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Radio online: el final del disco físico

Durante mi experiencia laboral en Internet, he sido un escéptico radical. Nunca pensé que algo semejante a una radio online pudiera tener el más mínimo éxito por mucho que los gurús de la era cibernética se empañaran en que la Red iba a caminar nuestras vidas en todos los aspectos. Ahora, ya fuera del medio y con dos años de andadura en el periodismo digital y musical, creo tener suficientes argumentos para ponderar el futuro del medio sonoro dentro de la red digital.

Y estos argumentos podrían llevarme perfectamente a condenar a muerte cualquier intento de crear una estación de radio estable dentro del medio Internet, pero prefiero inclinarme por la vena optimista. Sobre todo a raíz de un comentario que un periodista ajeno a las nuevas tecnologías me hizo al inicio de la crisis puntocom. “Internet no puede triunfar a no ser que el usuario pueda acceder a la Red con solo dos pulsaciones del botón”, dijo. En aquel momento no le faltaba razón; era noviembre de 2000 y el entusiasmo inicial por las nuevas tecnologías había chocado con la dura realidad: ni el usuario contaba con las herramientas adecuadas, ni los mercados habían ofrecido su confianza más allá de la primera euforia financiera. Propiciada, todo sea dicho, por especuladores como George Soros, quien nunca ha negado su protagonismo, y el de otros, en la montaña rusa financiera de las empresas de Internet.

Hacia la sencillez por la tecnología

Sea como fuera, hoy en día sí se puede acceder a la Internet con sólo dos pulsaciones, e incluso con una sola en el caso del polémico sistema ADSL. Para más inri, el nuevo sistema operativo Windows XP de Microsoft está literalmente diseñado para “tontos tecnológicos”, que es lo que somos por necesidad la mayoría de los usuarios. O sea que la premisa de aquel periodista está cumplida: acceder a Internet es tan sencillo como darle al botón de encendido de nuestro ordenador sin la más mínima noción de informática.

Ello no significa que el futuro de la radio online esté asegurado, pero demuestra que el tiempo juega en su favor. La barrera tecnológica se reduce cada día más; Windows XP es además un sistema especialmente diseñado para mejorar la calidad multimedia, sin que sea necesario acudir a páginas más o menos oficiales para bajarse los sistemas de compresión y reproducción de audio y vídeo (Real Audio, Winamp, Quicktime, etc.) necesarios. Ahora sólo falta que Mr. Gates también se haga con el monopolio de estos sistemas para que llegue la uniformización, que jugará en contra de una minoría, pero favorecerá a la gran mayoría de usuarios, deseosos de complicarse la vida lo menos posible. Por si acaso, son cada vez más los artistas que optan por ofrecer sus contenidos multimedia en todos los formatos mayoritarios.

Problemas estructurales

¿Pero simplemente con esas facilidades se asegura el futuro de una radio online? No, desde luego. Una radio sin oyentes, es como un libro sin lectores. Pero de momento se tiende a un soporte dirigido a todos los públicos. No sólo a una elite. Y este público cada vez va a ser mayor, por muy lento que sea su crecimiento. Ahora bien, es cierto que hace ya cinco años que pululan por la Internet infinidad de estaciones de radio sumidas en su mayoría en el anonimato. Un dato revelador es que las dos radios más notorias que existen en España no lograron superar en todo el 2000 los 5.000 usuarios únicos salvo en casos excepcionales, debidos principalmente a chats y promociones multimedia atractivas al usuario. Estos picos fueron en algunos momentos notorios, pero para nada influyen en la media general de usuarios únicos, realmente baja.

¿Por qué tan pocos usuarios si todo el mundo augura un futuro magnífico a la música online? Hay muchos motivos para analizar, unos tecnológicos, de los que ya hemos hablado y que están en vías de subsanarse. Otros, estructurales. En Internet, por lo menos en la compañía en que trabajé, como medio joven que es, existe la manía de apostar por los proyectos a toro pasado. No puede culparse de ello totalmente a los directivos de las empresas; con apenas tres años de existencia, la prioridad de éstas ha sido superar la fuerte crisis que atraviesan a base de una reducción radical de costes. Una política a todas luces necesaria. Pero no es menos cierto que la misma ha propiciado el abandono absoluto de los proyectos radiofónicos.

En la mayoría de los casos, la persona encargada de realizar la parrilla de emisión carecía de criterio suficiente para coordinar canales que fueran apetecibles a los usuarios buscadores, un tipo hasta la fecha mayoritario en la Red. Una verdad como un templo es que en ella se busca la música que no se puede encontrar en la radio convencional. Además, estos técnicos que ocupaban funciones para las que no estaban preparados, eran supervisados por sus directores de área, otros técnicos más preocupados en agradar a los normalmente planos gustos musicales de los directivos que en conformar un proyecto interesante para el usuario. Así, las estaciones derivaron desde un principio en “radios para directivos” (que no suelen estar conectados) en lugar de “radios o canales temáticos para usuarios rastreadores”.

Ha habido, y todavía hay en la Internet, gente visionaria, empeñada en traer al medio radiofónico online la calidad de producción y contenidos necesarios, pero han aparecido demasiado pronto. Puede que si estos proyectos no son definitivamente asesinados, algún día logren su cometido.

Negocio improbable, pasión innegable

Sin embargo no serán, según mi opinión y mi conocimiento del medio musical, las radios de los portales verticales las que triunfarán. Se requiere una cantidad de esfuerzo muy grande para levantar una estación de radio que cale en el usuario, y eso se traduce en la mentalidad en beneficios, o el proyecto no se considera viable. Por eso pienso que la radio online no amateur será a corto plazo “asesinada” por sus pocas opciones de negocio.

¿Dónde está su futuro? Sin duda en manos de usuarios melómanos, empeñados en promocionar sus grupos favoritos en sus páginas personales de un modo más o menos pirata, y que probablemente sólo tengan como opositores a la Sociedad General de Autores de su país. Digo esto porque el mundo discográfico, hasta ahora dueño y señor de artistas y obras, se hunde silenciosamente. La tendencia a la aglomeración de compañías es un claro reflejo de las dificultades que atraviesa una industria obsoleta, que ofrece un producto que se puede conseguir fácilmente de modo gratuito en la Red. El caso Napster fue la última y pírrica victoria del mundo discográfico. Sirvió a páginas como Audiogalaxy el camino a seguir para poder ofrecer toda la música del planeta gratis y permanecer a la vez inmunes a la persecución judicial. La justicia puede cargar contra los negocios llamémosles “impropios”, pero no contra la libertad de los individuos de difundir la cultura.

Para colmo, una vez más, la tecnología juega a favor de este tipo de sistemas de intercambio. El resultado es una lenta e imparable disminución de las ventas de discos. Sólo artistas de consumo constante y masivo (Sabina, Julio Iglesias y pocos más) son rentables frente al descenso de beneficios. El resto, pequeños y medianos, con ventas que no alcanzan los 50.000 ejemplares, están siendo sistemáticamente despedidos de sus compañías.

Es ahí donde puede radicar el triunfo de la radio online, como a finales de los setenta aconteció con las discográficas independientes: muchos de estos artistas de culto, frustrados y ávidos de hacerse escuchar para posteriormente poder tocar en directo —que es donde los músicos ganan realmente dinero—, lograrán tener voz en estos particulares empecinados en ofrecer sus canciones. El mercado alternativo en Internet se prepara, y su repercusión puede sorprender a muchos. Probablemente no a las grandes discográficas, que ya llevan tiempo moviéndose hacia la capitalización de la música online, pero sí al usuario medio, que verá como los puntos de venta de CDs se reducen paulatinamente hasta que desaparezca este formato. La música vivirá en la Red.

¿Sucederá esto en diez años? Quizá en menos. ¿Cuánto tardó en desaparecer la industria del vinilo como tal? Menos de un año: 1990.

Jordi Sabaté ha sido periodista musical de radio. ya.com desde sus inicios en 1999 hasta noviembre de 2001


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