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Las sociedades que cotizan deberán informar sobre los amores de sus consejeros

Las normas de comportamiento personal en las compañías se están volviendo cada vez más estrictas en todo el mundo. También en España. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya solicita datos acerca de las operaciones realizadas por personas que mantengan relaciones afectivas, y el abanico es amplio: no solamente se refiere la CNMV a los matrimonios, sino también a los hermanos, ascendientes, descendientes… También, claro, a las parejas homosexuales.

Y, a partir de junio, las empresas que cotizan tendrán que informar sobre las relaciones afectivas (insistimos, en su sentido más amplio, no únicamente amoroso/sexual) de sus consejeros.

Todavía está fresco en la memoria el caso de Harry Stonecipher, director ejecutivo de Boeing que fue obligado a renunciar a su cargo por el consejo de administración de la compañía. El directivo había mantenido una relación con una ejecutiva, un comportamiento que en épocas no demasiado lejanas quizás hubiera sido considerado como algo aceptable. Ahora no: los términos \”conducta inapropiada\” están de moda.

En esencia, lo que los reguladores persiguen, en este caso la CNMV, es acabar con eso tan español llamado nepotismo. Investigar, en definitiva, si en determinadas operaciones se producen tratos de favor o sospechosas actuaciones debido a parentescos o amoríos más o menos evidentes.

Actualmente, muchas grandes empresas defienden a capa y espada una política de prohibición de establecer relaciones sentimentales entre los empleados. Lo mismo ocurre con los ejecutivos: parece como si cualquier distracción del entorno estrictamente laboral fuera a provocar el hundimiento de las compañías. En cualquier caso, la medida ya ha dado alas a la ironía británica y a un cierto cabreo por estos lares.


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