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Pero, ¿cuándo tocaremos fondo?

Durante las últimas semanas, los mercados de alto riesgo han venido marcados por un constante baile, eso sí, con tendencia más bien hacia la caída. Estos siete días hemos asistido a un Nasdaq en cotas que no se veían desde diciembre de 1998, lo que lo sitúa en niveles anteriores a la burbuja tecnológica. Cuando un índice parece que se coloca como suelo, al cabo de los días siempre se encuentra otro más bajo.

Tras las espectaculares subidas de 1999 y principios de 2000, que colocaron al índice de valores tecnológicos por excelencia en los 5.000 puntos, hoy este se encuentra cercano a los 2.100. Y lo que es aún peor, los analistas no se ponen de acuerdo sobre cuándo tocará fondo y remontará el vuelo.

Bien es cierto que la cosa no está nada fácil. A la pérdida de confianza de los inversores en los valores tecnológicos y la desaceleración de la economía estadounidense se han sumado ahora las revisiones a la baja en los beneficios de numerosas empresas del sector.

Asimismo, últimamente la amenaza de crisis monetarias y de deuda en varios países emergentes como Turquía y Malasia, y no tan emergentes como Japón, ha sido la puntilla. Estos últimos podrían terminar por contagiar los problemas a otros mercados y provocar una situación similar a la de verano y otoño de 1998, de la que aún hay secuelas en algunas zonas.

Para colmo, el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, que hasta ahora ha tratado suavizar las noticias sobre el freno de la economía de EEUU, ha echado más leña al fuego. En su ambigüa comparecencia del miércoles 28 de febrero ante el Congreso aseguró que la desaceleración aún no ha terminado, e insinuó que los tipos de interés (ahora al 5,5%) no se moverán, al menos, hasta la próxima reunión de la FED del próximo día 20. Lo que faltaba para desanimar a los inversores…

Todo ello ha traído consigo no sólo la caída del Nasdaq, sino que la tendencia se ha generalizado en los mercados tecnológicos de todo el mundo así como en los convencionales. Desde Asia a Latinoamérica, pasando por Europa, esta semana las pérdidas han sido la tónica habitual en los mercados.

Una luz al final del camino

Aunque el panorama parezca a primera vista algo desolador, algunos índices económicos publicados durante estos días señalan que la economía no está tan mal y que hay un atisbo a la esperanza. Esto podría explicar la decisión de la FED de mantener la prudencia y esperar para bajar las tasas de interés.

El Producto Interior Bruto estadounidense sufrió en el cuarto trimestre una revisión a la baja de 3 décimas, situándose finalmente en el 1,1%. Por su parte, el índice manufacturero de la Asociación Nacional de Gestores de Compras se colocó en febrero en el 41,9 (cualquier cifra menor a 50 significa retraimiento), siendo este el séptimo mes en que está en zona de declive.

Sin embargo, estos datos hay que tratar de verlos con perspectiva. Aunque se aprecia un retroceso de la producción industrial, el índice manufacturero del mes de febrero es inferior al 41,5 previsto inicialmente y al 41,2 de enero. Esto ha hecho que algunos analistas afirmen que en enero se tocó fondo y vean cercano el fin de la recesión.

Al mismo tiempo, aunque el indicador de confianza de los consumidores es el más bajo de los últimos meses, se ha conocido que los ingresos personales en Estados Unidos se incrementaron en enero (mes en el que la economía sufrió un mayor parón) el 0,6%. Mientras tanto, el consumo personal aumentó en el mismo período el 0,7%, alcanzando los 9,96 millones de dólares.

Según estas cifras, el nivel de ahorro de los estadounidenses ha caído en el pasado mes el 1%, situándose en el nivel más bajo de la historia. No parece, por tanto, que el aumento de la tasa de desempleo, que tras la ola de despidos está en la peor cota de los últimos 10 años, asuste, de momento, a los consumidores.

Los inventarios empiezan a decrecer

Esta reactivación del consumo está produciendo a su vez que los inventarios, culpables de muchos de los ajustes que han llevado a cabo las empresas, comiencen a decrecer y se acoplen más a la demanda. Esto podría provocar una cercana reactivación de la producción.

Al aumento del consumo personal habrá que unir en los próximos meses la bajada de impuestos que planea George Bush y que cuenta con el respaldo de Alan Greenspan. Cuando esto suceda, si el índice de gastos y ahorro de los ciudadanos se mantiene y finalmente bajan los tipos, la mayor amenaza para la economía estadounidense puede ser la inflación.

Europa y Latinoamérica

El resto del mundo está muy pendiente de la evolución de la economía estadounidense, y no es para menos porque de ella depende en gran medida la reacción de los mercados internacionales. Si Estados Unidos no logra recuperarse y sigue cayendo, tendrá que ser Europa la que tome el testigo del crecimiento, algo que no está muy claro si será capaz de hacer.

Las economías del Viejo Continente han comenzado también a crecer de una forma más suave. El PIB alemán (que supone el 35% del global de la UE), sufrió una ligera ralentización durante el último trimestre de 2000, con un aumento de sólo el 1,9%. Asimismo, los germanos han frenado su consumo y la inversión. Estos datos garantizan una inflación controlada, lo que podría animar al Banco Central Europeo a bajar en el futuro las tasas de interés y favorecer otro despegue.

En Latinoamérica la situación está más complicada. Aunque parece que la reacción del FMI y el Banco Mundial está siendo rápida a la hora de atajar las crisis de Malasia y Turquía, algunos inversores han puesto las alarmas ante la posibilidad de que la tormenta monetaria llegue a estos países. Los problemas en los mercados emergentes se contagian a otros con gran facilidad y podría crear enormes complicaciones en Iberoamérica.

Si finalmente estas crisis se superan como parece que lo van a hacer y en Estados Unidos comienza la recuperación, los mercados latinoamericanos no tienen por qué tener problemas en los próximos meses.


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