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¿Qué fue del dominio .EU?

Hace un año, la Unión Europea se decidió por fin a solicitar un dominio único para todos los estados miembros, el .EU. Con ello se pretendía hacer un frente común que reforzara la identidad europea y permitiera un más rápido desarrollo del comercio electrónico. Sin embargo, y aunque ya está aprobado su reglamento, todavía no hay indicios de cuándo podrán los europeos comenzar a registrar los nuevos dominios: la burocracia manda.

Complejo de inferioridad

En febrero de 2000 la Comisión Europea inicia una ronda de consultas con el fin de crear un nuevo dominio de primer nivel (TLD), el .eu. El Consejo de Europa aprueba la medida, cuyo objetivo principal es contribuir al desarrollo del comercio electrónico, en la conferencia de Lisboa que tiene lugar durante el 23 y 24 de marzo.

Con ello comienza a articularse la iniciativa eEuropa, lanzada por la Comisión Europea en diciembre de 1999. Con esa iniciativa de rostro humano (se busca por encima de todo la inclusión de todos los ciudadanos y el mantenimiento de la cohesión social) se pretende digitalizar el continente y estimular una nueva cultura empresarial. Para ello, se establecen diversas propuestas (acceso más barato, aceleración y regulación del comercio electrónico, creación de un mercado de capital panaeuropeo, digitalización del sector público, etc) con el fin de extender los beneficios de la Sociedad de la Información a todos los europeos. La creación de un dominio único para toda la Unión Europea representa uno de los primeros intentos por llevar sus bonitas teorías a la práctica.

A finales del mes de julio se publican las conclusiones de esa ronda preliminar, de la que nace una petición a la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers, ICANN, para que le sea delegado el nuevo dominio. Hacia finales de septiembre, la ICANN da luz verde para la creación de un nuevo nombre de dominio no incluido en su contrato original con el Ministerio de Comercio (Department of Commerce) estadounidense. Para ello reconoce las siglas EU como representativas de una determinada territorialidad geográfica y las añade a la lista ISO 3166. Es entonces cuando las instituciones europeas se ponen manos a la obra para redactar los preceptos técnicos y legales bajo los que habrá de regirse el nuevo dominio. Unos meses después, el reglamento, que establece normas de competencia judicial, es aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa.

Su nacimiento repite lo sucedido con el euro y las monedas nacionales. Estas últimas, numerosas y fragmentadas, ceden su lugar a una moneda fuerte llamada a competir en igualdad de condiciones con el dólar. El dominio .eu, a ese respecto, pretende ser una superación de los dominios locales, de forma que el comercio electrónico europeo pueda enfrentarse con garantías a las empresas estadounidenses, las reinas indiscutibles del dominio .com.

Con la aprobación del nuevo dominio se obtienen dos grandes ventajas, como señaló Manuel Desantes, Vicepresidente Jurídico de la Oficina Europea de Patentes y Marcas y asesor jurídico de la Comisión Europea, durante su ponencia sobre la evolución del dominio .EU en el III Seminario de Telecomunicaciones e Información organizado por la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Por un lado, se descongestiona el acceso a Internet, al incrementarse las posibilidades de registro. Los tres dominios genéricos principales, .COM, .ORG y .NET alcanzan ya los 20 millones de registros. Por el otro, se mejora la interoperatividad de las redes transeuropeas garantizando la disponibilidad de servidores en toda la Comunidad.

El nuevo dominio nace por tanto con la voluntad de ser específicamente europeo. Por esta razón, se establece que sólo los europeos o empresas con domicilio social o centro de actividad principal en territorio de la Comunidad puedan registrar este tipo de dominios.

El Registro fantasma

Una vez se acordado su nacimiento, y como sucede con los dominios genéricos y los nacionales, hace falta una entidad encargada de organizar, administrar y gestionar el dominio .eu. Es decir, una suerte de Network Solutions, a la que la Comisión Europea cedería la gestión durante un periodo de cinco años mediante contrato renovable y revocable.

Al contrario de lo que sucede con el antiguo monopolio del registro de dominios, el reglamento establece que la entidad encargada del dominio .eu deberá ser una organización no gubernamental gestionada en pro del interés público. En caso de beneficio, los excedentes irán a parar a las arcas de la Unión Europea. Y aunque define las competencias de la entidad, sin embargo deja las labores de designación y de localización geográfica abierta a posteriores y encarnizados debates entre los estados. La localización puede resultar importante, pues serían los tribunales ordinarios del país del Registro donde se diriman los conflictos causados por sus decisiones.

La entidad encargada del registro tendría cuatro funciones principalmente: administrar y gestionar el mantenimiento de las bases de datos y el registro de dominios (lo que incluye elegir distintos registradores comunitarios), aplicar las políticas y procedimientos públicos correspondientes de forma transparente y no discriminatoria, asegurar que nadie que esté en su derecho y lo solicita se queda sin dominio y cobrar lo suficiente como para hacer frente a sus gastos.

En cualquier caso, la figura del registro supone que por primera vez se produce en el marco del derecho comunitario una delegación de funciones \”públicas\” a una entidad privada sin ánimo de lucro, como indica Desantes. A este respecto, la Comisión Europea, apoyándose en la jurisprudencia del Tribunal de Justicia y en los principios generales de derecho comunitario, ha señalado que las cuestiones de \”política pública\” no pueden ser delegadas a una entidad privada.

De ahí que el organismo, una vez elegido, deba colaborar con la Comisión en la confección de los formularios de registro que incorporen cláusulas que impidan \”el registro especulativo y abusivo de nombres de dominio\”. También deberán definirse procedimientos para acudir a la resolución de conflictos de nombres de dominio por vía extrajudicial (arbitraje), siguiendo, no faltaba más, los preceptos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, OMPI.

Por supuesto, una de las vías propuestas para impedir la usurpación indiscriminada de dominios sería la de permitir diferentes fórmulas de registro previo como medida de protección para diversas entidades. Entre las afortunadas estarían las instituciones de la Unión Europea y los gobiernos de los estados miembros. Además, habría que reservar dominios de segundo nivel para sectores como el de servicio público, las organizaciones no gubernamentales, de cooperación, etc.

De esta forma, se instaura un doble sistema represivo y preventivo con el que evitar los problemas con los dominios, como señaló Desantes.

Todos a la espera

La Unión Europea espera que el nuevo dominio cale hondo entre sus ciudadanos. Sólo durante el primer año, la Comisión Europea calcula que se registrarán 1 millón de dominios, la misma cifra que en los dos años siguientes (sólo en el Reino Unido, existen 2 millones de dominios .uk). Con semejante volumen, la Comisión estima que el coste del dominio debería situarse cerca de los 40 euros.

Sin embargo, nadie puede asegurar que la Comisión no peque de optimista. Después de un año, las especificaciones técnicas y legales de la entidad encargada del registro siguen discutiéndose con diferentes organismos representativos del sector privado. Mientras la Comisión se esfuerza por no enfadar al sector empresarial europeo, los ciudadanos se tiran de los pelos y la ICANN aprueba siete nuevos dominios, que serán operativos en tan sólo unos meses.

Una vez más, como afirmó Desantes, la complejidad del mecanismo de la adopción de actos comunitarios por mayoría cualificada del Consejo y en codecisión con el Parlamento Europeo puede hacer que la entrada en vigor de una nueva propuesta se dilate en el tiempo. La rapidez y la flexibilidad, dos palabras de uso frecuente en la Sociedad de la Información, permanecen ajenas a los mecanismos decisorios en el seno de la Unión. El dominio será bienvenido, si es que viene.


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