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Las ventas de vídeos digitales, mal en EEUU y peor en Europa

Como ocurre con no pocas tecnologías innovadoras y dispositivos de última generación, su arranque resulta ser siempre bastante más lento de lo esperado. A estas alturas ya deberíamos tener tos un móvil UMTS que además incorporase una cámara digital, una PDA con acceso a Internet vía Bluetooth y un vídeo digital con disco duro para controlar la programación. Pero no es así.

El crecimiento de las ventas de grabadores digitales de vídeo —DVR (Digital Video Recorder) o PVR (Personal Video Recorder)— está resultando mucho más lento de lo pronosticado hace unos años, según el estudio publicado por Screen Digest. Actualmente hay en Estados Unidos unos 2,3 millones de DVRs de fabricantes como TiVo o Sonicblue, cifra que aumentará hasta los 15,3 millones en 2006, el 14% de los hogares de EEUU. Aunque la cifra no es despreciable, no se acerca a las predicciones realizadas a finales de los 90, donde se auguraba que entre 20 y 50 millones de hogares contarían con vídeo digital en 2005.

En Europa, siempre según Screen Digest, la cosa va bastante peor. De los actuales 306.000 aparatos se pasará a cerca de cinco millones en 2005, con lo que alcanzarán en ese año un escaso 3% de los hogares europeos.

Forrester Research es bastante más optimista en sus estimaciones: de los 3 millones de DVRs presentes en las casas estadounidenses a finales de este año, se pasará a 46,2 millones en 2007. \”Esperar para ver un programa hasta que una cadena quiera que lo veas se da de bofetadas con el comportamiento actual del consumidor… Estás ocupado, llegas a casa y quieres ver Friends a las 20:15, ¿por qué no es posible?\”, comenta el analista de Forrester Josh Bernoff.

Los DVRs, siglas todavía que suenan a chino en España, son una pequeña computadora con apariencia de descodificador. Permiten a su propietario almacenar en el disco duro la programación según la está viendo, con lo que pueden parar un programa en directo. Mediante una conexión a Internet se enlaza con la parrilla del proveedor del equipo, donde el usuario puede programar lo que quiere ver toda la semana.

Su lenta adopción se debe a varios factores tras los que están fabricantes, cadenas de televisión, anunciantes y operadores de cable y TV, a lo que habría que añadir su elevado precio: desde 400 dólares más una cuota mensual variable dependiendo de la programación contratada.

Además, la industria del cine ha mostrado su preocupación por la pérdida de control sobre sus obras que supone la posesión de los vídeos digitales. El usuario, no sólo puede grabar y compartir fácilmente la programación, sino que puede utilizar su equipo para saltarse la publicidad.


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