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Push, IT, WAP!: Mitos urbanos en la era del railite

El abuelo de hiperactivo! cumplirá 90 años la semana que viene. Este personaje sabio y anciano, al que el columnista que les escribe debe gran parte de su curiosidad científica, ha sido testigo de los desarrollos del siglo XX: dos guerras mundiales, una civil, dos repúblicas, una dictadura, una monarquía… ¡parlamentaria!, el auge del automóvil y del transporte aéreo, y sobre todo, el triunfo y cuasi posterior derrota de la penicilina.

Los personajes finiseculares, ¡ay pobres de nosotros!, no asistiremos a nada de eso. Nos tocó asistir al fin de la historia, con Fukuyama como comentarista televisivo, y ahora vivimos el eterno retorno del tiempo circular en el que todo vuelve a suceder por segunda vez.

Excepto los mitos urbanos, que siguen renovándose.

Detrás de un mito urbano siempre hay un testigo anónimo

Cada poco nacen nuevos mitos urbanos. ¿Recuerdan la historia de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York? ¿Y la del muchacho que, en una noche de borrachera, se acabó llevando a casa el automóvil del policía que le había detenido en la calle? También está esa de que Walt Disney no está muerto, sino congelado; o la del novio por Internet que resultó ser ¡su propio padre! Pues todo esto que \”no me ha pasado a mí, pero se lo ha contado un vecino a mi primo\” entra en la categoría de mito urbano.

Hay una clara diferencia entre un mito urbano y una mentira. La noticia, recurrente en los periódicos, sobre un pastor siberiano que ha vuelto a descubrir la teoría de la relatividad, es un mito urbano. Si además dijeran \”Sergei Ivankov, de 68 años de edad, pastor y juglar de la región siberiana de Vayarrasca\”, pues podría ser verdad, o ser mentira. Hay datos verificables o falsables, que decía Karl Popper. Pero dicho en genérico: \”un pastor siberiano, que lo ha dicho un periódico de Kiev\” -sin mencionar la cabecera- seguro que es un mito urbano.

El abuelo de hiperactivo! se ha retirado del mundanal ruido, y desde hace diez años vive rodeado de recuerdos, libros de astronomía, micología y química orgánica. La Internet lo pilló mirando dentro de casa. Los mitos urbanos, sean nuevos o viejos, le llegan a través del ABC.

Pero hiperactivo! estaba en la red de chat IRC-Hispano el mismo día en que corrió como la pólvora la \”noticia\” de que Ricky Martin había sorprendido a una jovencita realizando actos de sexo oral con un caniche. Por supuesto, en cuanto todos encendieron el televisor, el programa en cuestión había pasado al siguiente invitado y mostraba imágenes no menos vergonzantes y pasmosas, pero nada de lo propagado en la red. Al día siguiente, muchas personas afirmaron \”es verdad, porque lo vio mi tía/mi primo/mi padre que tenía la tele puesta/mi primo que es ciego pero lo escuchó porque pone la tele para oírla\”.

También existen mitos urbanos hipertecnologizados, como el caso de IT, del inventor norteamericano Dean Kamen. La noticia de que Kamen iba a publicar un libro sobre un dispositivo que \”cambiaría la forma en que usamos las ciudades\”, y en el que participarían como inversores Jeff Bezos y Steve Jobs, nada menos, hizo que todos los mentideros digitales especularan sobre qué sería el invento. ¿Un patinete monociclo? ¿Una mochila-cohete? ¿Una conexión ADSL que se instala en menos de una semana laboral? Sea lo que sea, ya tiene su propia página web, The IT Question, \”una especie de centro de crisis\” que concentra \”rumores y elucubraciones\”, por usar las palabras de José Luis de Vicente.

Esta forma de mito urbano es además un síntoma de la enfermedad hiperacelerada de la prensa postmoderna. Su agudísimo diagnóstico también se ha propagado rápidamente. Quien mejor lo explique quizá sea el director de una revistucha económica por Internet: una exclusiva es publicar hoy lo que los demás van a publicar mañana. Si los demás no lo publican mañana, es que te has equivocado de noticia.

Memes autosostenidos, o de la imposibilidad de fabricar vida inteligente

Una cualidad de los mitos urbanos es que surgen por sí solos. La ingeniería memética (que trata de los memes, o ideas que se reproducen culturalmente) no es una ciencia exacta. Cuando un gracioso del MIT hizo un sitio web sobre Gatos Bonsai logró la indignación de comunidades enteras, y referencias en agencias de prensa y medios de comunicación supuestamente serios. Pero los propagadores de ideas contagiosas no siempre logran su objetivo.

Fíjense por ejemplo en cómo las compañías telefónicas no consiguen que arranque WAP, una plataforma de Internet móvil que cambiará la forma en que la gente compra, trabaja y se entretiene. Y el WAP no arranca porque, simplemente, es una chapuza sin cuento.

A no ser que estén ustedes en desacuerdo, y sean usuarios de WAP (o lo sea un tío suyo, o su primo, o un amigo del colegio tenga un hijo que lo use a diario). En este caso hiperactivo! puede venderles muy baratitas unas tecnologías PUSH que llevan cambiando la forma en que la gente usa la Internet desde… ¡buf!, por lo menos desde el año 1997!

Gracias por su atención, y ¡feliz cumpleaños, abuelo!

Javier Candeira, además de ser hiperactivo!, atiende al apodo de Candyman, un noble personaje imaginario, protagonista de un cuento sobre un mito urbano. Si quieren hablar con él, pueden situarse frente a un espejo y decir tres veces: \”candyman, candyman, candyman\”.

© 2001 Javier Candeira y Baquia.com. Se permite su reproducción íntegra y literal, mientras se conserven la atribución de autoría y origen.


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