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Pagos online: para todos los gustos

El comercio electrónico está suponiendo mucho más que una revolución económica y de las costumbres sociales. La posibilidad de comprar y vender cosas a través de Internet, y de que el dinero pueda circular por la Red a velocidades hasta ahora desconocidas, está produciendo toda una transformación en los sistemas tradicionales de pago.

El hecho de que miles de clientes y establecimientos online puedan operar y realizar transacciones a través de un sistema de red global ha hecho que, bancos y empresas, se hayan puesto manos a la obra. Así, han comenzado a desarrollar todo tipo de sistemas con el fin de que el capital pueda circular sin miedo por los caminos virtuales.

Cada día son más los nuevos métodos que aparecen para realizar transacciones online. Y es que si en un principio la tarjeta de crédito era la única forma para poder hacer compras en Internet, hoy son bastantes los procedimientos a través de los cuales se pueden materializar estas operaciones.

Pero este interés de bancos y empresas por facilitar las cosas no es precisamente altruista. Si el comercio electrónico tanto para consumidores como para empresas, (por no hablar de la banca online), terminan por despegar, el volumen de dinero que va a moverse por la Red puede ser incalculable. Si se piensa en clave de comisión por servicio o de porcentaje, entonces los beneficios resultan millonarios.

Las previsiones no pueden ser más halagüeñas. Un estudio realizado por la consultora Killen & Associates estima que durante el año 2000 el número de transacciones económicas realizadas a través de Internet ascenderá a 9.000 millones. Esta cantidad se habrá incrementado en sólo cinco años, en 2005, hasta los 20.000 millones de operaciones. Todo un negocio en potencia.

La seguridad, el gran problema

Sin embargo, para que todo esto pueda llegar a suceder se tiene que superar uno de los principales escollos a los que se enfrenta el comercio electrónico: la seguridad.

Aún hoy, la confianza de los consumidores en los pagos por Internet es escasa y este es uno de los motivos que están frenando la generalización del nuevo medio como vía para hacer negocios. De hecho, sólo un 5% de los compradores online se manifiestan totalmente seguros cuando realizan una transacción vía Internet.

El volumen de dinero que va a moverse por la Red en el futuro es incalculable

Por ello, durante años se han estado desarrollando diferentes estándares de seguridad que tratan de garantizar la confidencialidad e integridad de los datos. El SSL (Secure Sockets Layer) fue uno de los primeros intentos de lograrlo.

Este sistema, que ha tenido una fuerte aceptación en numerosos países, centra el riesgo y la responsabilidad de las operaciones en el comerciante, es decir, mantiene al cliente a salvo para animarle a realizar las compras. El método se basa en la posibilidad de que la información vaya encriptada hasta el servidor con el que se opera. El comerciante la descifra en su sistema y realiza la transacción pero, aunque los datos circulen de forma segura, él no puede asegurar la certeza de los mismo.

Junto a este estándar existen otros como el SHTTP (Secure HiperText Transfer Protocol) de seguridad por las conexiones HTTP, o el protocolo que ha desarrollado Microsoft, el PCT, que además es compatible con otros sistemas.

Sin embargo, el método que hasta el momento ofrece mayores garantías de seguridad es el conocido como Protocolo SET. Este sistema, que ha sido desarrollado por Visa y Mastercard en abierto para permitir su generalización, certifica tanto al comercio, como al titular de la tarjeta y al banco. Para ello, un tercero de confianza emite un certificado que garantiza que la operación se va a realizar de manera correcta. Además, la información viaja cifrada y, como nadie ve el mensaje completo, mantiene la privacidad.

Junto a estos están surgiendo entidades que pretenden dedicarse a la emisión de este tipo de certificados seguros. Para facilitar los intercambios transfronterizos se ha creado la Global Trust Authotity, una entidad sin ánimo de lucro creada por 800 entidades bancarias. En el campo doméstico existen otros organismos, empresas y bancos que se dedican a esta actividad.

Formas de pago, cada día más

Si la seguridad es importante para fomentar el desarrollo del comercio electrónico, la posibilidad de poder elegir la forma de pago es fundamental.

La tarjeta de crédito sigue siendo la reina de las compras online

En un primer momento, la tarjeta de crédito era la única forma de poder materializar una transacción online. Sin embargo, la reticencia de muchos consumidores a introducir estos datos en Internet ha llevado a que hayan surgido infinidad de nuevas posibilidades. Con ellas, muchos clientes se sienten más seguros a la hora de comprar. Y es que si en el mundo real se pueden usar diferentes formas de pago ¿por qué no en Internet?

No obstante, la tarjeta de crédito sigue siendo, por su familiaridad, la reina de las compras online. En Estados Unidos, el 98,5% de las transacciones por Internet se hacen a través de este medio aunque, según Jupiter Communications, el 34% de los consumidores preferirían utilizar alguna otra vía.

Así, ahora también se pueden efectuar pagos a través de tarjetas inteligentes, que tienen un chip que contiene los datos del titular, pero a los que sólo se puede acceder con un lector especial. También existe la posibilidad de hacer todo tipo de compras y pagarlas juntas y periódicamente a través de un recibo como si fuera el teléfono o a través de un sistema de correo a correo en el que el número de tarjeta va a cifrado.

Otra modalidad es abrir cuentas en los comercios en Internet y a los que se proporciona una serie de información bancaria. De este modo, lo que se produce es una simple transferencia entre cuentas y los datos nunca circulan por la Red.

Los micropagos también han sido objeto de interés. Si tenemos en cuenta que el 12% de las compras que se realizan habitualmente tienen un coste inferior a los 10 dólares, resulta fundamental poder hacer pagos por importes pequeños. Con este fin han aparecido los conocidos como monederos electrónicos. Estos no son mas que pequeñas tarjetas similares a las de teléfono que son recargables. Además, si no se articula un mecanismo que haga factible esto, se podría dar la situación de que el pago de comisiones fuera superior al del producto adquirido en sí mismo.

El problema de los monederos electrónicos es que es que no existe un estándar común para poder operar en todos los sitios. No obstante, la reciente publicación de la Especificaciones Comunes para Monederos Electrónicos (CEPS), creada por Europay International puede acabar con este problema.

El conocido como dinero electrónico o e-cash es otra posibilidad. Esto no más que dinero de plástico que se contabiliza creando unidades virtuales que emulen monedas y billetes. Este sistema permite el total anonimato pero exige que ambos, tanto comprador como vendedor, tengan abierta una cuenta en un banco que permita este sistema. Por norma general, esta entidad facilita gratuitamente el programa de la cartera electrónica. Algo similar ocurre con los cheques electrónicos que permiten transferir el dinero de una cuenta a otra sin que los datos circulen por la Red.

Otras entidades, sobre todo españolas, han desarrollado sistemas de pago a través del móvil. El terminal envía una clave que identifica al usuario y por lo tanto los datos que se introducen están validados por el dueño de la tarjeta.


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