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Muds: hay otros mundos, y están en tu computadora

Hay fenómenos que viven agazapados en Internet, pero que nacieron mucho antes, que son previos incluso a su antecesora ARPAnet, como es el caso de los Muds (Multi User Dungeons, que se podría traducir como \’mazmorras con múltiples usuarios\’).

En un momento en que todo el mundo coincide en que el futuro del ocio electrónico, un lucrativo mercado de miles de millones de dólares, pasa por estar en la Red. En el que las consolas de nueva generación y los desarrolladores de videojuegos apuestan por la interactividad online de los usuarios como estrategia novedosa, es curioso volver la vista atrás y encontrarse con que el concepto no sólo no es nuevo, sino que es más antiguo que la propia Internet.

¿Pero qué es un Mud?

Los Muds son, sencillamente, juegos de rol, aunque mucha gente los define con toda la razón como experiencias sociales estructuradas previamente según ciertas reglas, que se desarrollan por Telnet, que no requieren ningún tipo de software específico (excepción hecha del cliente de Telnet para acceder a sistemas remotos, evidentemente), y que no tienen gráficos, ni uno sólo: al igual que han estado haciendo las novelas desde hace cientos de años, confían por completo en las posibilidades de la imaginación humana.

Con un viejo 486 sobra máquina para adentrarse en estos juegos de texto. Constituyen por tanto una primitiva forma de entretenimiento hablada que ha sobrevivido saludablemente al ataque de las computadoras con poderosas aceleradoras gráficas y a los videojuegos hiperrealistas en los que la sangre salpica la pantalla o se pueden apreciar los desconchones de las paredes.

A los Muds también se les puede encontrar bajo otros nombres como MUSH, MUCK, MOO… (Mod no, eso es otra cosa), dependiendo del lenguaje de programación empleado, las capacidades que tenga, o la ambientación elegida: de dragones y mazmorras, referente a un periodo determinado de la historia, con intenciones educativas, lúdicas, o simplemente de interacción social. La palabra genérica que los engloba a todos es Mu*.

Retomando el tema: hay Muds para todos los gustos, además de cortar cabezas de dragones o tripular la nave Enterprise, hay otros tan curiosos como una réplica del metro de Londres, o el que desarrolló el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y que permite recorrer su prestigioso laboratorio.

A la sombra del ASCII y las LAN

Haciendo algo de arqueología digital, se puede decir que los Muds fueron concebidos en 1979 (Internet nació oficialmente en 1993) de la mano de unos pocos jóvenes estudiantes británicos en la Universidad de Essex.

Estos dragones antediluvianos previos a Internet nacieron a la sombra de un concepto muy sencillo de entender: hace 22 años (un milenio en términos informáticos) las computadoras no tenían la capacidad de procesar gráficos, pero los jóvenes técnicos y universitarios que las manejaban tenían las mismas ganas que los adolescentes del siglo XXI por jugar e interactuar.

Pero los Muds no hubieran sido posibles sin sus dos progenitores: el código ASCII y la idea cliente/servidor que nació con las redes de área local o LAN (Local Area Networks).

El ASCII son las líneas de texto que la computadora almacena en su disco duro y que comprenden 128 caracteres. Con el ASCII se pueden formar dibujos, y hay gente que ha llegado a crear verdaderas obras de arte. Los Muds son mundos hechos de ASCII.

Las LAN originalmente vienen de la época en que los PCs eran máquinas carísimas y lo que se tenía en las empresas y universidades eran muchos terminales tontos conectados a un servidor central. El concepto del Mud es este. Al entrar en uno, nuestra computadora se transforma en un terminal o cliente dependiente de un servidor central al que se accede mediante Telnet.

¿Cómo entrar en un Mud?

La pregunta también podría ser: ¿y qué diablos es Telnet? Pues una manera de acceder a la computadora de otra persona o entidad, supuestamente contando con su permiso. Prueben a hacer esto en su Windows de turno: Inicio/Ejecutar y escriban \’telnet\’ antes de pulsar la tecla \’enter\’. Acaban de abrir una puerta trasera a ciertos recursos de Internet. Introduciendo una ruta y un puerto, por ejemplo: nescafab.upc.es, puerto 4000, inmediatamente se ejecutará el Mud solicitado. Tan sencillo como eso. También hay unas peculiares urls que, introducidas en un navegador (browser), inician el proceso directamente como telnet://dsl.upc.es:6969/ o telnet://wotmud.org:2222/.

Para aquellos a los que les guste la experiencia y decidan persistir en esta afición, es aconsejable que se descarguen alguno de los clientes de Telnet diseñados con los Muds en mente, facilitan enormemente el desarrollo del juego. Probablemente el más popular sea Zmud.

La imaginación al poder

Conviene avisar, para evitar posibles desánimos, que las primeras veces que uno se adentra en este mundo de texto siempre son muy confusas. Pero para engancharse basta con sobrevivir al desconcierto y pedir ayuda a algún jugador más veterano, y con saber que el objetivo del juego es el mismo que el de la conquista del oeste (y que la mayor parte de los videojuegos que se han comercializado): explorar el territorio, acaparar todas las riquezas que te encuentres, y matar a todos los enemigos (e incluso a los amigos) que intenten impedirnos hacer lo que nos venga en gana. Encontrar cibersexo (tinysex) o entablar relaciones sociales son los otros dos posibles objetivos. En cualquier caso conviene tener presente que en los Muds imperan una serie de normas de comportamiento básicas, muy similares a las de los chats convencionales.

Moverse por uno de estos juegos es similar a avanzar por una serie de habitaciones de chat, en las que el jugador no sólo tiene en su mano hablar con el resto de ocupantes, sino también interactuar con los objetos y las personas (mobiles o mobs) mediante una serie de comandos.

Dependiendo del Mud, las órdenes pueden ser muy sencillas o bastante más complejas, pero básicamente son muchas y del tipo \”coger espada\” \”mirar tapiz\”, \”decir tengo hambre, vayamos de caza\”, \”matar serpiente\” o \”besar Ishamael\”. Si se lanzan palabras solitarias como \”Quien\”/\”who\”, aparecerá una lista con los nombres y características de los personajes que estén en esa sala, o \”Mirar\”/\”Look\”, describirá el entorno que nos rodea.

Aquel que entre en un Mud adopta la apariencia y características de un personaje o avatar, durante unas horas se deja colgado el traje de regular estudiante universitario o de explotado empleado de una puntocom, para convertirse en un mago elfo o un guerrero enano por poner un par de ejemplos. La idea es ir acumulando puntos de experiencia y subiendo de nivel según pasan el tiempo y las proezas. A mayor nivel, más posibilidades hay de masacrar con éxito a todo el que se ponga por delante y llegar a convertirse en un God o en un Wizard: jugadores expertos con privilegios sobrehumanos.

Viejos y boyantes supervivientes

Es comprensible que estas primitivas formas de juego y de crear comunidad online contaran con adeptos hace 7 años, pero quién podría estar interesado en ellos hoy en día teniendo juegos de la calidad de Ultima Online, Quake III o incluso clásicos online como EverQuest.

Pues mucha más gente de la que se cree. No se han hecho mediciones, sería imposible, pero hay un número ingente (y creciente) de servidores. Basta con teclear la palabra Mud en Google.com para darse cuenta, como mínimo debe haber unos 1.800 Muds diferentes operativos. Otra muestra de buena salud: DragonMud, un veterano Mud que recrea el Londres de hace tres siglos y que nació en 1989, conserva más de 300 personajes originales.

¿Por qué persiste su popularidad? Probablemente porque son completamente libres e independientes, se mueven en los trasfondos de la Red, no son profesionales, entrando en ellos es posible encontrar gente con la que se tienen cosas en común y, sobre todo, porque son divertidos y muy adictivos una vez se les ha cogido el tranquillo.

Por una vez y sin que sirva de precedente, unos dinosaurios tecnológicos no se han extinguido ante la llegada de otros mayores, de hecho gozan de mejor salud que nunca y se mueven a placer entre nosotros.


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