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PC: que veinte años no es nada

El doce de agosto de 1981 IBM sacó al mercado una máquina fabricada a base de componentes electrónicos comerciales. Se llamaba Personal Computer, y tenía en el interior de su (ahora fea con ganas) caja gris un procesador Intel, 64K de memoria RAM, una unidad de cinco pulgadas para discos de 160K y todo ello bajo el control de un nefasto sistema operativo llamado MS-DOS, a la sazón fabricado por una empresilla de nombre Microsoft.

No era la primera computadora personal, ni la más barata, ni la mejor. Pero cambió el mundo. Como ocurrió con el sistema de vídeo VHS, la humanidad eligió con el corazón y la cartera, en lugar de decantarse por otra tecnología mejor, pero más cara.

Ya desde principios de los años 70 existían máquinas en el mercado, en muchos casos kits de montaje para aficionados a la electrónica. La industria fabricaba componentes cada vez más baratos y potentes siguiendo la inexorable ley de Moore, y los productos nacían y morían como una simulación darwiniana del ecosistema del silicio.

Auge y caída de los otros

Hay que contemplarlo bajo el concepto de computadora que se tenía entonces: grandes armarios con carretes de cinta magnética que costaban millones y sólo se podían permitir las grandes empresas. Las primeras computadoras personales recibieron su nombre precisamente por eso, porque las podían comprar y utilizar usuarios individuales.


El Apple II

Las máquinas TRS-80 (trash-80) de Tandy, el Altair de MITS, los Commodore Vic-20 y 64, los Atari o incluso el Sinclair ZX81, uno de los primeros que se podían considerar orientados al mercado doméstico, ya estaban ahí, junto con otro producto mítico de una empresa con nombre de fruta.

Apple llevaba ya cuatro años en el mercado con su modelo Apple II, y Macintosh estaba a punto de salir. Sin duda eran los amos del mercado, e incluso se permitían ser condescendientes en su publicidad: \”Bienvenidos, IBM, en serio\” decían en un anuncio de sus máquinas en el Wall Street Journal en el que explicaban por qué los PCs iban a ser importantes y la competencia deseable.

Tanto fue así, que hoy en día Apple cuenta con un 5% de las ventas mundiales de computadoras personales y desde el punto de vista empresarial es inexplicable que no haya cerrado ya.

Pero IBM era una empresa grande y consolidada, con una historia que se remontaba hasta principios del siglo XX. El PC era otra línea de negocio, ni más ni menos. IBM no quería conquistar el mundo, y por aquella época ya tenía miles de patentes. Por eso se permitió un lujo que el ego de cualquier startup no hubiera consentido: creó un sistema abierto.

Los beneficios de la transparencia

La clave fue la utilización de componentes no desarrollados por IBM, sino elegidos del catálogo de otros fabricantes. El procesador 8080 de Intel ya estaba allí, compitiendo (en desventaja) con otros más avanzados como los de Motorola. Las memorias, los controladores de entrada/salida, las unidades de disco… todo eran piezas \”de la estantería\” como se dice en aquel país.


El IBM PC 5150

Otro de los factores de éxito del PC de IBM fue el manual, en el que se aparecían detallados todos los circuitos, funciones y componentes del PC. Era el mapa del tesoro para cualquier ingeniero en aquel momento, y un paso inusitado para IBM: desvelar cómo funcionaba su producto.

La combinación de componentes comerciales y baratos y la documentación completa fue la que determinó el tremendo crecimiento del PC, hasta convertirse en un estándar. El PC se vendía por 3.500 dólares. IBM planeaba vender 250.000 unidades en cinco años, y vendió tres millones.

Los clones de la máquina de IBM comenzaron a aparecer por doquier. Grandes empresas como Compaq nacieron en aquella época. En 1986 ya se vendían más clones que PCs de IBM. Apple comenzó a perder terreno.

Una industria multimillonaria se creó de la noche a la mañana, y al final, ironía de las ironías, el mayor beneficiario no fue IBM, sino Microsoft.

Y luego llegaron ellos

Desde el punto de vista de los hackers, verdaderos profesionales y fanáticos de la tecnología, la victoria del PC es un caso de Fear and Loathing (miedo y asco), ya que se basa en la imposición de sistemas mal concebidos, poco potentes y demasiado caros.

El sistema operativo DOS de Microsoft era una mala copia de CP/M, un sistema desarrollado en los 70 por el ilustre Gary Kidall para procesadores Z-80 e Intel 8080 que lamentablemente desapareció. Al principio se llamaba QDOS (Quick and Dirty Operating Sistem) y lo había programado con mucha prisa (en dos meses) el hacker Tim Paterson.

Microsoft, que tenía el encargo de IBM y poco que ofrecer, licenció QDOS y lo revendió como MS-DOS. Aquel sistema imperfecto, lleno de parches e inconsistencias, es esencialmente lo mismo que sustenta Windows 98, lo que explica muchas cosas. Paterson todavía lo lamenta.

El procesador 8080 de Intel y su arquitectura ya estaban superadas al comienzo de los 80 por los procesadores 68000 de Motorola que utilizó Apple en los Macintosh. Los primeros entornos gráficos (que no sistemas operativos) Windows eran muy inferiores a los equivalentes de Apple. Pero la empresa de la manzana no supo licenciar su tecnología a tiempo, y la fea del baile salió ganando.

Un mundo nuevo

Las cosas han cambiado mucho. La industria del PC atraviesa un profundo bache, debido sobre todo a la crisis, la sobreproducción y el consiguiente exceso de inventario, el gasto tecnológico dislocado de 2000, la saturación del mercado, el exceso de potencia de los procesadores y el retraso tecnológico del software por el lastre (ahora lo es) de la compatibilidad con los productos anteriores.

IBM, en un discreto tercer puesto como vendedor de PCs, y tradicional enemigo institucional de la comunidad hacker, es ahora una compañía que apoya el movimiento open-source, incluyendo Linux en sus máquinas empresariales. Microsoft es la mayor compañía de software del mundo, y si no se le pone remedio, puede que termine siendo la única.

Como no podría ser de otra forma, el PC se convirtió en la mejor puerta de entrada a esa red mundial que es Internet, ha sido el vehículo de su extensión y de momento no tiene sustituto. Sin embargo es una herramienta torpe para digerir esa maraña de información y también un freno para hacer el acceso más fácil al público no especializado.

Si antes un PC era una máquina fascinante con un monitor de fósforo verde lleno de misterios, hoy es sólo un poco más inusual que una televisión. Las oficinas (y el mundo) no podrían funcionar sin ellos. Si se despoja a un ejecutivo de su Excel o PowerPoint seguro que llora como un bebé sin su chupete. La productividad por empleado no hace más que aumentar. Pero a cambio, como una broma cruel sobre las utopías futuristas, los oficinistas trabajan muchas más horas y algunos incluso están orgullosos de ello.

Sin esa máquina imperfecta que es el PC ahora el mundo sería diferente, pero no necesariamente mejor ni peor. Las ideas, los descubrimientos y los descubridores no son los que mueven el mundo. Son tan sólo una chispa que pone en marcha un proceso mucho más grande que ellos mismos y en el que los demás nos vemos envueltos sin remedio.

Darío Pescador tuvo su primer PC XT con 64K y dos disqueteras en 1984. Era su quinto ordenador y lo utilizó hasta 1993.


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