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Sexo en la Red o la mirada extraviada

El sexo es una de esas controversias que asolan la Red con conclusiones precipitadas. Los detractores de Internet no han dudado en recalcar una y otra vez que la anarquía imperante en la Red resulta el caldo de cultivo idóneo para un sinfín de páginas que albergan contenido, explícito o implícito, de carácter sexual. Razón no les falta, pero sólo en parte. Es cierto, que en la Red se puede encontrar sexo a raudales, pero no es tan cierto que se pueda encontrar más que en el Mundo Real. Es cierto que toda la potencia de un medio, que permite distribuir información de cualquier género a la velocidad de la luz hasta cualquier punto del planeta, se puede poner al servicio del contenido sexual; pero es que el sexo está por todas partes, y como Internet ya es parte de la sociedad, por ende, el sexo también tiene que estar en la Red.

Parece que una vez más hay que recordar que el contenido de las páginas de Internet está hecho por personas y publicado por personas, por lo que no suele diferenciarse mucho del disponible en el Mundo Real, luego ¿no será que se confunde alegremente el anonimato con el que los internautas se mueven por la Red, con el hecho de que encontremos más sexo en la Red que en la calle?

Hace tan sólo unos días, un estudio de MSNBC.com revelaba que uno de cada diez internautas reconocía su adicción al sexo. ¿No sería lo mismo decir: una de cada diez personas, que habitualmente usan la Red, son adictas al sexo? Porque en este caso, Internet se muestra solamente como una fuente de contenido sexual, pero es sólo una más, como puede ser un sex-shop, una casa de alterne, un kiosco de periódicos o cualquier siniestro bar de carretera adornado con luces de neón. Cuestión de opciones.

Lo que es indudable es que las personas son reacias a entrar en un sex-shop porque no les gusta que les vean; que pueden no querer pedir una revista porno en un kiosco porque les de vergüenza que algún vecino o amigo conozca sus gustos sexuales. Y por eso usan la Red. El error probablemente esté en pensar que Internet crea adictos al sexo, cuando lo que realmente favorece es el anonimato, que proporciona cierta tranquilidad al internauta a la hora de visitar ciertos sitios que, de estar ubicados en mitad de la calle, a buen seguro no frecuentarían.

Y puestos a crear mitos, nada como un nuevo informe de Forrester que afirma que las familias francesas con acceso más rápido a Internet, tienen más hijos. Así, la consultora afirma que las familias que cuentan con una conexión más rápida tienen una media de 2,4 hijos, frente a las que tienen una conexión lenta, que tienen sólo 1,4 hijos. La justificación según Forrester es que las conexiones fluidas conforman Internet como una nueva forma de entretenimiento, por lo que las familias con más niños consumen más ancho de banda ¿o es al revés y la banda ancha tiene efectos sobre la fertilidad? En fin, esperemos que no se les ocurra cruzar los datos que achacaban a la siesta el menor uso de la Red, con los que tienen más hijos en relación a la velocidad de acceso, porque las conclusiones pueden ser impredecibles.

Cada cual que piense lo que quiera, pero lo que realmente ponen en evidencia noticias o informes de este tipo, es que la Red cada vez tiene un mayor protagonismo social, que le confiere en ocasiones una capacidad de intervención tal, que puede lograr desde que haya más adictos al sexo, hasta que las familias tengan más o menos hijos. Perspectiva esta que revela, sin lugar a dudas, una mirada torcida.


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