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Problema de magnitud

Con alguna frecuencia, los medios de comunicación se encuentran con el problema de mantener la atención de su audiencia, después del súbito aumento de la misma que sucede a cualquier gran acontecimiento, (más aun si es trágico). Por eso no es de extrañar que, a pesar de haber transcurrido más de mes y medio desde los ataques a Nueva York y Washington, de alguna manera casi todo lo que sucede en el mundo, en lo político y en lo económico, busca la referencia de estos atentados como elemento amplificador de sus consecuencias u orígenes.

A lo largo de la pasada semana hemos continuado con el rosario de anuncios de nuevos despidos en grandes corporaciones de muy distinta actividad. En todos los casos, toda o parte de la responsabilidad, se achaca a las consecuencias del 11-S. Aunque obviamente esto es así en muchos casos, no es menos cierto que algunas compañías se han puesto a repartir \”boletas rosas\” (símbolo del despido en EEUU) como consecuencia de un sobredimensionamiento de estructuras que nada tiene que ver con la situación actual, sino más bien con una errónea gestión del crecimiento. En cualquier caso hay que tener en cuenta que bastantes despidos anunciados, se plantean en programas de reducción a desarrollar a lo largo de varios meses. Esto tiene como consecuencia que algunos de esos recortes no adquieran las dimensiones previstas si se produjera un cambio de tendencia (como anuncian algunos analistas) a lo largo de la primera mitad del 2002.

En este estado de cosas parece lógica también la evolución de todos aquellos índices que miden la confianza de los consumidores (a pesar de la ligera subida de Octubre frente a los datos de Septiembre, según la Universidad de Michigan) y su evidente influencia a la hora de realizar proyecciones a corto y medio plazo de las economías occidentales (y principalmente la de EEUU) por la vital importancia del consumo privado en el crecimiento.

En Europa la semana, una vez más, ha tenido al BCE y su negativa a bajar de nuevo el precio del dinero, en el centro de las discusiones. Los buenos datos de inflación, y el anuncio de recortes de expectativas de crecimiento, no han sido argumentos suficientes. Resulta especialmente significativas las presiones que se vienen ejerciendo desde Alemania sobre la autoridad monetaria, no ya solamente desde el gobierno —que ha llegado a acusar directamente al BCE de la situación recesiva en que se encuentra el país—, sino también de los otrora defensores de la independencia frente al poder político. Los seis institutos económicos han hecho publica su recomendación de relajar el objetivo de mantenimiento del déficit dentro de lo impuesto en el pacto de estabilidad, en aras de esquivar la recesión en Europa. Mucho ha cambiado su actitud, si tenemos en cuenta la no muy lejana ortodoxia del Bundesbank.

Para terminar, de nuevo, Argentina. El especial sistema de reparto de poder entre el gobierno de la nación y los gobernadores de las provincias, hace que la difícil situación económica que atraviesa el país tenga en conjunto el aspecto de un complejo rompecabezas de muy difícil encaje. Lo peor: no parece que exista una buena solución; todo lo más, se busca provocar el menor mal.

Distintas dimensiones para distintos problemas.

 

Vicente Martínez es e-business manager de IBERAGENTES ACTIVOS S.V. S.A.


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