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Las telecomunicaciones en Latinoamérica, los monopolios que ya no pueden ser

El mercado de las telecomunicaciones en España y Latinoamérica es la historia de los monopolios que fueron, pero que no pueden seguir siendo. Los principales gigantes de habla hispana están cediendo al empuje de los cambios que se están produciendo en el mercado de Internet y a la presión de otras compañías, muchas estadounidenses, que también quiere participar en el, a priori, suculento mercado latinoamericano.

Brasil, monopolios de ida y vuelta

Brasil, el país que genera el 40% de Producto Interior Bruto de la región, es una pieza clave en el desarrollo de Internet en Latinoamérica, el mercado más codiciado con sus 172 millones de habitantes.

La situación del mercado de las telecomunicaciones en Brasil es un caso bastante atípico comparado con sus vecinos. Desde que Alexander Graham Bell consiguiera una patente brasileña para su teléfono hasta 1962, no hubo ningún tipo de regulación.

Ese año la situación, con alrededor de 1.200 empresas diferentes ofreciendo servicios de telefonía, se hizo insostenible. Fue entonces cuando el Congreso brasileño dio a luz el Código Brasileño de Telecomunicaciones, que pronto creó Contel, el primer ente regulador, estableció un fondo para financiar infraestructuras e implantó las bases para la creación de una empresa nacional. Esta empresa, con el nombre de Embratel, nació un par de años después.

En 1967 aparece por vez primera el Ministerio de Comunicaciones. En 1972 se crea Telebrás, una nueva compañía nacional que se hizo cargo de los activos de Embratel, con la intención de mejorar la calidad del servicio, aún muy deficiente, con alrededor de 900 telefónicas operando independientemente en el país.

Pero Telebrás pronto dio muestras de tener un apetito de gigante y, ayudado por el gobierno, comenzó a engullir compañías casi desde su nacimiento. El resultado fue que, a mediados de los años 90, controlaba aproximadamente el 90% de los teléfonos de Brasil.

Pero las cosas no iban demasiado bien para el gobierno brasileño. La eliminación en 1980 del fondo nacional de telecomunicaciones, unido al abandono por parte de Telebrás de sus compromisos de mejora de calidad, empujó a que a partir de 1995 se iniciara el proceso de modificar la constitución para liberalizar el mercado. Como colofón, en 1997 se crea un nuevo regulador: Anatel; y un año después Telebrás es obligada a escindirse y a privatizar sus divisiones (Baby Bras) en una operación similar en muchos puntos a la de AT&T.

Anatel fue noticia el pasado mes de febrero por empezar a recoger un nuevo impuesto (el 1% de la facturación líquida de todas las empresas de telecomunicaciones) para crear un fondo que, entre otras cosas, mejore el acceso de escuelas, zonas rurales y desarrolle las infraestructuras de banda ancha del país.

Esta particular situación de Brasil, que convierte su mercado de telecomunicaciones en el que tradicionalmente está más abierto a la competencia, también ha empujado a la política de precios más económica de la región y ha impulsado el crecimiento del sector. Según Anatel, en julio de este año había más de 33 millones de líneas fijas en el país, unos 13 millones más que en 1998, y 19,12 millones de móviles, un 342% más que cuando Telebrás fue privatizada.

La Argentina, los herederos de Entel

En el caso de La Argentina, los gigantes de turno son Telefónica y Telecom. Ambos mastodontes han mantenido este país como su feudo durante más de 10 años, repartiéndose la telefonía básica y de larga distancia en el norte y el sur del país respectivamente.

El 56,2% de Telefónica pertenece a una sociedad formada por Telefónica Internacional y el CEI Citicorp Holding. El 60% de Telecom es propiedad de Nortel Inversora, bajo cuyo nombre figuran Telecom Italia y France Cable et Radio.

El pasado 3 de septiembre, después de varios meses de duras negociaciones, el presidente de la República Fernando de la Rúa firmó el decreto que pone en marcha la desregularización telefónica del país, acabando con una situación que ya era insostenible.

Tanto Telefónica como Telecom son hermanas, mal que les pese. Ambas nacieron de la privatización y escisión en dos de Entel, la antigua compañía estatal de teléfonos, en 1990. El duopolio de estas dos empresas tenía a priori fecha de caducidad (1997) pero la situación de dominación se extendió durante dos años más.

Los primeros competidores arribaron en La Argentina en noviembre de 1999, cuando el gobierno tomó la polémica decisión de premiar (privilegiar indebidamente para muchos) a dos telefónicas: Movicom, respaldada por la \’Baby Bell\’ Bellsouth, Motorola y BGH, y CTI, de GTE Mobilnet y el grupo Clarín. El gobierno defendió la concesión a estas dos empresas para competir en el mercado de larga distancia, nacional e internacional, porque eran las que contaban con más presencia e intereses en el país.

Pero la liberalización de pleno derecho no ha llegado hasta la medida tomada el pasado septiembre, con la que el mercado de las telecomunicaciones argentino promete dinamizarse. Se espera que la erradicación de la existente situación de monopolio genere unas inversiones que ronden los 6.000 millones de dólares en los próximos 3 años por parte de unas 24 empresas, entre las que destaca AT&T, que estaban esperando la medida como agua de mayo para lanzarse sobre el potencial mercado argentino, que ya mueve alrededor de 9.000 millones de dólares al año.

Además, claro está, la liberalización del mercado de las telecomunicaciones repercutirá favorablemente en el bolsillo de los ciudadanos argentinos y en la calidad de sus telecomunicaciones. El Gobierno cree que las tarifas se reducirán hasta un 70% en apenas un año.

México, a la sombra de Telmex

México, con más de 100 millones de habitantes y el PIB más grande de Latinoamérica, es uno de los que menos teléfonos tiene per cápita, con sólo un 11% de teledensidad, debido entre otras cosas a que el coste de telefonía básica es de los más altos de Latinoamérica.

Hablar de telefonía en México es hablar de Telmex, Teléfonos de México S.A, que no es un monopolio, pero como si lo fuera. Telmex, con unos 10 millones de líneas, es el gigante en el mercado de las telecomunicaciones mexicano. Cuenta con una cuota de mercado del 95% en telefonía local y un 75% de telefonía de larga distancia. En Internet las cosas no son muy diferentes: alrededor del 70% de los internautas mexicanos navegan con él. También posee el 49% de Cablevisión, la mayor empresa de cable de México. El 51% restante corresponde a Televisa.

De hecho los intereses de Telmex no acaban en México; esta compañía con aspiraciones de multinacional participa en la estadounidense Prodigy con un 19%, también posee un 1% de la empresa de EEUU dedicada a la fibra óptica Williams Communications Group y está presente en la telefonía móvil y/o fija de Puerto Rico, Guatemala, Ecuador y Brasil.

Telcel, su división dedicada a la telefonía móvil, dispone de 5,3 millones de clientes, un 65% del total. En este punto conviene recordar que a finales de este verano Telmex anunció su escisión del negocio de los móviles para huir de una acusación de monopolio por parte de Cofetel, el organismo regulador mexicano. El negocio de telefonía móvil de la operadora, líder con unos 10 millones de usuarios, pasó a llamarse América Móvil y a operar de manera independiente. América Móvil aglutina a Telcel, Telgua Wireless y Telgua Wireline (telefonía móvil y fija de Guatemala), la brasileña ATL y Compusa, minorista de artículos de informática estadounidense. Pese a la separación, y a que la nueva empresa tiene un equipo gestor diferente, tiene los mismos amos que su progenitora.

Queda claro entonces que el mercado de las telecomunicaciones de México es aún de Telmex. Pero y ¿de quién es Telmex? El 60% de esta teleco pertenece al Grupo Carson Telecom, asociado a SBC y France Telecom, y liderado por el multimillonario mexicano Carlos Slim Helu. Slim es uno de los nombres propios del panorama latinoamericano junto a los hermanos Salinas, Raúl y Guillermo, que controlan la joven empresa de telefonía local Unefon, además de Televisión Azteca, el portal todito.com, las escuelas Dataflux y los grandes almacenes Elektra.

Pero las cosas están cambiando, aunque sea poco a poco, para el gigante norteamericano. Los enemigos le están saliendo desde debajo de las piedras, arañando sus dominios, ayudados sobre todo por el cansancio y el rechazo que experimentan muchos mexicanos hacia el antiguo monopolio estatal después de años de abusos.

Telmex es el mayor adversario con el que tiene que bregar Telefónica de España para que se cumplan sus ambiciones mexicanas. Otros competidores de Telmex en telefonía de larga distancia son Alestra y Avantel, además de la estadounidense AT&T. En cuanto a telefonía móvil, Telcel debe batirse el cobre con Iusacell y Pegaso.

Telmex (TMX) tuvo en 1999 unos ingresos superiores a los 10.000 millones de dólares. Alrededor de 73.000 personas trabajan para esta compañía que cotiza en la bolsa de Nueva York.

Telefónica de España, la madre de los exmonopolios

El mercado de las telecomunicaciones en el país con forma de piel de toro ha estado proverbialmente en manos de Telefónica. Esta empresa nació como tal en 1924 de la unificación de las distintas empresas de telefonía que operaban en España desde 1884. 1945 es el año en que se convierte en una empresa privada de gestión pública organizada como monopolio.

Los vientos de cambio no soplarán hasta febrero de 1997, fecha en la que el Estado se deshace de todas sus acciones. En 1998 Telefónica se enfrenta por primera vez a la competencia dentro de España, primero con Retevisión y después con Uni2, BT y Aló (RSLCOM).

En cuanto al mercado de la telefonía móvil, el primero en empezar a hacerle sombra a Telefónica Móviles fue Airtel, que obtuvo la concesión GSM (Global System for Mobile Communications) en febrero de 1995 y tuvo éxito pese a los malos presagios de muchos. Airtel también invirtió 70.000 millones de pesetas para poder ofrecer telefonía fija indirecta (pasando por el prefijo 1071) en toda España. Amena, empresa que no ha mostrado ningún interés de momento por prestar otro tipo de servicio telefónico, también compite en el mercado de la telefonía móvil. Por supuesto, ambas empresas, han obtenido una de las polémicas licencias de UMTS concedidas por el gobierno español este año.

Aunque el trono de Telefónica se tambalee, su reciente pasado de monopolio le ha dejado una herencia considerable en el mercado español. Esta empresa de telecomunicaciones, la más grande en el ámbito portugués e hispanohablantes, mantiene en España alrededor de 20 millones de líneas de telefonía fija y más de 12 millones de clientes de telefonía móvil. En todo el mundo cuenta con más de 41 millones de líneas y más de 20 millones de clientes de telefonía móvil.

Telefónica también tiene diferentes intereses en Brasil: Posee un 88% creciente en TELESP, Telecomunicações de São Paulo, una de las \”Baby Bras\” más boyantes merced a la zona en la que opera, con 8 millones de líneas contratadas. Tiene también un porcentaje importante en las dos empresas de telefonía móvil brasileñas: casi el 90% de Tele Sudeste Celular, de Río de Janeiro, y un porcentaje mayoritario en Tele Leste Celular, que opera en las zonas de Bahía y Sergipe.

Telefónica además, es el coloso por excelencia en Perú. La multinacional española posee el 97% de Telefónica de Perú, el exmonopolio de ese país que copa el mercado con más de 1,6 millones de líneas fijas y 700.000 clientes de telefonía celular.

La Telefónica española también participa con un 44% en la Compañía de Telecomunicaciones de Chile (conocida como Telefónica CTC Chile). El antiguo monopolio estatal chileno posee alrededor del 90% de las líneas telefónicas del país y más del 30% del mercado de larga distancia.


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