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Microsoft a por todas: pay-as-you-go

Hace unos años discutía con unos jóvenes amigos lo que consideraba una realidad previsible y ellos una amenaza contra su libertad… de piratear. Afirmaba que nadie se salvaría de pagar por el uso del software en unos años, o sólo un reducido porcentaje de gentes que no serían relevantes para las cuentas de resultados de las grandes compañías del software. Harían falta sesudos estudios que nos expliquen por qué para una parte de la sociedad, el estado del bienestar se ha convertido en el derecho a obtener determinados bienes o servicios de forma completamente gratuita.

Además, un modelo en el que sólo paga una pequeña parte de los usuarios no se sostendría: rayaría la paranoia mantener el sistema actual por parte de los fabricantes. Tú pirateas y yo hago la vista gorda. Los clientes que pagan podrían cansarse. O cuando menos, no sería demasiado racional, dado que las tecnologías actuales permiten -o lo harán en breve- controlar qué ejecuta cada cual en su ordenador. Por lo tanto, otro modelo era necesario, y aposté por un sistema de pago por uso.

Los planes de Microsoft

La proposición consistía básicamente en implementar soluciones que permitan cobrar cada vez que se utiliza un determinado programa. Pequeñísimas cantidades que se acumularían en tu factura telefónica, de la luz u otras de los propios productores de software. Cantidades tan pequeñas, (proponía 100 euros al año) que la mayoría no se asustarían de tener que pagarlo. Obviamente este sistema también soporta cualquier tipo de tarifa plana… Que parece que es lo que Microsoft conseguirá poner en marcha, con la ayuda de un buen número de conocidas empresas.

La predicción está tomando forma, según leo en varias fuentes que hacen referencia a un artículo publicado por Geekzone. Microsoft ha estado probando un sistema de pago por uso en Brasil desde hace un año. En la siguiente ronda Microsoft planea extender el sistema a China, Hungría, India, México, Rusia, Eslovenia y Vietnam. Curioso conjunto de países para venderles software ¿no creen?

Si además tenemos en cuenta que el gigante de Redmond cuenta con el apoyo de empresas como HSBC, Infineon, Intel, Lenovo, Phoenix y Transmeta, además de algunas telecos que le están ayudando a comercializar paquetes cerrados, podemos aventurar que la predicción será un hecho en breve. Si juntas a fabricantes de software, micros, bios, financieras y telecos tenemos por delante un futuro completamente previsible: aquí va a pagar por el software hasta el Neng. Además tan felices, con módicas cuotas mensuales, con nuestra conexión ADSL mega-guay.

¿Y el resto qué hace?

Este modelo de comercialización hace aún más necesaria la presencia de otros actores en el mercado. Linux y Apple son imprescidibles. Apple cuenta una solución que despierta la envidia de muchos usuarios, me cuento entre ellos. Pero, ¿qué pasa con Linux? Aún no parece preparado para dar el salto al escritorio.

Soy de los que envidian los Mac, porque en mi ordenador corren Windows y CentOS de la mano, gracias a VMWare. Y me gustaría ver Mac OSX en mi escritorio también. Porque soy de ese tipo de usuarios, un tanto raros: me gusta conocer y probar otras cosas. Necesito Linux. Y necesito Mac. Y necesito Windows. Pero sobre todo quiero tener la capacidad de elegir. Ya me llevé un berrinche cuando Windows desbancó a GEM de mi primer PC a finales de los 80.

Aunque esté escribiendo estas notas en OpenOffice (y esa fue una decisión por bemoles), probablemente dos tercios del tiempo que invierto delante de un ordenador los paso usando Windows. De hecho hasta cuando estoy corriendo Linux, Microsoft está detrás.

Por eso Microsoft ataca con esta medida los países en los que Linux es más susceptible de encontrar un hueco importante. Países con un mayor nivel de piratería y que representarían, por lo tanto, mercados estratégicos para Windows. Y sabe que serán especialmente sensibles al precio. Todo un reto para Microsoft. Si consigue hacer triunfar el pay-as-you-go por esas tierras, los piratas con posibles, como los españoles, deberían ser mucho más fáciles de convencer.

El precio será un factor determinante, aunque no deben engañarse los yihadistas linuxeros: la gente quiere ordenadores que se puedan usar. Y si además de conseguir una solución barata, resulta que lo que ven en la pantalla les resulta conocido (léase Windows), Linux estará inevitablemente muerto. Nunca pasará de los nichos en que se mueve en la actualidad, fundamentalmente en el negocio de servidores.

La falta de una alternativa barata, sólida, pero sobre todo creíble en el mundo de los sistemas operativos, con un mercado de 1.000 millones de PCs en 2010, confirmaría el oligopolio planetario de Microsoft y sus nuevos socios. Incluso con Apple y Linux en la escena, la posición que adquiriría Microsoft sería insuperable. Una batalla en la que los consumidores y usuarios nos jugamos mucho. Una tentación difícil de evitar para cualquier empresa o asociación, de las que suelen tener la sartén por el mango. Y un reto monumental para todos los gobiernos del mundo, si no quieren dejar el proceso de la información en unas pocas manos.

Microsoft necesita una jugada de este tipo para asegurarse la hegemonía en el negocio del software que mantuvo durante los 80 y 90. Los últimos años no han sido los mejores en su historia. La batalla en los tribunales americanos no acabó demasiado mal, pero la que sigue en la Unión Europea no parece que vaya a resolverse deforma positiva. Si a eso le añadimos la guerra semideclarada que mantiene con Google, Oracle e IBM, con Linux permanente incordiando y el modo en que va perdiendo terreno en parcelas estratégicas, como la definición de estándares, alguien debería empezar a preocuparse en Redmond.

¿Saben cuál sería la jugada genial? ¿La que convertiría a Linux en el sistema operativo de los románticos incorregibles? Que Microsoft hiciera Open Source su sistema operativo. Al fin y al cabo la gente no utiliza un sistema operativo: trabajamos con Word y Excel.


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