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Los dos principales ex directivos de WorldCom se niegan a declarar

Los dos ex ejecutivos de WorldCom a los que todos los ojos miran como máximos responsables del agujero de 4.000 millones de dólares descubierto por una auditoría interna el mes pasado, se han negado a dar ninguna explicación ante el Comité del Congreso encargado de la investigación.

Bernard J. Ebbers, ex CEO de WorldCom hasta que dejó la compañía en abril acosado por sus enormes deudas y la constante caída de su valor en bolsa, aseguró que él no ha hecho nada malo, pero se acogió al derecho a no autoinculparse recogido en Quinta Enmienda y se negó a dar ninguna respuesta. También Scott D. Sullivan, responsable financiero despedido tras destaparse el escándalo, permaneció en silencio durante la audiencia. Sullivan, aparentemente, intentó poner trabas a la revisión de la contabilidad de la compañía después que una auditora le contase las anomalías que había localizado.

Ebbers realizó una declaración no esperada al comienzo de la vista —\”Creo que nadie concluirá que estuve involucrado en ninguna conducta criminal o fraudulenta durante mi cargo en WorldCom. Estoy orgulloso del trabajo que hice allí\”—, tras lo cual tanto él como su brazo derecho en WorldCom (Sullivan ) permanecieron en silencio, negándose a contestar a cada pregunta del Comité, que no cejó en su labor a pesar de no obtener ninguna respuesta. Algunos miembros del Comité solicitaron prisión para los responsables de las irregularidades contables de la segunda mayor telefónica de larga distancia de EEUU.

Otros testigos llamados a declarar, incluidos el actual presidente, el CFO, un auditor de Arthur Andersen y un analista de Wall Street arrojaron poca luz sobre el fraude contable. Nadie sabía nada de lo que estaba ocurriendo hasta que Cynthia Cooper investigó las cuentas de la compañía y desveló que WorldCom había hinchado sus beneficios de los últimos 15 meses en 3.800 millones de dólares.

Pero el Comité sí consiguió poner en entredicho las relaciones entre las compañías, los bancos de inversión y los auditores, que desde el escándalo de Enron han llevado al Congreso a promover reformas para el control de su actuación. Jack Grubman, de Salomon Smith Barney, dijo que no tenía ningún problema en mantener una estrecha relación con Ebbers a la vez que ofrecía consejos de inversión sobre su compañía, mientras que Melvin Dick, ex Arthur Andersen que aprobó la contabilidad de WorldCom, aseguró que las auditoras dependen de los números proporcionados por la empresa. Todo eso llevó al congresista Barney Frank a afirmar al abandonar la sala de audiencias: \”El tema está claro; las personas que son responsables de vigilarse unas a otras están, de hecho, colaborando unas con otras\”.

Mientras los ex ejecutivos de WorldCom luchan por eludir la cárcel, el nuevo CEO, John Sidgmore, pelea por mantener a flote la compañía, buscando créditos debajo de las piedras sin descartar la bancarrota para protegerse de sus muchos acreedores.


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