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Oriente despierta a la Red

Habitualmente las cifras de usuarios de Internet, las estadísticas y las comparativas, suelen hablar en primer lugar, y casi en primera persona, de América y de Europa. Pero algo está sucediendo y el pulso de Internet en Asia empieza a aumentar. Luis Ángel Fernández Hermana, ya contaba en 1997 que China invertiría en la próxima década 100.000 millones de dólares para equipos de telecomunicación. El tiempo ha pasado desde entonces y el movimiento lo han demostrado andando.

Oriente despierta y algunos números enormes comienzan a hablar de lo que parece ser sólo el principio de un crecimiento demográfico importante en la Red. Artur Serra, antropólogo y miembro del CaNet (Centro de Aplicaciones de Internet), al regresar de la reunión Bamako 2000 celebrada en febrero, constataba que el futuro de la Sociedad de la Información pasaría necesariamente por el Tercer Mundo. \”De aquí a veinte años, Occidente será en el espacio virtual sólo una provincia de las superpobladas África y Asia\”, afirma.

Manuel Castells cree que aunque exista una gran disparidad en cuanto a la penetración de Internet en el mundo, \”las tasas de crecimiento en todas partes [también en el mundo subdesarrollado con excepción de África subsahariana] son altísimas, lo cual quiere decir que los núcleos centrales de población estarán conectados en unos cinco o siete años\”.

Crecimiento disparado

Actualmente, China es el país con el mayor índice de crecimiento del mundo en el mercado de las telecomunicaciones. La competitividad es feroz y ningún jugador quiere quedarse al margen. Con la sustitución de las viejas líneas telefónicas de cable de cobre por las de última generación de cable de fibra óptica que permiten transmitir simultáneamente voz y datos, China intenta dar un salto triple mortal que lleve sus comunicaciones del siglo XIX al XXI directamente, sin pasar por la casilla de salida.

Y evidentemente muchas de las presiones por instalar banda ancha vienen de la enorme demanda de Internet por parte de la población. El fenómeno Internet ha explotado en Asia y está en plena onda expansiva. De los dos millones de internautas que había en China a principios de 1999, se ha pasado a 20 millones a finales del año 2000. La demanda del país por tener banda ancha aumentará la competitividad económica del país, lo que sin duda incrementará las expectativas de entrar en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero la demanda de banda ancha también atraerá competidores extranjeros para construir esa red. Así, China Telecom, que controlaba el monopolio de las telecomunicaciones en China y es uno de los jugadores dominantes, se ha visto envuelta en una encarnizada batalla con nuevos competidores, pero no parece dispuesta a ceder ni una pulgada de su territorio. Otros jugadores domésticos, se han subido al carro de la banda ancha sin conocer muy bien cuál será la demanda de la misma. Nadie quiere perderse un bocado de tan apetitoso pastel.

Tarifas a la mitad o predicar con el ejemplo

\”China recortará más de la mitad las tarifas de Internet y llamadas telefónicas de larga distancia para impulsar el acceso a la Red\”. Esta medida dada a conocer por las agencias de Pekín ayer, pretende enfriar los ánimos de los internautas, que actualmente pagan exorbitantes facturas por conectarse a la Red. Esto es acción y lo demás una mueca. Para que luego se rompan la cabeza los gobernantes con complicados planes teóricos para la promoción de la Red. Obras son amores…

El contexto de la presente medida es significativo. A pocos meses de la salida a bolsa del gigante China Telecom, se pretende fomentar la competencia con las empresas de telefonía móvil como China Mobile Ltd. o China Unicom Ltd. (China Telecom posee una franquicia en el servicio de telefonía fija en China y que consigue la mayor parte de sus ingresos gracias al elevado coste de las llamadas de larga distancia). El recorte se aplicará a partir del 1 de enero de 2001.

Al olor de las sardinas, acercábanse los gatos

Dicen que cuando el río suena agua lleva. Y Ericsson no se lo ha pensado dos veces. Una de las compañías con mayor presencia en el emergente mercado chino, está decidida a lograr un doble objetivo: consolidar su división de instalación de redes y reforzar su posición en la guerra abierta del mercado de los móviles, su plato fuerte. Asimismo, la compañía sueca espera desarrollar proyectos de alta tecnología y crear empresas de capital mixto en el sector de las telecomunicaciones.

Dado que China es el tercer país en número de usuarios de teléfonos móviles del mundo, Ericsson piensa centralizar la producción internacional de sus teléfonos móviles en dicho país, donde espera poder triplicar su cifra de ventas (de 1.490 millones de dólares en el 2000 a 4.500 millones de dólares en cinco años). Para ello tiene previsto incrementar el ritmo de sus inversiones en una cantidad estimada en unos 5.100 millones de dólares durante el próximo lustro.

Una de cal, otra de arena

El Gobierno chino está absolutamente entregado a la promoción de la Red. Para ello, no sólo está intentando implantar la banda ancha a toda máquina (ha abierto un mercado tradicionalmente monopolístico y ha bajado los precios de las llamadas para fomentar la conexión a Internet) sino que, además, ha puesto en marcha una iniciativa para fomentar el acceso a la Red desde cualquier parte del país.

Para que nadie se quede al otro lado de la división digital, la Fundación de Desarrollo de la Juventud China anunciaba la semana pasada la creación de 10.000 \’Clubes de Información\’ en numerosas zonas rurales subdesarrolladas del territorio chino. Según explicaban los principales diarios se pretende reducir el abismo existente entre los habitantes de las zonas rurales y urbanas, que se ha incrementado ferozmente en los últimos años. Pero todo ello contrasta con la severa vigilancia y control que trata de imponer China en la Red. ¿Paradoja?

A veces las nuevas tecnologías parecen tener que ser la solución para todo, la panacea. Difícilmente logrará Internet reducir las enormes diferencias que actualmente existen entre las clases sociales del mundo real, pero puede ser cierto que cuanto más se extienda su uso, menos serán las diferencias entre los habitantes de las distintas zonas de un mismo país, región, ciudad, etc., en las generaciones venideras. Al menos, tanto unos como otros, podrán tener acceso a una misma información, y no serán ciberexcluidos.

Desde este prisma y si el acercamiento de la Red hacia zonas que no tienen hoy por hoy ni una remota posibilidad de acceso a la misma se produce de modo efectivo, puede que la tan traída y llevada Sociedad de la Información cumpla su función primordial de acercar el conocimiento a las personas, y no incremente más la división entre inforicos e infopobres, tal y como actualmente sucede.


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