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¿Operación Triunfo? (y II)

¿Cuántos de los miembros del jurado, socios o consultores de las entidades de capital riesgo españolas han apostado alguna vez por un e-cantante startup? Y más aún, a pesar de su excelente cualificación, ¿a cuál de ellos no han engañado ya?

¿Quién iba a suponer que David Bustamente fuera uno de los tres elegidos por la audiencia? Los que hacían de head hunters profesionales, cualificados y con sentido crítico, se retorcían en sus asientos viendo como Chenoa descendía a una posición entre los vulgares, entre los mediocres, entre la masa de los sin-talento.

No sé si David Bustamente es de los mejores, aunque los expertos comentan la calidad y amplitud de sus registros vocales, sin embargo, sí es de los que más determinación ha demostrado. Sin renunciar a sus lloriqueos, siendo él mismo, ofreciendo el e-producto que ofrece. Algunos critican su \”blandura\” y no perciben su fortaleza. Ha tenido su oportunidad y la ha aprovechado, otro, sin su determinación habría acabado hundiéndose y cogiendo las maletas.

¿Es que acaso debía ser perfecto? Si no me equivoco, para eso están los Grammy. Y el Grammy, igual que la salida a bolsa o el ranking Fortune, sólo es la prueba final. Meter a una profesional de la e-canción en Operación Triunfo no tiene sentido. ¿Acaso pretendéis llevar a Pavarotti en la próxima edición? Yo no le votaría, por supuesto, aunque muchos otros seguramente sí.

Lo que el público ha valorado es su pasado, su ingenua juventud, su determinación y la calidad de su voz. Chenoa es una artista hecha. Su valor depende de la apreciación de los expertos y de los consumidores finales, pero es un producto —bueno o menos bueno— casi acabado, no una semilla. ¿Dónde está el mérito de conseguir financiación para tu proyecto si tu apellido es Telefónica? ¿Dónde el mérito de Chenoa? El mérito, para mí, es del que se baja del andamio y tiene las narices de ponerse a la cola del casting, como dice Umbral.

Todos hemos visto algún que otro/a cantante mediocre hacer de famoso por ser hijodalgo, aunque la mayoría van quedando en el olvido por la simple regla de \”no me gusta = no lo compro\”. Igual que hemos visto fracasar e-startups nacidas al amor del \’pijerío\’ reinante en el sector y aplaudidos por los babeantes amigos —o debería mejor decir pelotas— de alguno de los encorbatados más poderosos del país. O tituladísimos defensores de la idea: yo invierto en tus e-chorradas si tu inviertes en las e-mías. Nos gastamos una millonada en prometerles que así \”serás tú misma\” o \”inventemos cada día\” y seguro que nos las compran… los pobres tontos.

Seamos serios; el jurado inicial de Operación Triunfo estaba compuesto por especialistas y antiguos \’eurovisivos\’ que valoraban fundamentalmente la capacidad de progresar y mejorar, que siguieron la evolución de los chicos desde el inicio. No se han atrevido a hacer de Aramís Fuster y decidir por ciencia infusa quién debía estar arriba y quién no antes de empezar el e-concurso.

Los maravillosos e-jurados españoles no sólo son propietarios de tantas \”inmundicias\” personales y profesionales como —al menos— el resto del mundo, sino que además pretenden obligar a los pocos e-Tamaras que surgen nadie sabe cómo (si es que surge alguno), a cantar a su manera cual si de mamá Seisdedos se tratara; por la vía de aprovecharse de las circunstancias y hacerse con los derechos de explotación de la propia voz de uno, condenándole ser un esclavo de sus caprichos. A atracar a Sierra Morena.

¿Para qué les sirven sus rimbombantes MBAs de Oxford, Cambridge y demás? Para haberse dejado engañar por aquellos espabilados, pertrechados de los maravillosos planes de negocios de a dos o tres millones regalados por papá y elaborados por la consultoría de moda, además del deportivo más actual. Para eso cobran sus escandalosos sueldos. En el fondo, son inútiles. Cualquier humilde profesor de matemáticas o economía sabe que una empresa que genera decenas de millones de euros anuales y que quiere invertir en adaptarse a los nuevos mercados o a las nuevas economías no nos va a intentar colar un gol. Es cuestión de números. Se supone que un MBA debe también ser un cazatalentos, un ávido descubridor de oportunidades de negocio, como presumen los lemas de sus fastuosas y millonarias Web.

Pero, ¡bah!, a quién le importan las potenciales figuras de la e-canción si nosotros estamos tan a gusto invirtiendo en lo que invierten los de al lado. Yo invierto en lo tuyo y gano; tú inviertes en lo mío y ganas. Es decir, yo te pago tu sueldo si tú me pagas el mío.

¿No se dan cuenta de que el simple hecho de apostar por una promesa le confiere de entrada posibilidades de triunfar en e-urovisión? Y no tienen que pagar sueldos tipo Julio Iglesias ¿Qué hubiera sido de \”big\” Rosa, \”feriante\” Bisbal y \”peón\” Bustamente sin Operación Triunfo? Mejor no pensarlo. Todos los aspirantes a entrar en la e-academia nos alegramos de sus éxitos.

Aquí, la inmensa mayoría de los e-jurados espetan, cuando los startups de cantante van a pedirles dinero para grabar su primera e-maqueta: vuelva usted cuando haya vendido dos millones de copias de su disco. ¡Qué listos, cómo se nota que han estudiado! ¿Habría en sus MBA una asignatura titulada \”Cómo apostar a caballo ganador\”?

Así que no nos queda más remedio que continuar enarbolando el lema de Operación Triunfo, y que no es de ahora. Como Edison, que probó más de dos mil filamentos antes de encontrar el adecuado para su primera bombilla. Así que a pesar de los pesares, por favor, ¡No dejes de soñar!

 



Santiago Fernández Barrero es un emprendedor candidato a entrar en la academia, con muy buena voz y mucho empeño, eso sí, y director del Proyecto inédito de e-learning PUEDESMAS en colaboración con Miguel Ángel García-Ortega, manager del Portal para Multimedia 3Dup.com


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