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¿Puedes abrirme el correo?

Es una de las estrellas de Internet. El e-mail, correo electrónico o familiarmente emilio, da mucho juego. Herramienta básica de comunicación en la mesa de cualquier trabajador de oficina conectado a la Red. ¿Herramienta o adicción? Cada vez son más los usuarios del correo-e, unos confiesan que lo primero que hacen nada más llegar al trabajo es abrir el correo-e, otros confiesan que se pasan horas contestando las montañas de correos que reciben diariamente, e incluso los hay que juran que se enfadan cuanto la bandeja de entrada está vacía.

Con este panorama, a los que les ha cambiado la cara y empiezan a estar cada vez más preocupados, es a los empleadores que impunemente observan como sus empleados gastan horas de su precioso tiempo enviando y recibiendo todo tipo de objetos por

e-mail, probablemente ajenos a sus quehaceres. Cada día gran parte de los cientos de millones de usuarios de correo electrónico de todo el mundo envían y reciben correos desde sus puestos de trabajo.

Una llamada, una carta, un e-mail…

La cuestión es: ¿De quién son estos correos?, ¿quién ostenta la titularidad de los mismos?, ¿se pueden considerar privados?, ¿puede aplicarse a los correos-e la protección de inviolabilidad existente para las llamadas telefónicas o la correspondencia postal? Resulta lógico pensar que cualquier correo tendría un tratamiento similar a una llamada telefónica, una carta postal, etc., que cualquier empleado recibiera en su lugar de trabajo, pero la lógica jurídica no siempre coincide con el sentido com.

De un lado se contempla problema del tiempo que un empleado utiliza en elaborar y reenviar correos particulares, y el que puede hacer perder a sus compañeros, es decir, el factor tiempo como coste real para el empleador. De otro lado, y derivado del primero, surge la duda de la legitimación de la empresa para controlar, leer, etc., el correo de los empleados, que se supone privado.

Comparaciones: ¿odiosas o necesarias?

Comparar el correo-e con las llamadas telefónicas personales realizadas en la empresa, puede aportar perspectiva. El hecho de que cualquier empleado use el teléfono del trabajo para realizar alguna llamada personal, suele ser una práctica normalmente admitida por las empresas. Pero los problemas crecen cuando algún empleado dedica gran parte de su tiempo a hablar por teléfono. A la empresa le preocupa tanto el coste de las llamadas, como el tiempo perdido en realizarlas. Por ello muchas empresas advierten a sus empleados de que la información acerca de todas las llamadas que realizan queda registrada (número de abonado al que se llama, duración de la llamada, número de llamadas realizadas e incluso recibidas, etc.

Si algún empleado hace un mal uso del correo-e, se le puede avisar, amonestar, sancionar o, incluso si incurre en causas que justifiquen la procedencia, puede ser despedido, pero ningún empleador cortaría el teléfono, por ejemplo (excepto radicales). O tampoco se podría, sin autorización expresa e intervención de terceros, pinchar un teléfono para saber de qué hablan sus empleados. Ambas soluciones sí han sido propuestas para acabar con los problemas que plantea el correo-e.

Autonomía limitada

En varios escenarios se cuestiona ya la legitimación del empleador para vigilar los hábitos de sus empleados, para supervisar sus hábitos de navegación o de uso del correo. Es claro que la propiedad de las máquinas es de los empresarios, y que el tiempo empleado en el correo-e \’pertenece\’ asimismo al empleador. Pero no se contempla como garantía el hecho de que el mismo tenga una autonomía ilimitada sobre los equipos o sus recursos humanos. Es decir, el contrato laboral que ampara ese derecho del empresario a disponer o a controlar esos recursos no es absoluto.

En aras de proteger ese derecho no se puede violar el derecho a la intimidad (o la mal llamada privacidad si se traduce literalmente del inglés privacy), que es un derecho fundamental protegido en la Constitución y por ende de mayor rango. La posible solución habrá de armonizar necesariamente ambos derechos, ya que permitir el acceso ilimitado al correo-e del trabajador, pasaría por encima del derecho del trabajador al secreto de las comunicaciones, que actualmente se establece como una garantía formal a la comunicación libre, al margen de quién ostente la titularidad de la empresa.

Es cierto que en España no hay una regulación específica sobre el tema, y que el ámbito del derecho a la intimidad no es proteger las relaciones en el trabajo, pero lo que parece claro según la regulación vigente, es que el derecho del empresario a controlar los e-mails de sus trabajadores ni es ni puede ser absoluto.

El derecho a la intimidad colisiona con el de control del empleador

El caso Netcom: una curiosa vuelta de tuerca

Uno de los más curiosos casos acaecidos recientemente ha sido el caso Netcom. Ante la gran avalancha de correo basura y publicidad no deseada (spam) que recibían en la empresa (la compañía decidió que estos correos podrían molestar en según qué círculos y que podrían considerarse un asalto a la intimidad de sus empleados), Netcom de motu proprio instaló un sistema de filtrado informático automático.

Dicho programa escaneaba el correo de todos los empleados y eliminaba los mensajes cuyas palabras clave habían sido prefijadas. Según el portavoz de Netcom, la medida fue tomada desde la buena fe, y según ellos, consideraron que el uso de un programa de ordenador sin intervención humana directa, resolvería el problema. Pero las protestas de los empleados no se hicieron esperar. Comenzaron a quejarse y dijeron que si empezaban por controlarles el correo, ¿qué vendría después?.

Un programa de este tipo no debería haberse instalado sin consentimiento de los empleados, pero sobre todo nunca sin previo aviso de su instalación, ya que era muy sencillo programarlo para que, además de controlar el correo basura, pudieran detectar qué empleados enviaban mensajes de contenido privado o no adecuado según los criterios de la empresa, conocer a los que usaban el correo sobre todo para fines no profesionales y tomar medidas contra ellos. Lo retiraron y ahora son los empleados los que deciden qué hacer con el correo no deseado.

Yo sólo mandé unos mails…

¡Y me despidieron! En España, un caso reciente ya se ha convertido en uno de los representativos y ha multiplicado las voces del debate. No es otro que el reciente despido de un trabajador de Deustche Bank por lo que la compañía entendió como \’mal uso del e-mail\’. El banco despidió a uno de sus empleados por enviar 140 correos electrónicos ajenos a la actividad de la empresa en un plazo de unas cinco semanas.

El contenido de los mismos era de carácter sexista, humorístico y en algunos casos, obsceno. Pero lo realmente relevante de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es que admite que la empresa accediera al correo electrónico del empleado con la finalidad de comprobar el uso irregular por parte del mismo. La empresa, por su parte, había hecho una prohibición expresa del uso de dicha herramienta para fines particulares. El despacho de abogados que defendía los intereses de la entidad, consideró justificado el hecho de pinchar el correo del empleado \”para precisar la incuestionable naturaleza de los mensajes objeto del despido\”.

España reacciona

Las respuestas fueron múltiples y no tardaron en llegar. El portavoz socialista de la Comisión de la Sociedad de la Información, Félix Lavilla, instó al Senado a presentar, en un plazo de tres meses desde dicha sentencia, un paquete de medidas a través de las cuales se garantice el derecho de todos los españoles a la intimidad e inviolabilidad de sus comunicaciones a través del correo electrónico, tanto en el ámbito laboral como en el privado.

Los socialistas reclaman también un plan de seguridad de las comunicaciones telemáticas y del correo-e, e incluso llegaron a constatar la necesidad de diseñar normativas mundiales que preserven la intimidad y libertad de los ciudadanos a la hora de enviar o recibir contenidos a través de la Red.

El presidente de la Asociación de Internautas, Víctor Domingo, se mostró radicalmente contrario a la inspección del correo por parte de las empresas, e incluso a que se limite el uso privado del e-mail por parte de la empresa: \”ya que el envío de los mismos no supone un coste adicional para la empresa\”. Dicha asociación ha reaccionado muy aprisa y ya ha puesto en marcha una campaña para garantizar la intimidad de las comunicaciones en el trabajo, que ya ha dado sus primeros resultados.

Según Miguel Pérez Subías, presidente de la Asociación de Usuarios de Internet, la sentencia \”contraviene el espíritu de la normativa\” y es ilegal, porque el correo-e debe de tener el mismo tratamiento que el correo convencional o las llamadas de teléfono. No es necesario crear nuevas leyes, sino que basta con hacer cumplir las actuales\”.

Aunque no todos están de acuerdo. Algunos juristas expertos piensan que el despido del caso Deutsche Bank es procedente, y que las empresas tienen ese derecho a examinar el correo de los empleados, máxime en el caso de que hubiera una prohibición expresa de hacer un uso particular del mismo.

Reino Unido: controlar o morir

En el Reino Unido se está llevando a cabo una auténtica cruzada por regular el control de Internet. En fin, ¿qué cabe esperar de uno de los países que tiene más cámaras de videovigilancia del mundo? GreenNet publicó durante este año unas declaraciones sobre las intenciones del Gobierno británico que pensaba otorgar a los servicios de inteligencia y a la policía, la facultad especial de leer correo electrónico privado.

Patricia Hewitt (ministra encargada del comercio electrónico) argumentó en su día que dichos planes eran necesarios, ya que: \”el delito se ha convertido en un asunto global y digital y hemos de regularlo\”. Aunque no dijo que uno de los \”delitos\” que el gobierno intenta combatir, es el tipo de protesta social pacífica que tuvo lugar en Seattle durante la reunión de la Organización Mundial del Comercio, o en Praga de 2000.

Es decir, aquí el fenómeno de control del correo-e, toma dimensiones sociales pues pretende cercenar el asociacionismo de personas civiles que puedan opinar o dar a conocer otras voces distintas de las oficiales. Esto recuerda bastante a las medidas tomadas por el gobierno Thatcher, que cuando durante las huelgas más duras de sindicatos, autorizó a la policía para que interceptara los teléfonos de los sindicalistas del sector minero, el más radical, en aras de la seguridad nacional.

El gobierno británico autorizó, en octubre del presente año, a las empresas para tener \”acceso rutinario\” a los correos-e y llamadas telefónicas de sus empleados, siempre que sea para comprobar si eran o no relativas a cuestiones de trabajo.

Alemania o el progreso

En contraposición a la ley inglesa que va tomando forma, el gobierno alemán está estudiando una legislación que prohibiría a las compañías leer el correo electrónico privado enviado desde el lugar de trabajo. Una información aparecida en el diario Handelsblatt, dijo que estaba en estudio una propuesta para asegurar la privacidad del correo-e de los empleados mientras no perjudicara los intereses de los empleadores. Esta noticia fue confirmada por el ministro de trabajo, Walter Riester.

Aunque el borrador se encuentre en una fase preliminar y pueda pasar aún algún tiempo hasta que se presente en el Parlamento, los primeros pasos ya se han dado. El sindicato DAG en un comunicado dijo que: \”el control del uso privado de Internet por parte del empresario debe ser prohibido severamente\”. Alemania tiene una legislación rígida y muy respetuosa con la privacidad y los sindicatos han instado al gobierno a actualizar la protección en la era Internet. Esta noticia aparecía varias semanas después de que el gobierno británico quitara las trabas que obligaban a las compañías a obtener el consentimiento de los empleados antes de hacer un seguimiento de sus comunicaciones.

París bien vale un correo

Una sentencia del Tribunal Correccional de París, condenó el mes pasado a tres altos cargos de la Escuela Superior de Física y Química Industrial de la capital francesa por violación del secreto de correspondencia electrónica al interceptar mensajes de un estudiante. Según dicha sentencia, el correo electrónico \”es como uno convencional, una correspondencia privada protegida por el derecho al secreto de las comunicaciones postales\”.

Argentina: el caso Lanata

En Argentina, el fallo del caso Lanata ayudó a definir al debate sobre la privacidad del correo-e. Se trata de una querella interpuesta al periodista Jorge Lanata por haberse apoderado indebidamente de una correspondencia para su posterior publicación, cuando no estaba destinada a tal fin. Lo interesante de dicha sentencia, en cuanto a la privacidad, se halla en los considerandos, que textualmente dicen: \”… el correo-e posee características de protección de la privacidad más acentuadas que la vía postal a la que estamos acostumbrados, ya que para su funcionamiento se requiere un proveedor de acceso al servicio, el nombre del usuario y una clave de acceso.

Sentadas estas bases, nada se opone -continúa la sentencia- para definir el medio de comunicación electrónico, como un verdadero correo en versión actualizada. En tal sentido, la correspondencia y todo lo que por su conducto pueda ser transmitido o recibido, goza de la misma protección, al menos, que la del correo convencional…\”.

El que avisa no es traidor…

… ¡Sino avisador!. Cada vez suenan más los casos de despidos el mal uso del correo-e. La compañía Cable & Wireless despidió a seis empleados y abrió expediente a otros tantos el mes pasado por enviar correos-e ofensivos, según informó The Guardian. La empresa Holset Engineering también despidió a dos empleados por enviar correos que se salían de lo \”estrictamente profesional\”, acusados de mala conducta por haber difundido un gran número de mensajes de contenido sexual.

Hace unos días, los empleados de la firma de seguros Royal Sun Alliance fueron las últimas víctimas por hacer mal uso del correo electrónico de su empresa. Unos 40 empleados fueron despedidos cuando un \’correo sucio de Burt Simpson\’ llegó por error al director de la compañía. Dicha empresa es conocida por su rígida y estricta política sobre el uso del e-mail en la compañía.

La primera victoria

Aunque también hay otros casos en los que la privacidad del usuario gana. Es el caso de los dos internautas que han ganado la batalla legal a una compañía de New Jersey, que ha tratado por todos los medios de desenmasacarar sus identidades en un proceso por difamación.

Parece ser que ambos sujetos, en un message-board de Yahoo! incurrieron en difamación y la compañía difamada pretendía saber sus identidades, que al final, han quedado a salvo. Según abogados independientes, el haber ganado esta batalla legal es un hecho histórico y representa una gran victoria que protege la identidad de los usuarios en Internet y la libertad de expresión en sus conversaciones.


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