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Las nuevas consolas de videojuegos se hacen de rogar

La llegada de las nuevas consolas de videojuegos de 128 bits de Microsoft y de Nintendo, al igual que las novias el día de su boda, se va a hacer esperar.

Primero fue la empresa japonesa la que aseguró el pasado 21 de agosto que su GameCube llegaría a los comercios estadounidenses el 18 de noviembre, dos semanas más tarde de lo previsto, para asegurarse un lanzamiento libre de problemas, principalmente de falta de stock.

No obstante, medio millón de GameCubes aparecerán en Japón en la fecha prevista: el 14 de septiembre. Además Nintendo, que de momento ya está recibiendo ingresos de su recién estrenada consola de bolsillo GameBoy Advanced, mantiene su intención de colocar 4 millones de unidades de GameCubes antes del 31 de marzo. Su mejor baza es su precio: costará 200 dólares, 100 menos que la X-Box y la consola PlayStation 2 de Sony.

Apenas unos días después de que Nintendo anunciara su retraso, y tras desmentir rumores sobre problemas técnicos y de suministro, el gigante de Redmond hizo público el suyo. Los japoneses no olerán la consola de Microsoft hasta el 22 de febrero de 2002 pese a que se suponía que iba a aparecer a finales del presente año.

El desembarque de la X-Box continúa fijado para el 8 de noviembre en Estados Unidos. Microsoft rompe de esta manera con la costumbre de lanzar primero el producto en Japón y unos meses después en el país de las hamburguesas, una tradición que hizo que en eBay algunos yanquis impacientes pagaran por una Playstation 2 japonesa su precio en oro.

Es decir, al igual que las novias acaban (casi) siempre llegando al altar, X-Box y GameCube llegarán puntuales a las tiendas en Navidad para convertirse, si nadie lo remedia antes, en el regalo de moda. Los bólidos están calentando motores en sus boxes.

Y mientras tanto…

¿Qué se traen entre manos aquellos que también protagonizan (o protagonizaron) la ya popular guerra de las consolas?

Dreamcast, la primera máquina de nueva generación (68 bits en este caso) en saltar al ruedo, lleva cerca de 7 meses disfrutando del descanso de los justos, y su casa madre Sega está dedicada en cuerpo y alma a desarrollar software de entretenimiento para la que fuera su competencia, tanto PlayStation 2 como Xbox y GameCube.

Playstation 2 de Sony, olvidados ya los problemillas que tuvo en su lanzamiento, ha sobrepasado con creces su primer año de vida en los mercados con un éxito más que satisfactorio y continúa centrada en seguir vendiendo unidades para acrecentar la ventaja que le saca a las dos consolas que aún están por venir.

Nada indica que estas empresas vayan a cambiar su modo de hacer las cosas.

A partir de las Navidades de 2001, cuando todos los gladiadores hayan saltado a la arena, comenzará el combate de verdad, y probablemente no haya que esperar mucho para saber a qué atenernos.

La importancia de las consolas

Puede que mucha gente se cuestione por qué son tan importantes las consolas de videojuegos, qué es lo que tienen estos juguetes para que pequeñas noticias referentes a retrasos o problemas de fabricación ocupen espacio en publicaciones \”serias\”. Aquellos que se formulen estas preguntas debieran contar con esta premisa: las consolas no son juguetes o, como mínimo, son mucho más que juguetes.

No conviene perder de vista que cualquier cosa en la que un coloso del calibre de Microsoft ponga tanto interés y tantos dólares, tiene que ser importante por fuerza. La compañía de Gates ha gastado más de 500 millones en anunciar un producto aún inexistente, y por cada consola que venda va a perder la friolera de 125 dólares, lo que podría suponer un agujero de hasta 2.000 millones de dólares, según Merril Lynch.

Lanzando una idea al viento

Para muchas empresas es crucial llevar Internet a los hogares, que las mamás y los abuelos sean capaces de usarla para hacer la compra, realizar operaciones bancarias y pedir cita al médico de cabecera. Larry Ellison se ha dejado los cuernos en repetidas ocasiones intentando implantar infructuosamente los \’PC tontos\’ para conseguir eso mismo.

Ahora son muchos los que consideran que la mejor manera de conseguirlo es convertir estos chismes para jugar equipados con lector de películas DVD y conexión a Internet en una suerte de caballo de Troya que, situado discretamente al ladito de la televisión, haga que el común de los mortales vaya perdiendo el miedo a entrar en la Red.

Es cierto que de momento aquellos que compren una consola sólo podrán jugar y ver DVDs… pero la idea es que vayan saliendo más prestaciones. ¿Por qué Sony cuenta con un banco online? ¿Por qué los nuevos sistemas operativos de Microsoft dependen de un servidor central? Porque esperan que la consola sea el lucrativo electrodoméstico que consiga que despierten iniciativas en eterno letargo como el vídeo a la carta, la banca electrónica o la administración online.

La guerra de las consolas es en realidad el empeño de unos cuantos por extender la Red y hacer el mundo un poquito más digital (y por forrarse todo lo posible en el intento). Que la infraestructura que hoy empleamos sea capaz de albergar tanta cacharrería conectada sin explotar es otra historia que tendrá que ser contada en otro lugar.


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