BAQUIA

Mirando hacia adelante sin ira

Linux fue el rey Midas durante un breve periodo. Antes de la explosión de la burbuja, las empresas se apresuraban a añadir un \’.com\’ detrás del nombre y, si podían, a abrazar Linux para garantizarse espectaculares subidas en bolsa. Pero ya hace tiempo que el cohete que se colocaron resultó ser un pesado lastre. Si las tecnológicas en general andan escarbando para encontrar la superficie, los linuxeros se tambalean afectados por la misma crisis y por un modelo de negocio en continua redefinición. Todos se hundieron mucho más rápido que el Nasdaq; igual que subieron.

Red Hat y sus muchachos

El sueño open source tomó forma en una serie de empresas que se animaron a poner el pingüino en el logotipo. La primera generación de aventureros se dividió entre la venta de software (Red Hat, Caldera Systems, Turbolinux y SuSE), de computadoras (VA Linux Systems) o de ayuda y servicios (Linuxcare).

Una segunda oleada apostó por Linux integrado en dispositivos para computadoras (como routers), handhelds o decodificadores (LynuxWorks, Lineo, MontaVista Software y TimeSys); por los servidores de alta gama a prueba de bombas (Steeleye y Mission Critical Linux); las consolas de videojuegos (Indrema) o los propios juegos (Loki Software). Penguin Computing siguió los pasos de VA Linux en la venta de servidores, mientras que Linux Networx y Atipa se especializaron en conectar ordenadores para construir supercomputadoras.

Muchas de ellas (sobre todo las primeras) vivieron su momento de gloria; ahora son barquitos de cascara de nuez en medio de un temporal. Y muchos no llevan ni vela. Han despedido, retrasado la salida a bolsa, cambiado de jefe, de modelo de negocio… Aunque pocos dudan que Linux tienen futuro, las empresas que de él viven están atravesando una fase crítica.

Red Hat ahora vale un 97% menos que su máximo histórico, y no conoce los dígitos dobles desde noviembre. Su estreno en el mercado fue tan espectacular que tuvo que hacer un split (2×1) cinco meses después de salir a bolsa. Con sus títulos rondando los cuatro dólares está lejos del cariño de los inversores, aunque su capitalización bursátil supera cuatro veces la de Caldera y VA Linux juntas.

A diferencia de algunos competidores —VA Linux y Cobalt se centraron en la venta de máquinas y Caldera en el propio kernel—, Red Hat fue de los primeros en darse cuenta de que el verdadero dinero se encontraba alrededor de Linux: sus ingresos no provienen de la distribución del sistema operativo sino de su red de servicios (Red Hat Network), desde la que ofrece apoyo técnico, actualizaciones y parches. Aunque ha intentado investigar otros terrenos, como formar una red de noticias sobre Linux, pronto se ha ido apartando de los aguas poco rentables. Otros como Linuxcare también apuestan por la asistencia como centro de su negocio, pero, distribuyendo un kernel muy fácil de instalar, no han hecho sino ayudar a Red Hat a consolidar su imagen de marca.

Excluyendo gastos extraordinarios, Red Hat consiguió beneficios en el último trimestre, hazaña que no está al alcance de muchos. Sin embargo, gracias a la inacabable ralentización económica que merma el gasto en tecnología de las empresas, los analistas no esperan que sus ingresos aumenten significativamente antes del próximo año. A pesar de que las predicciones a corto plazo no son halagüeñas, el potencial de Linux y el open source alumbran el futuro de la compañía del sombrero rojo, que cuenta con una posición de liderazgo incuestionable. Sólo hace falta un poco de paciencia. Además, en medio de la incertidumbre de los mercados, los valores más sólidos con marca reconocida terminarán ganado el favor de los inversores, una vez concluida la fiebre linuxera de 1999.

VA Linux permanece en el Guiness bursátil: ganó un 698% el primer día y sus títulos llegaron a valer 320 dólares. Ayer se podían adquirir a 1,18$. Para colmo de males, sus operaciones no marchan como debieran; en el último trimestre ha perdido 290 millones de dólares, que le han llevado a \’traicionar\’ al software libre.

Esta empresa, la primera \”solamente Linux\”, creó una herramienta open source (SourceForge) que vendía a las empresas para realizar tareas colaborativas. Mientras, los sitios web que compró con Andover.net aglutinaban a la comunidad Linux (como Slashdot) y servían de base el desarrollo de cientos proyectos de software libre. Su dinero provenía básicamente de las ventas de equipos con Linux, pero se rindió ante Dell y compañía y fue girando su estrategia hacia las aplicaciones y servicios, movimiento al que hay que anotar la mayoría de las pérdidas.

Ahora pretende vender una edición especial de su programa para trabajar en equipo (SourceForge Enterprise Edition) que ya no tendrá el código fuente abierto, dentro de una estrategia que apuesta por mezclar el software libre con el propietario. Esto no es nuevo entre los linuxeros; ArsDigita, entre otros, también dio marcha atrás en su día y comenzó a vender sus desarrollos en paquetes de software propietario.

Caldera, que llegó un poco tarde a la fiesta del Nasdaq, tuvo que conformarse con una subida del 110% en su primer día, alcanzando una capitalización de 1.100 millones de dólares (ahora vale 30 millones, con sus acciones a medio dólar). Hace un par de meses, tras adquirir el software desarrollado por Santa Cruz Operation, decidió cobrar al usuario por cada copia de sus programas (normalmente las empresas que venden Linux OS permiten al cliente instalar una copia en todas las computadoras que quiera), y su CEO anda pensando en la posibilidad de unir Unix y Linux en un futuro no muy lejano. También trata de hacer la competencia a Red Hat tras comprar la empresa de servicios Acrylis.

Los que si llegaron verdaderamente tarde fueron Linuxcare, LinuxWorks, Turbolinux y Lineo, que se echaron para atrás cuando ya estaban en la parrilla de salida del mercado. Turbolinux, que despidió todo lo despedible, cambió de CEO y cada vez pone más énfasis en los productos no Linux (puede que abandone su versión de Linux y adopte la de Red Hat), caminó durante tres meses junto a Linuxcare, pero finalmente no pudieron unir sus destinos. Hubo algunos que encontraron comprador antes de la debacle, como Cobalt Networks y Andover.net, y otros (LinuxOne), que sólo dejaron para la historia unos pocos comunicados de prensa.

La marejada y consolidación entre los linuxeros no es un fenómeno estadounidense.

La alemana SuSE, número dos entre los distribuidores de Linux (su cuota de mercado es del 18,2%, por debajo de la de Red Hat, que controla un 23%), también pasa las de Caín. Hace unos días su presidente abandonó el barco, pero lo hizo un mes después que el CEO de la compañía y que el 10% de la plantilla. Los rumores apuntan a que podría intentar adquirir la francesa MandrakeSoft, aunque ésta se atrevió a saltar al mercado en medio del temporal, y lo hizo con éxito: en su OPV de julio obtuvo 4,3 millones de dólares.

A toda esta banda de opensourcers todavía le queda unas cuantas sacudidas. Algunos analistas piensan que los grandes ganadores de Linux serán a su vez los más grandes: compañías como IBM y HP que han mostrado su cariño por el pingüino. Sin embargo estos gigantes sólo miran hacia arriba de la lista Fortune 500 cuando buscan clientela; los mercados medianos y pequeños los dejarán para Red Hat (que también ha firmado acuerdos con IBM) y sus muchachos.

El asalto definitivo al escritorio

Visto que Microsoft ya tiene una sombra en los sistemas operativos para servidores, queda comprobar si Linux será capaz de alcanzar un día el escritorio, convertirse en una herramienta fácil de usar para el PC de casa. Quizá esa cegación por batir al enemigo impidió al open source alcanzar el terreno donde verdaderamente podría derrotarlo. Sin construir una herramienta para las masas, Linux se quedará en sistema para avezados. El éxito en los servidores es un hecho; es hora de ofrecer al pueblo alternativas a Windows.

Por eso ya están en fase avanzada proyectos de creación de interfaces gráficas, como GNOME y KDE —criticados por los ortodoxos porque desvirtúa y ‘windowsiza’ GNU/Linux—, que intentan convertir al pingüino en animal de escritorio. \”Puedes hacer una instalación completa sin teclear un solo comando Unix, dice el CTO de Ximian Miguel de Icaza, máximo adalid de GNOME. \”Es tan sencillo como Windows, pero el problema es que para la gente es difícil cambiar. Pero en sitios donde están empezando a utilizar computadoras, hay una gran posibilidad de usar Linux\”, añade.

Esa parte \’ultra\’ de la comunidad—uno de los problemas, a veces ventaja, del open source es que hay tantos puntos de vista como personas y cada distribución es de su padre y de su madre— que no quiere hacer concesiones para los newbies, se desayunó recientemente con una desagradable sorpresa. El admirado creador de Linux se apartó del fundamentalismo (en realidad siempre abogó por la popularización del sistema) y manifestó que lo más importante son los progresos en la interfaz de usuario. Linus Torvalds dijo en la LinuxWorld que la estabilidad del kernel, el núcleo del código en el que él se ha dejado media vida, ya ha conseguido aupar a Linux en el mercado de los servidores; mientras que su dificultad de uso y configuración lo mantienen alejado del común de los mortales.

Torvalds piensa que en el último año Linux ha madurado, y echó flores sobre KDE y otras aplicaciones avanzadas como KOffice. Pero mientras el finlandés decía que \”el kernel ya no es importante [es suficientemente bueno]\”, Jeremy Allison, del proyecto open source Samba, cree que es lo fundamental: \”ha sido el motor para llegar a las grandes empresas\”. El desacuerdo sobre qué es lo sustancial no termina ahí: Dirk Hohndel (ex CTO de SuSE y miembro del proyecto Xfree86) cree que lo imperioso es caminar hacia un estándar, mientras Brian Behlendorf (fundador del proyecto Apache) pone el acento en el reconocimiento de Microsoft y Matthew Szulik (CEO Red Hat) apuesta por asaltar las escuelas.

Parece difícil llegar a ningún sitio si no se está de acuerdo ni el camino a tomar ni en el destino final. Lo curioso es que sobre eso tampoco hay una opinión común: Behlendorf piensa que sin coordinación nada se puede hacer; Torvalds se ríe cuando alguien le dice que Linux fue un proyecto coordinado, y se troncha si le cuentan que todo fue gracias a su coordinación. \”Yo soy un desastre, no soy capaz ni de organizar mi propia vida; y aún así, mirad hasta donde hemos llegado\”.

Si los linuxeros consiguen crear la mejor interfaz entre las posibles sólo habrán dado el primer paso para ganar el PC. Después tendrían que lidiar con las licencias a las que están sometidos los fabricantes de computadoras. Para popularizar Linux de verdad se tendría que ofrecer como una opción de arranque doble —junto a Windows—, pero Microsoft podría entonces retirar las licencias de sus sistemas operativos. Para lo bueno o para lo malo, siempre hay que tener en cuanta a Gates y sus amigos.

Pero, ¿alcanzará alguna vez Linux a Windows? Para Tim O\’Reilly, editor de publicaciones de tecnología y patrocinador de la primera conferencia sobre open source, esa es una pregunta equivocada. \”Al menos en los primeros años la cuestión era \’vamos a desplazar a Windows\’. Pero el hecho es que es Microsft el que quiere desplazar a Windows\”, comenta en Wired refiriéndose a la estrategia .NET, la fusión entre el sistema operativo e Internet.

O\’Reilly sugiere que el open source debiera desviar su atención de la conquista del PC y tratar de adelantarse a Microsoft en su estrategia de Internet. Aunque es un plan discutible —se renunciaría al escritorio a cambio de no ir siempre un paso por de detrás de Redmond— ya cuenta con sus devotos. El propio De Icaza ha formado un proyecto para desarrollar una versión open source de .NET.

Gobiernos de software libre

No es ahora el momento de lanzar loas al open source y volver sobre sus grandes ventajas. Pero las etiquetas que lleva adheridas —flexibilidad, fiabilidad, seguridad, adaptación al usuario, etc.— lo convierten en atractivo para mucha gente. Esas características mezcladas con el ahorro de dinero que suponen lo están colocando a las puertas de las administraciones públicas, donde el trabajo es hacer las cosas bien pero mirando la pasta.

La Administración es el mayor comprador de software de los países occidentales. Y es difícil rebatir que si en vez de emplear programas propietarios se arrimaran al open source ahorrarían, de entrada, un montón de dinero en el coste de las licencias. Sólo hay que convencerles de ello, sugiriendo, por ejemplo, que esos dólares ahorrados sirven para personalizar los sistemas e invertir en soporte técnico; y después mostrándoles que sus programas son menos flexibles, generan costes de actualización, son inseguros y provocan dependencia del proveedor.

Pero para que se produzca ese cambio hay que saltar un muro: el software propietario ya lo tienen instalado en sus máquinas, a veces hasta adaptado, los funcionarios lo conocen… y esa transformación de mentalidad y equipos también supone dinero. Y tiempo.

Pensando a largo plazo el open source se tiene que abrir paso, y ya se alzan voces de individuos, empresas y organizaciones, que exigen que los gobiernos \’sean libres\’. La revista española Kriptópolis lanzó la Primera Campaña por la Implantación del Software Libre en la Administración, y el Ministerio de Administraciones Públicas (MAP) no se tapó los oídos y de la mano de Ándago y su Proyecto Virtual Map camina hacia el software libre.

España no es ni mucho menos una isla de software libre. Una reciente oleada de leyes apremian a adoptar el open source en empresas o agencias gubernamentales. Brasil puede autoproclamarse pionero en la materia, pero el movimiento se extiende por toda América Latina, Europa y Asia a medida que los gobiernos tratan de cerrar la brecha digital con ajustados presupuestos. En Europa, las administraciones se gastaron 7.800 millones de dólares en software; en el mismo año Brasil desembolsó 200 millones. ¿Invierte 40 veces menos en programas o los compra más baratos?

Otra razón —además de las arriba mencionadas— es la oportunidad de abrir el cerrojo estadounidense en el mundo del software (EEUU se mantiene como excepción a estas iniciativas). Quizá por eso, entre otras lindezas, desde Microsoft se ha calificado al open source de antiamericano. \”No sólo están preocupados por la dependencia de Estados Unidos, sino por tener a un solo vendedor con demasiado poder sobre las operaciones gubernamentales\”, afirma el analista de ICD Dan Kusnetzky.

Así, además de España —el Parlamento canario también aprobó recientemente una proposición no de ley (en PDF) para la \”difusión del uso de sistemas operativos de código libre\”— son muchos los países que han decidido legislar para adoptar el open source. En Italia, Francia, Alemania, Argentina, la propia Unión Europea, China, Corea del Sur y otros tantos, hay iniciativas en diversas fases. El programa IDA (Intercambio de Datos entre las Administraciones) de la UE ha publicado un detallado informe sobre la utilización del software libre en el sector público.

El futuro empresarial de Linux

El simpático pingüino se está quedando pequeño para Linux. El LinuxWorld ha demostrado que Tux ya no es la mascota de un grupo de geeks; que detrás hay gente con traje y corbata hablando de marketing y de las importantísimas aplicaciones de Linux para el mundo empresarial. El pingüino debe crecer para adaptarse a un sistema operativo que ya sólo saben manejar cuatro hackers, sino que se mueve con autoridad en el mundo de los negocios.

Muchos de los grandes fabricantes ya han demostrado su devoción por Linux, dedicando importantes recursos a comercializar Linux como sistema operativo fiable para uso empresarial. Ahora, los departamentos de tecnología deberían empezar a moverse para adquirir experiencia con Linux como alternativa potencial a las ofertas de Microsoft y Unix.

Actualmente, sólo una pequeña parte del mundo empresarial utiliza versiones de sistemas operativos open source, normalmente para pequeños servidores web o de correo (en servidores \”normales\” y PCs su utilización no llega al 2%, según Forrester), aunque también es popular en el mundo científico y técnico. Pero las inversiones de gigantes como IBM o HP para crear versiones más robustas de Linux aplicables a cualquier desarrollo, unido a los precios de las licencias de los sistemas Windows, están conduciendo a los clientes a buscar alternativas. Si el atractivo de Linux por su naturaleza open source puede ser irrelevante para una compañía, desde luego no lo es si la versión que les interesa cuenta con el soporte técnico de IBM.

La maza del juez que dictamine el lugar de Linux en empresas y computadoras caseras todavía no ha golpeado la mesa. Entre los expertos de la industria, consultados por ZDNet, tampoco hay unanimidad en el veredicto. Si George Weiss, Analista de Gartner, piensa que \”Linux amenazará pero no reemplazará Windows o Unix como sistema operativo de las empresas en todo tipo de servidores en 2005\”; Bill Claybrook, director de desarrollo de Aberdeen, cree que en breve plazo \”los pasara por la izquierda\”.

Pase lo que pase, Linux esta ahí, y eso es una buena noticia.

\”El día en que todas las estrellas del cielo se alinearon\”. Esta forma de referirse a Linux del presidente de Red Hat, Bob Young, demuestra el significado del open source para los miembros de su comunidad. A partir de entonces tuvieron la oportunidad de ser los dueños del destino de sus amadas máquinas. Cuando ese sueño se convirtió en realidad chocó con los problemas de cada día: el dinero, los intereses cruzados, los modelos de negocio, la competencia, el mercado… Pero después de diez años ha llegado muy lejos, y nadie puede poner un horizonte a su destino.

Temas relacionados:
  • The time of the penguin
  • Making Linux usable tops Torvalds
  • Red Hat CEO pushes Linux in schools
  • The lessons of Linux
  • Linux debate focuses on future
  • A Second Look at Linux

  • Compartir en :


    Noticias relacionadas

    Recomendamos




    Comentarios