BAQUIA

Napster llama a las puertas del cielo

Napster abandonará los periódicos para pasar a los libros de historia. Aquellos que narren negro sobre blanco el desarrollo de Internet, desde su etapa embrionaria hasta su consolidación como herramienta fundamental para la vida cotidiana, deberán dedicar un capítulo a este programa de intercambio de música que revolucionó un sector monolítico, prepotente y pagado de sí mismo.

Napster ha estado flirteando con el lado oscuro en numerosas ocasiones, pero nunca ha llegado a sucumbir. ¿Nunca? Ahora sí. La plataforma creada por Shawn Fanning, un joven de 19 años a una gorra pegado, nació con intención de crear a una pequeña comunidad de Internautas melómanos. Pero el asunto se desmadró a los pocos meses, convirtiéndose en uno de los lugares más visitados de la Red. Congregó a 80 millones de usuarios sedientos de música gratuita que encontraron en este programa el paraíso del anarquismo musical.

Todo eso es pasado. El presente es bastante más desolador. Las escasas posibilidades que le quedaban a Napster para sobrevivir con el fin de transformase en una plataforma legal se han evaporado. Bertelsmann, el gigante de los medios alemán, ha pasado de ser su salvador para convertirse en la guadaña que, finalmente, le ha rebanado su frágil cuello.

Peter J. Walsh, juez encargado de supervisar la bancarrota de la empresa, ha rechazado la oferta de Bertelsmann para hacerse con el programa de música, lo que \”probablemente significará la liquidación de la compañía\”, apunta el propio magistrado.

Los argumentos empleados por Walsh se apoyan en los conflictos de intereses detectados durante el proceso de bancarrota que le tocó supervisar. El NO dado por el juez es responsabilidad de Konrad Hillbers, actual consejero delegado de la compañía. Y es que, tal y como explicó el magistrado del tribunal de Delaware, \”el señor Hillbers tenía un pie en Napster y otro en Bertelsmann\”.

Sea culpa de Hillbers o no, lo que está claro es que Napster era desde hacía tiempo un grano demasiado doloroso para Bertelsmann desde la salida hace más de un mes de su presidente, Thomas Middelhoff . El gigante alemán ya había dejado caer a principios de esta semana que, junto con su librería online Bol.com, tenía previsto deshacerse de Napster. Así pues, aunque el juez hubiera dado el visto bueno a la operación de compra, el programa de música habría desaparecido de igual forma.


Así funciona(ba) Napster

Más significativas que las intenciones desveladas esta semana por Bertelsmann es su reacción tras conocer la decisión del juez. En un lacónico comunicado, la empresa ha señalado que acepta \”la decisión sobre el bloqueo de la venta de activos de Napster a Bertelsmann y la compra no tendrá lugar\”. Indiferencia absoluta…

El camino hacia la muerte

Tras la sentencia del juez Peter J. Walsh, Napster tendrá que abandonar el capítulo 11, aquel que defiende a las empresas que se declaran en bancarrota y ayuda a su reestructuración y reflote, al capítulo 7, que pone las bases para proceder a la liquidación de la compañía. Napster, en fin, pasa de luchar por su supervivencia a vender sus activos.

La segunda consecuencia, ésta más rápida y dolorosa, ha sido el despido de sus 42 empleados, incluidos el fundador y creador del programa Shawn Fanning y el propio Hillbers. Permanecerán dos personas para supervisar la venta de los bienes al mejor postor.

En las oficinas de Napster hace más de un año que dejó de escucharse música. Ayer, nada más conocerse la decisión del tribunal, es probable que sonara un réquiem. La gente que abandona la firma podrá incluir en su currículum que contribuyeron a crear y desarrollar el mejor programa de intercambio de música que ha existido en la Red. Konrad Hillbers es consciente de que las personas de las que se desprende valen un potosí. \”Al igual que sucede con muchas start-ups, la tecnología de Napster pierde su valor sin el talento del equipo que lo creó, por lo que se trata de una pérdida en muchos sentidos\”, apuntó Hillbers en un comunicado.

Sentenciado a muerte desde julio de 2001

Lo que le ha sucedido a Napster estaba cantado desde julio de 2001, fecha en la que un tribunal federal de Estados Unidos desenchufó el programa a requerimiento de la industria de la música, representada por la RIAA. Los motivos del apagón eran claros: con su tecnología, el programa había fomentado y contribuido al intercambio de canciones de forma gratuita. Sus 80 millones de usuarios no pagaban, de esta forma, los derechos de autor correspondientes.

Llegó un día en el que los abogados de la compañía no daban más de sí. Las denuncias se acumulaban en sus mesas y el poco dinero con el que contaban (Napster no ingresaba un euro por sus servicios) asfixiaron la cuenta corriente de la firma hasta el punto que tuvo que buscar inversores dispuestos a pagar los sueldos de los empleados, sostener económicamente la tecnología que permitía funcionar el programa y asumir el coste de los procesos judiciales.

Conseguido el cierre de Napster, la RIAA y compañía no quedó satisfecha: quería que el muerto les devolviera lo que les había robado, es decir, miles de millones de dólares en concepto de todas y cada una de las canciones que sus usuarios habían intercambiado de forma ilegal.

Ni siquiera el respaldo que ya tenía de Bertelsmann sirvió para mantenerse operativo. La alianza firmada entre ambas compañías el 31 de octubre de 2000 dejó a muchos desconcertados: No sentó demasiado bien entre los usuarios de la plataforma de música que una empresa tradicional diera la mano al programa que mejor simbolizaba la anarquía de Internet, aunque fuera con el fin de convertirlo en un servicio de pago. Aunque incluso llegó a lanzarse la versión beta del programa, el Napster de pago siempre pululó como un zombi carente de utilidad.

Desde esa fecha, Bertelsmann ha inyectado 85 millones de dólares en Napster para mantenerlo con vida, cantidad que se pulió en un año. Napster necesitaba más dinero, propuesta aceptada por los alemanes a cambio de que se declarara en bancarrota y diera el visto bueno a la oferta de hacerse con la totalidad de la empresa por nueve millones de dólares, siempre y cuando el tribunal que supervisaba la bancarrota de Napster diera luz verde a la operación.

Las intenciones de la compañía alemana no convencieron a las discográficas, compositores y editores de música. Querían más dinero y lo querían ya. Carey Ramos, abogado que representa a los editores, señaló que la venta era más bien un trato entre empresas que, con sólo echar un somero vistazo, estaban más unidas de lo que parecía: entre otros destacaba el nudo representado por Hilbers, que tenía presencia en Bertelsmann y Napster.

Ramos también criticó que la subasta organizada para encontrarle propietario a la compañía era un engaño. Bertelsmann había inflado artificialmente la oferta, ya que a los nueve millones con los que pujaba, debían añadirse los 85 millones que ya había invertido el año anterior. Obviamente, nadie realizó una oferta mayor a la de los alemanes.


No todos se sienten culpables por trapichear música

El dinero no ha podido con el tribunal. Ni para ti ni para mí, directo al cementerio.com. Ahí reposará Napster por los siglos de los siglos.

Legado

Todo esto aparecerá en el libro que narre la corta vida de Napster. También incluirá aspectos que aún quedan por descubrir. El programa encendió la mecha del intercambio de música ilegal, y la llama ha sido recogida por cientos de hijos. Sus clones, a pesar de soportar el rifle cargado de la RIAA en sus mismas narices, siguen pululando por la Red para saciar las ansias de los piratas que ven inconcebible pagar 18 euros por un disco y exigen una bajada de los precios ya.

Napster lleva más de un año siendo un moribundo, pero su ausencia ha encontrado muy dignos sustitutos en programas como Kazaa, Audiogalaxy –en vías de extinción también por obra de la RIAA–, Morpheus o WinMX.

El momento de mayor auge del programa creado por Shawn Fanning pudo localizarse en febrero de 2001, cuando registró 13,6 millones de usuarios en Estados Unidos, según reflejó un estudio elaborado por comScore Media Metrix, empresa de medición de audiencias en Internet. A día de hoy, los clones de Napster han enganchado a más de 16 millones de internautas. Pero es sobre todo Kazaa el que ha tomado el testigo dejado por Napster al recibir más de 2,5 millones de solicitudes de descarga a la semana, según datos de Download.com.

Muerto el perro, la rabia de la música gratuita sigue contagiándose de ordenador a ordenador. Adiós Napster, fue un placer conocerte.


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios