contribuyen a hacer que desaparezcan los prejuicios sobre los medios puramente online y quizás a que se modifiquen las conclusiones de estudios previos que sostienen que el público busca en Internet noticias especializadas, sin que por ello aumente su compromiso con los asuntos públicos y políticos.

Como afirma su editor jefe, sólo la falta de presupuesto les impidió escarbar aún más en el fango de la clase política hindú. Aun así, el trabajo de sus redactores es un acicate para todos los medios online y una prueba de la excelencia de Internet como medio de distribución de la información. Todo periódico, revista o panfleto que tenga algo que decir tiene hoy una oportunidad para llegar a los ojos del ciudadano. En el caso de los hindúes, están de enhorabuena: gracias a Tehelka.com pueden convertirse en censores, y no en censurados, de un gobierno en el que la corrupción oarece haberse convertido en un hábito.


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