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Los compradores online, tiernos corderitos en manos de los comerciantes

La mayoría de los compradores online no saben que, en ocasiones, los vendedores cobran distintos precios a distintos clientes por los mismos productos, según un estudio de la Annenberg Public Policy Center of the University of Pennsylvania (EEUU). El informe señala que casi dos tercios de los adultos compradores en la Red encuestados afirma que esto es incorrecto e ilegal… Pero qué más da, porque ¿quién se puede enterar de todos los detalles de todas las operaciones que se realizan en Internet?

La Red permite a los compradores más cuidadosos comparar convenientemente precios y características a través de millares de tiendas. Pero también ofrece a los negocios la posibilidad de elaborar detallados expedientes sobre el comportamiento de un cliente determinado, sus preferencias o los precios que está dispuesto a pagar. Al fin y al cabo, cambiar los precios es legal, a menos que se discrimine a alguien por razón de género o raza o se viole la legislación que protege la competencia.

Las tiendas intentan conservar como sea a los clientes fieles, ya que generan las ventas más altas, mientras que desaniman a los compradores esporádicos o a los que entran en muchos sitios para saber si un producto cuesta lo mismo en todos, porque les salen menos rentables. De hecho, la industria les tacha de clientes inferiores, dado que no guardan fidelidad a marca o comerciante alguno.

Así, los compradores nuevos de un minorista se pueden encontrar con precios más elevados que los que repiten, mientras que los tenderos podrían no ofrecer descuentos a los consumidores que adquieren casi siempre las mismas marcas incluso sin mirar si existen alternativas en el mismo lugar.

El estudio urge al gobierno a que adopte medidas para que los comerciantes divulguen exactamente qué información recogen sobre los usuarios y cómo utilizan esos datos, y anima a los colegios para que enseñen a los estudiantes a protegerse mejor como consumidores.

Hay, por ejemplo, webs dedicadas a la fotografía que solicitan distintas cantidades para las mismas cámaras digitales y equipos accesorios, dependiendo de si los compradores han visitado previamente comparadores de precios. O supermercados que ofrecen cada vez más descuentos personalizados y cupones de ahorro según la conducta de una persona en sus compras.

En septiembre de 2000, Amazon fue sorprendida haciendo este tipo de prácticas; un comprador suprimió las etiquetas electrónicas que en su PC le identificaban como usuario habitual, y vio que el precio de un DVD pasaba de 26,24 dólares a 22,74. La empresa dijo que era el resultado de un test de precios al azar y bla bla bla.


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