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Microsoft y el Camino del Monopolio

En los EEUU ser un monopolio nunca ha sido ilegal. A finales del siglo XIX y principios del XX los ‘Robber Barons’ (barones ladrones) del ferrocarril y la siderurgia arrasaron y después absorbieron a la competencia a sangre y fuego, utilizando para ello todo tipo de tácticas, desde las sucias a las extremadamente sucias. Gente como JP Morgan, Andrew Carnegie, John D. Rockefeller o los Vanderbilt (Cornelius y William) amontonaron riquezas nunca vistas y utilizaron sin piedad el poder que éstas les daban para apartar del camino, presionar, comprar o quebrar a sus competidores, con tal prodigalidad que en 1890 los EEUU aprobaron la Ley Sherman antimonopolio. La Ley Sherman, junto con otras y la jurisprudencia de casos como la partición de American Tobacco y de Standard Oil (1911), los juicios contra US Steel (absuelta-1920) e IBM (caso abandonado-1982) o la partición de AT&T (1983) han venido a definir más o menos qué es lo ilegal en el mundo de los gigantes empresariales. Que viene a decir que tener un monopolio en sí mismo no tiene por qué ser malo; lo malo puede ser lo que se haga con él. Si no se porta bien en los diferentes niveles de su \’ecosistema empresarial\’ de compradores, proveedores, distribuidores, intermediarios y demás, sin utilizar su poder en un nivel para aplastar a sus rivales e otro nivel, todo está bien. Microsoft jamás ha aceptado ni ser un monopolio, ni (por tanto), haber abusado de su poder de monopolio. La sentencia del Tribunal de Apelaciones que ha juzgado su caso difiere. La condena (la partición) no es correcta, pero Microsoft ES un monopolio que abusa de su poder; ese poder deberá ser recortado de alguna forma.

Así que el juicio seguirá, mientras el tiempo pasa y Microsoft, según más de un crítico, sigue haciendo de las suyas. Para cuando el remedio (sin duda algún tipo de limitación judicial a las prácticas de la compañía) llegue, tal vez sea irrelevante; la llegada de Windows XP es (aún) más amenazante, en algunos sentidos, para la competencia. Y las maneras de Redmond no parece haber cambiado demasiado. Pero lo harán.

Otra cosa no sería razonable, porque aunque el fallo explícitamente rechaza la partición de la empresa, también pide a gritos que un tribunal ponga límites a las depredaciones de la compañía. Además, la sentencia del tribunal de apelaciones debilita mucho las defensas de Microsoft ante las (múltiples) demandas civiles que tiene planteadas o por plantear; entre estas últimas, la latente de una querella de AOL Time Warner, propietaria del damnificado Netscape. La perspectiva preocupa tanto a Microsoft que la renuncia a la demanda por parte de AOL Time Warner era una de las exigencias para llegar a un acuerdo con ellos en las fallidas negociaciones entre ambas compañías sobre la integración de AOL 6.0 en el disco de lanzamiento de Windows XP. Las demandas civiles por daños en los EEUU pueden quebrar una empresa, con indemnizaciones punitivas que ni siquiera los 30.000 millones de dólares de reservas de Microsoft podrían abonar.

La compañía ahora dice estar dispuesta a negociar; con mejor fe, tal vez, que la vez anterior. No olvidemos que una de las causas de la humanamente comprensible aunque reprobable conducta del juez Jackson fue su exasperación con una compañía que en 1994 llegó a un acuerdo con los tribunales en un caso similar para después seguir como siempre. Otras señales indican que Redmond no es del todo sordo a los usuarios.

En realidad todo lo que tiene que hacer Microsoft es madurar un poco y abrazar el \’Camino del Monopolio\’, como han hecho otras empresas. Se trata de perder la agresividad infantil (y la arrogancia) del \’startup\’ paranoico, uno de los mejores rasgos de una empresa pequeña pero que un gigante empresarial con poder monopolístico tiene que perder. Como el Simurg de la fábula persa, un monopolio puede ser omnipotente tan sólo a condición de que no utilice su poder. Por eso es conocido que por ejemplo Intel, consciente de su poder monopolístico, revisa su intranet para evitar esos correos electrónicos que tanto daño hicieron en el juicio a Microsoft. Por eso los abogados de Intel revisan cuidadosamente los términos de los contratos que firman, al objeto de evitar forzar en exceso a los clientes. Por eso Intel, acusada de abuso de posición dominante en reiteradas ocasiones, no tiene tantos problemas como Microsoft.

Comportamientos que en una empresa pequeña resultan elogiables son abusivos cuando los lleva a cabo una grande. Por eso en boxeo no hay peleas entre pesos mosca y pesos pesados. Es como la madurez: basta con asumir la nueva condición (y sus límites) para que muchos problemas se desvanezcan. Y es que, como en la madurez, cuando se piensa en la alternativa, la razón se impone. Será mejor que las Huestes de Redmond aprendan a autocontenerse, o alguien les contendrá por la vía judicial más tarde o más temprano. El resultado de la apelación tan sólo acelera ese proceso, ya que reconoce en parte la culpabilidad de la compañía. Sería, por tanto, una buena decisión de negocios, seria y razonable, dejar de ser tan competitivos, cosa que las primeras declaraciones de la empresa hacen temer que no sea el camino elegido. A Bill Gates y Steve Ballmer se les ha llamado muchas cosas, pero estúpidos nunca; ojalá su buen juicio nos ahorre a todos un Tercer Juicio.


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