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Patrullero Gadget y el empeño por dotar de piernas a los robots

Durante estos días (del 24 al 26 de noviembre) se está celebrando en Japón Robodex 2000, la mayor conferencia y concentración de robots vista hasta la fecha. En este marco no han despertado aplausos y alborozo entre la prensa los grises robots que fabrican coches en las cadenas de montaje, sino aquellos que más se asemejan a sus creadores y que son capaces de caminar, aunque no puedan llevar a cabo ninguna otra tarea de utilidad.

La enfermiza obsesión por hacer andar a los robots, por convertirlos en algo humanoide que se desplace igual que su diseñador, es algo completamente ilógico en términos funcionales. Conseguir que un robot ande requiere tal potencia de proceso que el pobre bicho no puede hacer ninguna otra cosa, es mucho más fácil ponerle unas ruedecillas y liberar toda esa capacidad de cálculo. ¿Porqué entonces esa insistencia? Puede que simplemente por orgullo, por demostrar que se puede conseguir. El complejo del Doctor Frankenstain es más común de los que parece. También puede ser porque esos robots son como un imán para la prensa. ¿Acaso este artículo no es una prueba?

SDR-3, para sacar de paseo al Aibo

Toshidata Doi, vicepresidente de Sony y principal responsable de la empresa Digital Creatures Laboratory, ha presentado en Robodex su último robot, Sony Dream Robot 3 (SDR-3). Este humanoide metálico es uno de los principales ejemplos de este empeño por construir hombrecitos artificiales a nuestra imagen y semejanza.

El plateado prototipo presentado por Sony tiene 24 articulaciones que le permiten andar alcanzando los 15 metros por segundo, dar patadas e incluso bailar (al menos es así es como definen sus creadores una serie continuada de movimientos convulsos). Este robot, cuyo nombre recuerda sobremanera a los protagonistas de lata de StarWars, también puede ver y oír gracias a un sofisticado sistema de reconocimiento de voz y de imágenes.

Otra característica que apreciarán los profanos es que es un humanoide bastante chiquitín, apenas mide 50 centímetros. Y es que conseguir un robot de metro noventa que camine con presteza está tan al alcance de nuestra mano actualmente como poner una pica en Venus.

Teniendo en cuenta que un Aibo baratito cuesta 2.300 dólares (Sony asegura haber vendido 150.000 unidades), no queremos ni pensar cuanto costará SDR-3 cuando esté disponible al público, si es que llega a estar disponible algún día.

Asimo, el humanoide de Honda

En Robotex, Honda es la empresa que le está haciendo la competencia a Sony con este tipo de robots con su Asimo (Advanced Step in Innovative Mobility). En cuestiones de robots caminantes, la pelota está claramente en el tejado de las compañías japonesas.

Asimo, heredero directo del robot P3 presentado por la misma compañía en 1997, se caracteriza por ser mucho más alto que el SDR-3. El robot de Honda es del tamaño de un hobbit (120 centímetros), la altura justa, según sus desarrolladores, para alcanzar a los pomos de las puertas y poder encender las luces. Se desplaza a 2 kilómetros por hora.

La pregunta del millón es ¿para qué sirven estos chismes? Parece poco probable que alguien pueda albergar algún interés en pagar uno ojo de la cara por hacerse con estos robots como mascota teniendo Aibos (o perros de carne y hueso, pero esa es otra cuestión). Tampoco parece tener mucho futuro como prototipo experimental, como semilla para desarrollar el mayordomo o el robot industrial perfecto. Es algo asumido entre los expertos en robótica, que el futuro de estos cacharros no pasa por tener piernas. En cualquier caso, algo queda claro, serán de lo más inútil, pero son lo más cool dentro de la robótica, sobre todo para los profanos en la materia.


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