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SafTPay ejemplifica un cambio de tendencia

La empresa SafTPay, con sede en Miami, se presenta en sociedad y estrena web. Se trata de una compañía que ha desarrollado un sistema para realizar pagos online sin necesidad de utilizar una tarjeta de crédito, a través del banco del propio usuario. Como tantas otras startups, se halla en busca de financiación, para lo que dedica en su web un apartado dirigido a los inversores. Hasta aquí, todo conocido.

La novedad aparece cuando, de forma inesperada, a su presentación y puesta de largo acuden cientos de interesados que, tras un proceso selectivo, se convierten en docenas de inversores serios dispuestos a inyectar dinero en una empresa de tecnología. Los indicios llevaban ya varios meses apuntándose: cada nueva ronda de ampliación de capital en Silicon Valley encontraba más candidatos a invertir. El número de gente dispuesta a invertir en tecnología vuelve a crecer por primera vez desde el año 2000.

La publicidad, por su parte, que perdió casi un 40% de su volumen en 2001 y 2002, se está recuperando este año, y los 9.100 millones de dólares de inversión esperados en 2004 serán casi un 20% superiores a las ventas récord de 2000.

Los empresarios están de nuevo en el punto de mira del capital riesgo y, con la excepción de España, donde muchos inversores han prohibido expresamente a sus gestores la inversión en tecnología, las nuevas ideas y los modelos de negocio digitales vuelven a estar de moda. Muchos inversores españoles, como es el caso de los involucrados en el proyecto de SafTPay, migran a playas más asequibles y deciden lanzar sus proyectos desde los EEUU. Nadie es profeta en su tierra.

Seguimos sentados, esperando que las promesas electorales del PSOE se conviertan en acciones medibles con resultados más allá de la próxima aparición televisiva. La Sociedad de la Información sigue pendiente de un empujón real, y el hecho de que las inversiones se piloten desde fuera de nuestro país terminará pasando factura.

El nivel de inversión en I+D previsto en los Presupuestos Generales del Estado tiene un sonido interesante. El problema está en que, como en tantas otras veces, sólo sirva para dar un soplo de vida a empresas antiguas con ninguna posibilidad de convertir la inversión en liderazgo futuro.

¿Nos tendremos que ir todos a Miami?

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