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¿Seguirá la fotografía el camino de la música?

Muestran una evolución imparable: este año los teléfonos móviles capaces de hacer fotografías digitales pasarán el umbral de los 34 millones de aparatos, según IDC. Las cámaras digitales están ya hoy atacando una de las dos fuentes de ingresos de los fabricantes de cámaras tradicionales, las películas. El siguiente zarpazo puede ser a las fotos impresas. Los usuarios de cámaras digitales hacen más fotos, pero tienen la tendencia de distribuirlas a sus amigos por Internet y hacer impresiones rara vez. Lo peor es que, en la mayoría de los casos, cuando se necesita una fotografía física, se utiliza la impresora en color que se tiene en casa con el PC. Poco negocio para los fabricantes tradicionales de cámaras, cuyas dos claras fuentes de ingresos se están viendo atacadas, hasta hoy por las cámaras digitales, y a partir de ahora por los móviles con capacidad para hacer fotos digitales.

Según un reciente artículo de la revista The Economist, el problema es que el modelo de negocio está cambiando a velocidades solo comparables a las de la industria musical. Las dos fuentes principales de ingresos de empresas como Fuji o Kodak, están siendo atacadas por usuarios ávidos de fotos pero con pocas ganas de imprimirlas.

La realidad es que nadie sabe muy bien como se va a reconfigurar el negocio. Empresas como El Corte Inglés sí lo tienen claro: quieren estar donde esté el cliente. Venderles primero la cámara digital o el teléfono móvil capaz de hacer este tipo de fotografías y luego aliarse con quienes estén dispuestos a almacenar dichas fotos y ofrezcan posibilidades de manejo e impresión local que aporte nuevo negocio.

Como ha pasado en el entorno de la música, el modelo de negocio está cambiando a tal velocidad que los fabricantes no saben muy bien hacia dónde correr, ni cómo detener la caída de sus ingresos recurrentes.

Según The Economist, si hay algo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta qué aplicaciones se va a dar a las cámaras que incorporan los móviles de última generación. En muchos casos será sólo una prestación esporádica, pero en otros se convertirá en la fuente de nuevos negocios. De momento, ya se ha prohibido su uso en muchos entornos empresariales por miedo al espionaje industrial.

\”Cuando veas las barbas del vecino afeitar, pon las tuyas a remojar\”, dice el refrán. ¿Cuántos seísmos empresariales tenemos que vivir para que las empresas comprendan que los modelos de negocio tradicionales, uno tras otro, se están viendo amenazados por las nuevas tecnologías y la capilaridad que Internet les aporta?


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