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MP3Pro, la pesadilla continúa

El nacimiento del sistema de compresión de audio MP3 fue uno de los primeros y más trascendentales puntos de inflexión que acabaría convirtiendo la música digital en la peor pesadilla de la industria discográfica. Probablemente este estándar de facto sólo sea comparable con la irrupción de Napster y de ese fenómeno de intercambio de archivos digitales entre internautas que se ha dado en llamar P2P (Peer To Peer).

Ya en su momento la industria discográfica se percató de los peligros del recién nacido formato de audio y le buscó las cosquillas infructuosamente, tras lo cual se dedicó a perseguir con saña feroz los archivos ilegales que circulaban (y circulan) por la Red. Su lucha les impulsó incluso a demandar al pionero y mítico reproductor de MP3 Rio de Diamond Multimedia, un enfrentamiento que también perdió.

En la actualidad, es imposible cuantificar exactamente cuántos usuarios de computadoras personales tienen instalado algún tipo de programa que reproduce Mp3 (software), pero se calcula que debe de haber unos 150 millones de computadoras personales con algún software de reproducción instalado. y ya se han vendido más de 12 millones de aparatos reproductores (hardware).

MP3Pro ha aparecido en un momento en el que Microsoft ve que su discutido (por restrictivo) Windows Media está ganando adeptos y cuando parece que las discográficas han asumido en parte que ésta no es una guerra que vaya a poder ganar por la vía de los tribunales y se han lanzado (unas con más bríos que otras) a intentar ganar dinero gracias al intercambio digital de música uniéndose y creando sus propias iniciativas como MusicNet o PressPlay (anteriormente conocido como Duet) y desarrollando sus propios sistemas de compresión seguros (herederos del fallido SDMI o Secure Digital Music Iniciative). El heredero de MP3Pro llega con la sana intención de complicarles de nuevo la vida. Al menos un poquito

Haciendo historia

El ubicuo MP3, cuyo nombre formal es MPEG-1 Audio Layer-3, nació de la mano de Brandenburg, Grill y Popp, tres científicos del Instituto Frauenhofer en 1987. Idearon un algoritmo que comprimía el sonido sin perder apenas calidad. En 1992 la Motion Picture Expert Group (MPEG) aprobó oficialmente la tecnología, que consiguió el premio a la innovación tecnológica del Gobierno alemán \”Future Prize\” en 2000.

El audio digital normalmente se crea tomando 16 dígitos binarios por cada segundo de señal analógica. Esta señal normalmente se codifica a 44,1 miles de ciclos por segundo, por lo que un segundo de música con calidad CD ocupa 1,4 millones de bits de datos. El gran logro de MP3 es que usa un algoritmo de compresión que elimina el sonido que el oído humano no percibe mediante tests subjetivos pero muy eficaces, reduciendo de paso el tamaño.

MP3Pro, el benjamín

MP3Pro, cuyo primer codec (programa codificador/decodificador) apareció en escena el pasado 14 de junio, es responsabilidad de Coding Technologies, una empresa con sede en Estocolmo, que trabajó ayudada por 12 desarrolladores del Instituto Fraunhofer. Los derechos de explotación pertenecen a Thomson Multimedia.

Básicamente, es lo mismo que su hermano mayor, con la diferencia de que su capacidad de compresión le convierten en el algoritmo más poderoso existente a día de hoy en ratio calidad/tamaño. MP3Pro consigue meter 2 minutos de audio en un megabyte con una calidad similar a la de un disco compacto.

Para conseguirlo separa las frecuencias altas y bajas, las bajas las codifica de la manera tradicional y con las altas emplea las nuevas mejoras. Los nuevos reproductores (tanto los blandos como los duros) que vayan saliendo tendrán en cuenta ambas frecuencias, y los viejos reproductores de MP3 ignorarán las altas, por lo que un archivo MP3Pro no sonará con toda la calidad posible, pero la diferencia será inapreciable.

Una prueba casera ha arrojado estos resultados: La canción Wild Horses de los Rolling Stones que en formato WAV (el formato empleado en los CDs) ocupa 57,2 MB, en MP3 se queda en 7,7 MB, y en MP3Pro en 4,2 MB.


Esto significa, ente otras cosas, que todos esos discos duros repletos de canciones en MP3 ahora podrán albergar el doble de títulos. Y esto no sólo es positivo para los usuarios habituales de música digital, que ahorrarán sobremanera en recursos de su computadoras, también es beneficioso para los sistemas de intercambio de música P2P como el sitiado Napster o el reciente AudioGalaxy. Todo indica que si MP3Pro se impone, habrá más canciones que compartir y las transmisiones serán mucho más rápidas.

OGG Vorbis, otro mal sueño

Pero ni MP3 ni MP3Pro son software libre, por lo que sus padres Thomson Multimedia y el Instituto Frauenhofer pueden ejercer sus derechos de explotación. Sin entrar en la polémica de las patentes de software, de si coartan el progreso tecnológico o de si un algoritmo es patentable, lo cierto es que es un derecho que ejercitan legítimamente.

Este mes, Thomson Multimedia ha anunciado que cobrará un 2% de los ingresos que genere el streaming que use el viejo MP3, con un mínimo de 2.000 dólares anuales, mientras que aquellos que prefieran MP3Pro tendrán que desembolsar el 3% de sus ingresos, con un mínimo de 3.000 dólares. Los programas y dispositivos que reproducen este formato también están obligados a pagar peaje: medio dólar por unidad con una tarifa mínima de 15.000 dólares anuales. Aquellos que distribuyan libremente archivos MP3 sin cobrar no tienen que pagar nada en absoluto.

Con una diferencia de pocos días después de la aparición de MP3Pro irrumpió la versión 1.0 de OGG Vorbis, un formato de compresión creado por un grupo de desarrolladores independientes que no sólo es bueno y bonito, también es opensource, por lo que no está sujeto a royalties como MP3Pro. Si alguien quiere programar un reproductor (por ejemplo) nadie tiene que desembolsar un sólo dólar.

De OGG Vorbis llevaba oyéndose hablar desde hacía aproximadamente un año, de hecho ya circulaban desde hacía tiempo por la Red versiones beta. Empresas de software como Sonic Foundry o Winamp (de AOL Time Warner), además de varios sitios web, ya lo han adoptado.

Si el MP3 asusta a las discográficas por ser incontrolable, un MP3 relacionado con el pingüino podría resultar a priori mucho más peligroso. Aunque para ser sinceros, Ogg Vorbis se encuentra con el mismo freno a su expansión que los competidores de MP3 propietarios que distintas empresas se están sacando de la manga. MP3 es, con diferencia, mucho más popular que cualquier otro formato, y hay millones de reproductores duros y blandos de MP3 que son compatibles con MP3Pro.

Superar a MP3 es difícil, el único que podría robarle el puesto a este ubicuo archivo es su descendiente, MP3Pro. La pesadilla de las discográficas continúa.


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