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Merrill Lynch purga con 100 millones el engaño a los inversores

El mayor intermediario financiero de Estados Unidos ha aceptado pagar una fuerte multa a las autoridades reguladoras, así como introducir cambios estructurales en la forma en que cobran y operan sus analistas, para zanjar la investigación sobre el engaño a sus inversores. Sin embargo, Merrill Lynch se libra de las imputaciones criminales e incluso consigue que a sus analistas se les siga permitiendo acompañar a los banqueros cuando vayan a hacer propuestas de inversión a sus clientes. El coste real del castigo, según The Economist, será la puesta en tela de juicio no ya del trabajo de Merrill, sino de la toda profesión de analista.

Merrill Lynch pagará 100 millones de dólares (48 al Estado de Nueva York y 52 a otros Estados) en respuesta a la acusación de que sus analistas embaucaron repetidamente a los inversores con sus informes, incitándoles a invertir en valores que despreciaban en privado.

Después de una querella presentada por el Fiscal General de NY, Eliot Spitzer, basada en miles de documentos y emails que demostraban la contradicción absoluta entre las recomendaciones públicas de los analistas y sus opiniones personales —famosa es la frase de Henry Blodget, conocido por prender la mecha al cohete de Amazon o eBay, en la que calificaba a 24/7 de \”pedazo de mierda\” —, un juez de Nueva York ordenó al banco de inversión reformar su división de análisis de renta variable. La orden judicial exigía revelar a los inversores las relaciones del banco con sus clientes y proporcionar mayor contexto sobre las calificaciones (ratings) de las acciones.

Aunque el castigo económico que llega con el acuerdo no es despreciable, en Merrill deben respirar aliviados al evitar admitir su culpa o responsabilidad (simplemente publicará una nota de arrepentimiento) y eludir las acusaciones de fraude a los inversores. Sin embargo, el acuerdo no acaba con los problemas de Merrill. Los \’timados\’ por el broker podrán por su cuenta exigir daños por el dinero perdido gracias a la desinformación recibida. Brad Hintz, analista de la empresa rival Sanford Bernstein, estima que Merril podría afrontar indemnizaciones que alcancen los 5.000 millones de dólares, que representan el declive en el mercado de las acciones que el banco vendía a la vez que despreciaba. Sin embargo, la \’acción civil\’ de los inversores contra el banco queda bloqueda sin que exista admisión de responsabilidad ni imputación criminal.

El problema que subyace en este caso, que salpica a toda la profesión, es cómo separar a los analistas de los que trabajan en banca de inversión, es decir, los que aconsejan sobre las fusiones y adquisiciones, ampliaciones de capital, emisiones de bonos, etc. Los bancos se llevan un buen dinero por estas operaciones, y Merrill Lynch, por ejemplo, puede gestionar una operación de ampliación de una compañía mientras que uno de sus analistas recomienda sobre los títulos de esa misma empresa

Por eso, la objetividad de la opinión del analista es mucho más que cuestionable. Realizar informes favorables de una compañía les reporta beneficios económicos: sus salarios dependen de las comisiones de compra del banco de inversión y, además, las empresas que realizan ampliaciones de capital, emiten bonos o salen a bolsa, dependen del banco y de los estudios de sus analistas —cuanto más positivos son los estudios, más posibilidades tiene el banco de colocar la emisión y mayores serán sus ingresos— a la hora de vender sus títulos al público.

Tras el acuerdo, los analistas no recibirán tajada de los ingresos de los bancos de inversión, un punto importante del \”conflicto de intereses\”. Pero sí que se les permitirá tomar parte, como asesores, en propuestas a los clientes de los bancos, algo que no casa muy bien con la independencia que se pretende que exista entre ambas figuras, por mucho que se suponga que el analista es el que teóricamente más sabe sobre la compañía (justificación de su participación en dichas propuestas).

Spitzer lamentó que Merrill evitase la asunción de responsabilidad, aunque quedó satisfecho con el acuerdo porque supone \”un cambio en el modo en que opera Wall Street, al desvincular las retribuciones en las divisiones de análisis y bancaria que han empañado los consejos inversores\”. Merrill Lynch deberá separar con garantías la evaluación y compensaciones de sus analistas del resultado que su trabajo tenga sobre la vertiente bancaria del negocio y enfatizará el beneficio de su actividad sobre los inversores, explica El País.

A partir de ahora, un comité revisará la objetividad, integridad y rigor del análisis de los valores. Como afirma Newsbytes, la era del analista superstar, capaz por sí solo de mover los índices bursátiles, ha terminado.

Más información en Financial Times

  • NY fines Merrill for conflicts of interest
  • Merrill Lynch reaches deal with Spitzer
  • Merrill is left with some room to manoeuvre


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