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Mi nombre es Kunta Kinte

La palabra \’esclavitud\’ recuerda escenas como la de ese robusto negro atado a un árbol en Raíces, al que obligaban a latigazos a adoptar su nuevo nombre. \”¿Cómo te llamas?\”, inquiría el malvado blanco; Kunta Kinte, decía el negro. \”¡No, tu nombre es Toby!\”… y ¡ZAS!, un látigo dibujaba rayas rojas sobre su espalda.

La situación, a Dios gracias, ha cambiado bastante. Ese africano obligado a trabajar no quería conservar sólo su nombre, sino su libertad, como parte esencial de su condición de ser humano. Cuando ahora se habla de esclavitud y de trabajo, se habla de respetar unos derechos que se daban por ganados tras más de un siglo de lucha: horarios razonables, condiciones aceptables, remuneración adecuada, vacaciones suficientes, etc.

La Era Digital ha creado, entre otras muchas cosas, un nuevo tipo de trabajador (o de esclavo, el \’netslave\’); un ser estresado pegado a una máquina, que se alimenta de pizzas y al que se exige un ritmo de trabajo que acaba con su vida; o por lo menos con su calidad de vida.

Una de los debates del 2º Congreso Nacional de Periodismo Digital, celebrado en Huesca los días 1 y 2 de febrero, pretendía dar cuenta de los cambios que el trabajo para la Red está provocando en las redacciones y los periodistas freelance. Bajo el título Periodismo en la red: Entre el teletrabajo y la esclavitud digital, varios profesionales de la tecla dibujaron un panorama cuando menos preocupante.

Nadie pretende comparar al periodista digital con el minero de la Revolución Industrial, ni siquiera con el Chaplin de Tiempos Modernos. Lo que manifiestan no pocas voces que se alzan contra el arquetipo del plumilla digital es que se ha sufrido un notable retroceso en las condiciones laborales: tanto su salud mental como la calidad de su producto están seriamente amenazados.

Por un lado, la velocidad de Internet -unida a la feroz competencia- requiere la constante renovación de contenidos, lo que está obligando a un ritmo de producción a veces insostenible; por otro, se está creando un nuevo tipo de \’periodista\’ cuyas tareas se definen como empaquetar, agregar, sindicar… Un periodista que sólo utiliza las teclas Ctrl+C y Ctrl+V (copiar y pegar) al que el cerebro se le seca un poco más cada día.

Teletrabajo (soñando con Temptation Island)

Thomas Watson, por entonces presidente de IBM, vaticinó en los años 40 que el mercado mundial de computadoras se compondría de 5 unidades. Watson no acertó por bastante: el hombre occidental vive rodeado de ordenadores, móviles, impresoras, portátiles, PDAs y demás gadgets.

En ese panorama digital, Chema Lapuente, freelance al que se puede leer con regularidad en el [email protected], contó al público su experiencia como teletrabajador. \”La tecnología está cambiando nuestra forma de trabajar y también la estructura de las editoriales; las redacciones se vacían de trabajadores fijos y muchos reportajes se encargan a periodistas externos… la figura del teletrabajador está creciendo\”, afirma Chema.

Trabajar desde casa, como todo en esta vida, tiene sus ventajas e inconvenientes. \”Si estás soltero\”, dice Chema, \”tu madre te pierde los papeles; y si estás casado, tu hijo se los come\”. Esa broma sirve al periodista para certificar que la mayoría de los hogares no suelen ser el entorno más adecuado para trabajar con tranquilidad. \”Otro inconveniente del freelance es que hay que comprar tecnología por todas partes: un ordenador completo (con módem, Internet, impresora, etc.) el teléfono, el fax… y si eres un monstruo te compras un escáner y una grabadora de CDs y además del artículo buscas las fotos por Internet y les entregas el CD con todo hecho para que se pongan contentos. Todo esto requiere una inversión y reinversión constante, porque el ordenador de hoy no vale para mañana\”, afirma.

Y más inconvenientes: aguantar a hacienda. La presión fiscal del trabajador autónomo en España es brutal: IAE, Seguridad Social (32.000 pesetas al mes), asesor fiscal… \”el Estado se lleva como el 50% de nuestros ingresos\”, se lamenta Chema. Además, el gasto de teléfono fijo y móvil es enorme, \”como el de un adolescente en celo que tiene novio\”.

El precio que se paga por las colaboraciones tampoco ayuda mucho. \”En los años 80 cayó estrepitosamente por una serie de crisis, en los 90 se ha estancado… y la verdad es que se hace difícil subsistir\”, afirma. Otro problema es que no hay horario de trabajo: \”si hay poco trabajo estás jodido pensando en que tienes que trabajar, y si hay mucho trabajas mañana, tarde, noche, fines de semana… cuando te pones malo no cobras, si te vas de vacaciones, menos\”.

En este panorama desolador se esperaban con impaciencia las ventajas. Chema dice que también tiene muchas, pero las resume en dos. No hay horario fijo, cada uno se lo monta como puede y eso también puede estar de nuestro lado: \”Si bajas a comer y resulta que está a tu lado Claudia Schiffer y, sorprendentemente, ligas, puedes pasar una tarde loca sin que nadie te eche de menos; si trabajas en una redacción no podrías explicar razonablemente tu ausencia\”.

\”Otra ventaja importante es que no tenemos un jefe.. aunque la verdad es que tenemos muchos; pero si no te gusta uno, pues no le escribes [los trabajos encargados] y ya está\”. En una redacción, dice Chema, no es nada fácil deshacerse del jefe tocapelotas que aparece por la espalda cuando menos te lo esperas.

Al espectador neutral las posibilidades de ligar con Claudia Schiffer como gran ventaja del teletrabajo, no le resultaron del todo convincentes.

El club de la lucha

El otro free lance invitado a la mesa, Javier Candeira, colaborador habitual de Barrapunto y de Baquía.com, no pudo asistir a la cita. En su lugar estuvo Tyler Durden, el protagonista de El club de la lucha al que Candeira envía a veces a firmar sus contratos. \”Porque Candeira es un \’pichatriste\’ que suele firmar cada contrato que le presentan, y suele estampar su rúbrica en contratos con periódicos que no tienen ni edición online ni nada que se le parezca donde cede todos los derechos a perpetuidad y en exclusiva de todas las palabras del artículo, incluyendo su uso en otras publicaciones\”, dice Durden.


Javier \”Tyler Durden\” Candeira

Pero cuando Durden, el alter ego del freelance Candeira, va a negociar, las cosas cambian. En el mismo artículo para una publicación online, Durden defiende ante el editor lo que es suyo: \”Javier Candeira te va a dar los derechos a perpetuidad no exclusivos, porque una página web se tiene que poner y no caerse nunca, pero tienes esos derechos en exclusiva durante sólo tres meses… los derechos de recopilación en CD ROM, del parque temático basado en el artículo o del concurso de televisión, son de Javier Candeira\”. Lo que se compra, dice Durden, son los derechos de uso.

Es la doble personalidad del freelance, que por un lado quiere trabajar y hace lo que sea para conseguirlo y, por otro, quiere que sus derechos sean respetados y, sobre todo, quiere ser el principal beneficiario de su trabajo. No está en la misma situación que el trabajador de una redacción, que utiliza los medios del periódico… \”se alquila como esclavo durante ocho horas\” y efectivamente todos los derechos sobre su trabajo son del periódico. \”Los freelance nos compramos nuestro propio equipo, financiamos nuestra propia investigación… y cuando hago un artículo no me pagan ni de lejos todo el trabajo que lleva llegar hasta ese artículo\”.

En esta época digital, según Candeira-Durden, \”los freelance tenemos muchas formas de hacer valer nuestro trabajo\”. La clave está en el prestigio: \”los autores que no somos Umbral, gracias a las nuevas tecnologías tenemos un canal de difusión… cada uno tiene su pequeño nicho, nuestra propia caja de madera en la esquina del parque desde la que gritar \’yo también soy escritor\’\”.

Cuando publica en un medio digital, para el freelance al final es más provechoso decir \”copia lo que quieras\”. \”Sólo te pido dos cosas\”, dice Durden, \”que no me quites la autoría, que es lo único que tengo; y que tengas la decencia de citar a la gente que tuvo el detalle de pagarme por el artículo\”.

La relación entre el autor y el medio donde publica debe ser de igual a igual: \”mi firma da prestigio a la publicación, igual que a mí me da prestigio escribir en determinados medios; los dos contribuimos a producir un valor para el otro\”.

\”Lo que tiene que hacer el freelance es educar a los medios, porque los medios nos necesitan\”, concluyó Candeira.

El hombre orquesta

\”La palabra periodista y la palabra esclavitud están bastante relacionadas; somos esclavos de nuestro trabajo con Internet y sin Internet, con máquinas y sin máquinas… somos esclavos de la información, de las horas a las que se producen esas informaciones, no hay días de fiestas, no hay horarios, no hay noches; somos esclavos\”, así de contundente comenzó su charla José Manuel Nieves, Jefe de Redacción de ABC.

Lo que pasa es que con la llegada de la tecnología han aparecido nuevos tipos de esclavitud. Ha nacido el esclavo tecnológico. La preocupación del periodista de antaño era únicamente llegar a la redacción con su noticia, escribirla y entregarla al taller. Con la llegada de la tecnología -mucho antes de Internet- al periodista le empiezan a caer nuevas tareas que en principio son ajenas a su oficio (todo lo relacionado con la maquetación de la noticia, por ejemplo). Todo ese tiempo dedicado a \’caspas varias\’ no se utiliza para buscar o contrastar información.

\”La tecnología avanza una barbaridad, y en lo que se traduce es que cada vez menos gente hace mayor cantidad de trabajo\”. Pero, se pregunta José Manuel, \”¿qué es lo que van a producir? ¿qué calidad de información? ¿hasta qué nivel se va a profundizar? Y es que, afirma, cada vez menos gente sale a la calle porque cada vez hay más cosas que hacer, cosas que poco o nada tienen que ver con el oficio de contador de historias.

Pues todo ese deterioro que la tecnología ha traído al día a día del trabajo del periodista se incrementa con la llegada de otro medio, Internet, \”que añade muchísimas más vueltas a esta esclavitud tecnológica a la que estamos sometidos\”, afirma el periodista de ABC.

Hacia lo que vamos es a una nueva división de clases dentro del periodismo. \”Tiene que haber y tiene que seguir habiendo gente cuya única misión en un periódico sea elaborar información, aunque no sepa utilizar un ordenador; y tiene que haber otro tipo de gente que sea capaz de utilizar esa información en los distintos medios de la empresa para la que trabaja\”, dice José Manuel. Y pone como ejemplo a su periódico: \”ABC ahora mismo es una locura: hace diez años teníamos un periódico; ahora tenemos un periódico, no sé cuántas revistas, una edición en Internet, cinco portales en la Red, dos canales de televisión y una emisora de radio\”. Sobran los comentarios.

Sólo el periodista multimedia, una especie de hombre orquesta que toca todos los instrumentos pero ninguno bien, puede manejar esta situación, en la que \”una cosa tan fundamental como la reflexión sobre las informaciones que publicas no es posible\”.

Al intentar abarcar todo, los medios se ven obligados a contratar a terceros el desarrollo de los contenidos especializados en cada tema. El periodista al final se convierte en un empresario que se dedica a negociar. \”¿En qué nos estamos convirtiendo?\”, pregunta José Manuel al auditorio (que guarda un respetuoso y preocupado silencio).

Esto es lo que hay

Si a Javier García Vila, director de Europa Press Internet, le hubiesen pagado por recibir tomatazos, no hubiese hecho mejor su trabajo. Él, inocentemente, no quiso sino certificar notarialmente la situación actual -que en sus palabras sonó aterradora- del periodista en general y del periodista digital en particular. Horarios interminables y becas poco o mal remuneradas, \”es lo que hay\”, y \”quien no lo quiera que se busque otro oficio\”.

Se puede estar de acuerdo en que el panorama del licenciado en Ciencias de la Información no es un camino de rosas. Lo que el público no le perdonó es la resignación ante una realidad dramática.

Javier trató de ofrecer un mensaje optimista para contrarrestar las diatribas que le precedieron. No cree en absoluto que existan esclavos, al menos en su redacción. \”El periodismo es un trabajo absolutamente vocacional; el que no esté dispuesto a quedarse al cierre, o a levantarse a las tres de la mañana para cubrir un atentado o a llegar a las ocho de la mañana a la redacción, que se haga funcionario o médico… Ser periodista es eso y a mi no me parece que eso sea una esclavitud\”.

\”Lo que sí es verdad\”, continuó dando ánimos el director de EP Internet, \”es que Internet está creando un nuevo periodista, una especie de gestor, de comercializador de contenidos\”. En Internet sobrevivirá otro tipo de periodista, ni mejor ni peor, simplemente distinto. Gran parte de las informaciones que se generan para Internet son \”meras bases de datos\” que requieren un tipo de periodista cuya función es meter datos. \”Todos esos contenidos que por estar en Internet tienes que poner o te quedas fuera de juego [el horóscopo fue un ejemplo muy manido], y cuya realización no requiere una gran labor periodística, ni un gran esfuerzo intelectual ni imaginativo, son un trabajo ingrato que hay que hacer\”. Y es mejor que lo hagan periodistas, afirmó, que chicos de una empresa de trabajo temporal, porque \”ahí se ven las personas con ganas de trabajar, las que te van a aportar algo\”.

Internet se está convirtiendo en una primera vía de entrada a la profesión, y en vez de criticarla y decir lo mal que tratan las empresas a los trabajadores -\”la relación laboral es tensa siempre, siempre lo ha sido y siempre lo será\”-, hay que \”intentar leer el mensaje en positivo\”. Ese mensaje positivo va destinado a la nueva carne de cañón: \”Un chico de 23 años tiene que entrar en un trabajo, empezar a formarse, demostrar que sirve, demostrar que está dispuesto a trabajar y hacer las cosas bien, que no le tiene miedo a las horas, que no le tiene miedo a ser un todo terreno\”. ¿Alguien habló de esclavitud? \”Si alguien sale de la facultad con la idea de trabajar de ocho a tres de la tarde por 200.000 pesetas, evidentemente no va a encontrar trabajo. Eso es así, y las relaciones laborales son así, nos guste o no nos guste\”.

El mensaje optimista de Javier consiguió ensombrecer el rostro más de un recién licenciado que escuchó atónito lo que se le vienen encima. El resto rió, por no llorar.

Quien siembra vientos recoge tempestades

No hubo conclusiones tajantes ni afirmaciones que cayesen sobre la sala como sentencias definitivas. El público abandonó el auditorio con la incertidumbre planeando sobre sus cabezas… ¿Se puede ir a peor? ¿Estamos cerca del fin de los tiempos?

Internet abre posibilidades casi infinitas (cuando menos es un mundo por descubrir) al periodista. Y lo que sí quedó flotando en el ambiente tras las palabras de ponentes y público es que el camino emprendido no llega a ninguna parte: ni las jornadas maratonianas, ni los sueldos miserables, ni socavar a diario la ilusión y la calidad de vida en el trabajo pueden conducir a nada bueno para el periodismo digital. Se conseguirá producir más, nunca mejor.

La esclavitud en aras de rentabilizar a corto plazo la producción de contenidos conseguirá producir basura con una eficacia envidiable. Pero el empresario -gestor, director, analista, etc.- al final se dará cuenta que su basura no se la comerá nadie, y más le hubiese valido invertir en calidad: pagar bien a sus trabajadores y dejar que empleen el tiempo necesario para producir oro, porque la gente está dispuesta a pagar lo que haga falta para comprar oro.

Cuando sienta el látigo por la espalda al grito de \”¡vamos Toby, produce!\”, el periodista debe decir: \”me llamo Kunta Kinte, y soy un artista que está trabajando en su obra\”. Porque la esclavitud acabó, ¿no?


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