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Patagon.com, con la ITV pendiente

Nada es lo que era, tampoco en la banca electrónica. Y si no que se lo pregunten a Patagon, la apuesta multimillonaria del actual SCH y hasta hace poco uno de los ejemplos emblemáticos del triunfo en la Red, que corre serio peligro de enfrentarse a una dura reestructuración

Hace ya tiempo llegó el momento de replantearse estrategias e inversiones en este sector, todo en aras de una rentabilidad que antes no parecía tan fundamental. En el caso de Patagon, el que fuera uno de los más (sino el que más) importantes proyectos de la banca por Internet, lo que se está estudiando es su viabilidad.

Volviendo la vista atrás

El nacimiento de Patagon fue ejemplar de la manea que se suponía que nacían los éxitos (pelotazos) online. Su creador, Wenceslao Casares, también era emblemático para los emprendedores de esa época dorada de la Red: estudiante universitario que a los 23 años ya había fundado el primer ISP argentino y a los 26 años se hizo multimillonario con la venta de su creación.

La puntocom se concibió en marzo de 1997, pero no fue hasta mediados del año siguiente cuando sus cofundadores (Casares y el menos popular Constancio Larguía), cuajaron su sitio web inspirado en Charles Schwab. Gran parte del capital inicial, unos 200.000 dólares, procedía del empresario de origen húngaro Zsolt Agardy, que se quedó con el 51% de la compañía. En abril de 1999 llegaron Chase Capital Partners y Flatiron Partners con ocho millones de dólares.

Patagon era en ese momento la única empresa latinoamericana de su tipo, por cuyo nodo pasaban mensualmente unos 20 millones de dólares y con un ritmo de crecimiento de visitas que rondaba el 30%. Sin duda un caramelo apetecible en una época en la que había muchos dólares para gastar y aún más ganas de invertir en ese nuevo fenómeno que era la Red.

La llegada del dinero español

El Banco Santander Central Hispano (BSCH) adquirió a bombo y platillo el 75% del portal financiero en marzo de 2000 por la friolera de 575 millones de dólares. El BSCH contaba con que Patagon, que entonces tenía presencia en 12 países y más de 40.000 clientes, fuera su salvoconducto para adentrarse en Internet por la puerta grande.

Pocos días después, el banco español unificaba su nueva adquisición y Openbank, su filial de banca telefónica, bajo el nombre de Patagon. Tras la unión, la valoración de la compañía rondaba los 2.600 millones de dólares.

BSCH esperaba que la nueva Patagon.com, en la que pasó a poseer un 83%, además de darle sopas con onda a sus competidores (principalmente BBVA con su UnoFirst) saliera a bolsa en 2001.

Un descenso constante

Pronto empezó a quedar claro que no era tan seguro que Patagon fuera a conseguir los resultados que se esperaban de ella a medio y largo plazo. Internet derrapaba y, evidentemente, la banca electrónica también. Aunque es más que probable que todo el mundo conozca de memoria la historia de constante descenso de Patagon, que se puede resumir en que la niña bonita que ya le ha costado más de 1.000 millones de dólares al SCH ha dejado de ser la favorita de papá.

Pese a que los problemas estaban ahí, evidentes para todo el mundo, también surgían noticias que se pueden considerar positivas, como que Patagon había conseguido alcanzar beneficios operativos en mayo, siete meses antes de lo esperado, aunque no incluía gastos de marketing, contribuciones al Fondo de Garantía de Depósitos ni amortizaciones. También arrojaba luces la inyección de 273 millones de euros que recibió del SCH en septiembre, destinada en gran parte a absorber las pérdidas en Latinoamérica.

A finales de noviembre saltó a los medios la noticia de que unos días antes se había celebrado una reunión entre los directivos de las diferentes oficinas de Patagon en América Latina y ejecutivos del SCH en la que \”el ambiente no era optimista\” y tras la que se esperaba que el banco pilotado por Emilio Botín tomara \”drásticas medidas\” de cara al ejercicio de 2002. Sobre la reunión planeaban palabras como despidos (de momento, la apertura de nuevas oficinas ha provocado 38 despidos en Miami y otros 35 en Brasil), reducción de presupuesto y cierre de delegaciones.

Pedro Chinarro, máximo responsable de Patagon España, salió pronto al paso asegurando que \”estos temores son absurdos\” y que \”no hay plan de cerrar ninguna oficina hoy por hoy\”.

Pocos días después el SCH reconoció que se había marcado un plazo para decidir lo que iba a hacer con Patagon, que no se espera que sea rentable hasta 2003 (sin tener en cuenta los costes de adquisición). En enero de 2002 se sabrá qué pasa con este banco online, que fue ejemplar en su éxito y convencional en su devenir.

Por lo visto hay dos grupos divididos respecto al futuro de esta empresa. Por un lado se encuentran aquellos que prevén que el presupuesto que finalmente se apruebe para 2002 contribuirá al cierre de la totalidad de las costosas y poco rentables operaciones en América Latina, permaneciendo tan sólo con vida Patagon España, que ha superado determinados objetivos previstos, y la joven sede alemana, que se llama Santander Direkt Bank. Por otro lado, más moderado, se habla de medidas mucho más discretas como efectuar despidos en Argentina o cerrar la oficina de Venezuela, que no ha conseguido licencia para ser un banco.

Directivos de SCH aseguran que \”esta situación no quiere decir que sea el final del proyecto de Patagon\”. En cualquier caso, es una muestra más de que las formas de hacer las cosas han vuelto a la senda de los elefantes en la banca online, al igual que en muchos otros sectores que se vieron deslumbrados por brillantes y efímeros éxitos empresariales durante la época en la que las vacas pacían a dos carrillos.


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