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Móvilpago, alternativa para desconfiados

La expansión de los negocios a través de Internet sigue encontrando varios obstáculos, y el recelo de los consumidores no es el menor de ellos. A pesar de que las empresas cada vez cuentan con más medidas de seguridad para garantizar la confidencialidad de los datos personales que se introducen en la Red, la gente sigue desconfiando.

Es algo absurdo: esas mismas personas no dudan en dar su tarjeta de crédito al camarero de un restaurante, por ejemplo. Y eso a pesar de que la experiencia demuestra que, en muchas ocasiones, hay más peligro de violación de la intimidad o del bolsillo en las tiendas tradicionales que en los cibercomercios.

Ante esta situación, las empresas están apostando de forma creciente por los sistemas de móvilpago. De hecho, el terreno ya está abonado. Utilizar el teléfono móvil como un terminal de pago no requiere esperar a que se implante la tercera generación UMTS, ni siquiera tener un terminal WAP que permita conectarse a la Red. Hoy contamos ya con sistemas tecnológicos que ofrecen la posibilidad de usar el estándar GSM para engancharse a un servicio remoto gestionado por alguna compañía. A este servicio se le proporciona la cifra que se va a pagar, operación que se verifica empleando un número secreto. En realidad, se trata de un método muy simple. Además de la seguridad que garantiza el identificador personal, todas las partes que participan en la transacción están obligadas a confirmar y dar su consentimiento a la operación.

En España ya hay varias compañías que ofrecen a sus clientes servicios de móvilpago, con los bancos y las compañías de telefonía móvil a la cabeza del mercado. MóvilPago fue el sistema pionero, puesto en marcha por Telefónica y el BBVA. Ambas empresas se han marcado el objetivo (quizás demasiado ambicioso) de lograr cinco millones de usuarios y quinientos mil comercios asociados en cinco años.

A MóvilPago le ha salido una dura competencia: el BSCH y Amena han formado otro destacado matrimonio bancario/móvil, parece que con pretensiones más modestas: se conforman con reunir a medio millón de clientes durante el próximo año y unas veinte mil tiendas asociadas. En el proyecto, que está abierto a la participación de más bancos y operadores, colabora también Banesto.

Nuevos jugadores

Pero en los últimos meses, otros jugadores se han incorporado a este mercado potencialmente jugoso. Como por ejemplo Cyberpag, compañía participada por La Caixa. Se trata de un sistema que está especialmente pensado para los pagos a través de la Red. Usando Cyberpag se pueden completar operaciones mediante el teléfono móvil en las cibertiendas que cuenten con datáfonos virtuales. Además, la entidad financiera tiene en el mercado Caixamóvil, un sistema para hacer compras online seguras a través del móvil vinculando un número telefónico a la tarjeta de crédito o débito.

Deutsche Bank es el mayor accionista de la compañía alemana Paybox.net, de la cual posee la mitad. Paybox.net también apunta alto, y afirma que quiere hacerse con siete millones de usuarios. Algo complicado, teniendo en cuenta que el mercado todavía es pequeño y cada vez son más las empresas que quieren un gran trozo del pastel. Paybox funciona ya como medio de pago en tiendas virtuales, en servicios como taxis o entrega de pizzas a domicilio, y entre abonados particulares.

Todas estas compañías tratan de convencer a los usuarios asegurándoles que con el móvilpago no es preciso teclear el número secreto de la tarjeta de crédito. Otro factor que juega a su favor es la elevada cifra de usuarios potenciales, debido a la fuerte tasa de penetración de la telefonía móvil en España, aunque los analistas subrayan que el crecimiento ha tocado techo.

Esos pesados lastres

Lo que no han tenido en cuenta las empresas que explotan este nicho de mercado son los factores socio/económicos que rodean la realidad de la telefonía móvil en España, un país donde la inmensa mayoría de los usuarios sigue empleando el móvil exclusivamente para realizar llamadas de voz y enviar mensajes. Por no hablar del casi inexistente acceso a la Red mediante el móvil, en parte por la carestía de las tarifas (cuyo coste no tiene parangón con lo que se paga en el resto de los países de la UE) y la carencia de un mínimo ancho de banda.

De modo que el móvil puede ser la revolución del futuro, pero menos. Según los expertos, dentro de un par de años el ordenador continuará liderando el número de operaciones de comercio electrónico (80% de las transacciones), mientras que la televisión interactiva tendrá una cuota de en torno al 15% y los teléfonos móviles… un 3%.

Pese a estos desalentadores datos, los jugadores en el terreno del móvilpago apuestan por 2001 como el año de la explosión de este sistema, y confían en desarrollar fórmulas sencillas de utilización para ganarle campo progresivamente a las tarjetas de crédito.


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