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¿Nos viene grande la tecnología?

El gran maestro del MIT/Lab, en una visita a Madrid comentaba -en otra de sus controvertidas presentaciones- que España, como otros países menos industrializados, tenía una ventaja competitiva en los nuevos modelos de negocio virtuales sobre la red. Negroponte se refería al hecho de que nada es tan difícil de cambiar como estructuras existentes que -en otros tiempos- han resultado ganadoras.

Muchos de los grandes éxitos empresariales se deben a la presión que sufre una empresa a punto de perder su negocio. Cuando todo va bien es difícil cambiar. El propio tejido industrial alemán, tan elogiado y envidiado por los españoles, les está ahora jugando una mala pasada cuando se trata de emplear modelos más flexibles y rápidos. Ya nadie paga un extra por que le garanticen que un producto puede, por ejemplo, conectarse 100.000 veces si, durante la vida del mismo, es probable que nunca supere las 10.000 inserciones. La ingeniería de garantía máxima -a la alemana- deja paso a productos menos duraderos quizás, pero perfectamente adaptados a las necesidades de su mercado real.

Vivimos un mundo del \”convenience usage\”: se usa más lo que es conveniente que lo que es verdaderamente bueno. Un regalo a una sobrina, no pretendemos que le dure toda la vida, sino que le haga agrandar los ojos cuando lo vea, no represente una amenaza para su salud y sea fácilmente biodegradable.

Los atributos de durabilidad, calidad total, etc., son ya, en los productos que lo requieren (autos, electrodomésticos, máquinas de todo tipo…) un valor entendido y no se valoran de forma adicional. A nadie le parece especialmente sobresaliente que un coche moderno suba una cuesta o frene en poquísimo espacio. Es condición, pero no sirve para cobrar más por ello porque se le supone a cualquier fabricante.

¿Cómo generamos miles de puestos de trabajo en servicios avanzados para compensar los industriales que, por desgracia, seguimos perdiendo?

Como consecuencia de todo esto, los procesos industriales tienden a inclinarse hacia los países de mano de obra barata y los múltiples negocios de \”convenience\” también son, cada día más, dominio de los mismos. ¿Qué nos queda en España? Ni tenemos la gran industria alemana, ni contamos con la mano de obra barata de un país del tercer mundo. Nos queda, sobre todo, los servicios, y en todos ellos -quizás con la excepción del turismo, en el que seguimos bien posicionados- estamos bien, probablemente porque tienen mucho que ver con las redes y su alcance global, y nos falta tecnología, y sobre todo, la necesaria capacidad a la hora de utilizarla. Si la implementación de un ERP (Sistema de Gestión integral de Dato único) en una Gran Empresa es ya un problema importante de adaptación y aprendizaje, cuanto más lo será en una PYME que carece del personal técnico de soporte.

Me temo que, a pesar de la opinión del Sr. Negroponte, seguimos dando tumbos y lejos de plantear la gran pregunta nacional que, a mi modo de ver, es ésta: ¿cómo generamos miles de puestos de trabajo en servicios avanzados para compensar los industriales que, por desgracia, seguimos perdiendo?

Entiendo que tanto el Gobierno como las empresas de tecnología -y quienes creemos en su utilidad como fuerza motriz de nuevos servicios- tenemos la obligación de acercarnos al día a día de Pérez y Hermanos y dejar de pensar que todo el mercado está en las grandes empresas del país.

Existe una relación perversa entre la orientación de las empresas de tecnología a los grandes proyectos -que sólo pueden conseguirse en las grandes empresas- y la necesidad de hacer que las PYMES -que, de momento, solo pueden encargar pequeños proyectos- sean bien atendidas. Hay que plantear el caso de una industria concreta y convencer a la mayoría de los partícipes en la misma que su futuro está en juego.

¿Cómo se rompe este círculo vicioso? (PYME – Mala atención – Poco Interés – Menos inversión). En mi opinión, empezando a generar redes que contrarresten este vacío y mejoren la comprensión de empresarios y gestores de PYMES por la gestión bien realizada y el papel que en ella juega la tecnología.

Los nuevos mercados digitales, por ejemplo, el de la construcción en España (BravoBuild, Construred, Constructalia, Obralia) son una avanzadilla de lo que puede ser el futuro de un sector en red.

Todavía hoy, sus modelos de negocio están a prueba. Las grandes empresas que están detrás de alguno de estos proyectos no han convencido al resto del tejido empresarial del sector -la inmensa mayoría PYMES- para que adopte su modelo. Sin embargo, está claro que un sector tan fragmentado puede dinamizarse a través de estos mercados digitales incipientes.

Hay que encontrar empresas de tecnología que verdaderamente crean en las PYMES y apuesten por ellas. Y también representantes del Gobierno dispuestos a apoyarlas en sus inversiones en tecnología. Los incentivos actuales son \”demasiado poco, demasiado tarde\”.


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