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¿Se puede vivir hoy sin móvil?

Las personas sin teléfono móvil -que las hay- son, a estas alturas de la Historia, verdaderas rara avis. Dice la Fundación Auna que diez de cada cien españoles carecen de este medio de comunicación por causas económicas o tecnofobia. Sin embargo, los cinco personajes elegidos por La Vanguardia (necesita registro) en su artículo al respecto son relevantes en diversos ámbitos de la sociedad; de modo que habrá que pensar en el segundo de los motivos mencionados.

Una de estas profesionales asegura, por ejemplo, que la vida moderna ya tiene las suficientes dosis de estrés y velocidad como para incrementarlas con una herramienta como el móvil. Sin embargo no hay que descartar tampoco la voluntad de distinción que mueve a estas personas, una suerte de dandismo que les lleva a no querer ser como los demás. Como la gran masa.

La defensa de la vida privada una vez que termina la jornada laboral es otra de las razones aducidas por los protagonistas del reportaje. No faltan las quejas sobre la esclavitud que genera el móvil: hay que ponerle periódicamente el saldo, tener siempre la batería cargada, cuidar de encontrarse en sitios en los que haya cobertura suficiente, etc.

El escritor Enrique Vila-Matas va un poco más allá y lanza una carga de profundidad contra muchos usuarios, aquellos que presumen de teléfono hablando alto en lugares cerrados. \”Son gente con una visión mediocre y arrogante del mundo, que creen que éste gira a su alrededor, pero no hacen más que molestar\”, asegura. Y el cocinero Ferran Adrià se ha planteado incluso prohibir su uso en su restaurante.

José Manuel Cerezo, analista de la Fundación Auna, se mantiene -lógicamente- firme en la defensa del móvil, basándose ante todo en su utilidad. Pone como paradigma el caso de los subsaharianos desterrados en el desierto por Marruecos, que llamaron por sus teléfonos para dar cuenta de su drama a la prensa y los médicos.


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