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Sobre el liderazgo en los navegadores

En 1983, la hegemonía norteamericana en la Copa América de vela, prolongada durante 132 años y 25 defensas, fue rota. Pero en la quinta jornada, nada hacía presagiarlo. El champán y el fotógrafo oficial esperaban al barco norteamericano Liberty, que lideraba la etapa y encabezaba la clasificación por 3 a 1 en una serie al mejor de siete.

El capitán del barco perseguidor, Australia II, decidió cambiar de rumbo, con la esperanza de alcanzar mejor viento. El Liberty optó por seguir en su trayectoria inicial. El Australia II tuvo suerte en su intento, y ganó la carrera por menos de dos minutos.

Al Liberty se le ha criticado el fallo estratégico de no seguir el recorrido del Australia II. Generalmente, el barco que encabeza una regata suele imitar el comportamiento del segundo, virando si éste vira, pues no quiere arriesgarse a que sus condiciones sean peores. Es la forma de aumentar las probabilidades de mantener las distancias.

En el libro sobre teoría de juegos Pensar estratégicamente, de Dixit y Nalebuff, se utiliza este ejemplo negativo para explicar por qué compañías líderes no innovan, sino que siguen su rumbo o copian al que sigue. Si tienen un carácter tecnológico, los líderes se caracterizan por hacer llegar eficientemente la tecnología estandarizada al mercado masivo, mientras que los que siguen son los que se arriesgan con ideas más novedosas. Esto fue el caso de IBM en su día, o Microsoft hoy.

Al usuario avanzado tiende a irritarle esta inactividad del líder, al que se le presuponen las mayores capacidades, y la achaca a miopía e inmovilismo. Pero lo habitual es que el líder empresarial imite la innovación radical del que le sigue sólo cuando se siente amenazado. Innovar cuesta dinero, y en la “carrera” de las empresas lo que importa no es tanto ganar a toda costa al otro, como ganar dinero. Y como no hay una meta definida, suele haber tiempo para incorporar las recetas de éxito del seguidor.

La ventaja de ir en cabeza

Ahora hablemos de otro tipo de herramientas de navegar. Microsoft no reaccionó al fenómeno Internet hasta 1995, fecha en que Netscape tenía casi el 90% del mercado de navegadores. Fue el 7 de diciembre (día en que se recuerda Pearl Harbor) cuando Bill Gates escribió un mensaje interno ordenando un ataque a este negocio. Ahora su Explorer es el que tiene el 90% de cuota.

Diez años después parece volver la batalla por el dominio en los navegadores. El nuevo Netscape, Firefox y Opera suponen alternativas que superan varios aspectos de la navegación y de la seguridad de Explorer, con arquitecturas bastante evolucionadas. Además, cambia la condición del mar: la regulación que le impide empaquetar el navegador con el sistema operativo, los nuevos estándares (XML, CSS), etc.

Hay quien ve cercano el fin de Microsoft. Quizá un vistazo a su catálogo o a su club de fans nos dé esa impresión. Pero un vistazo a su balance nos dice que tiene mucha, pero mucha caja. Suficiente para responder rápido y contundente a los contratiempos u oportunidades que Bill Gates señale el día que escriba otro memo.

Lo cierto es que es más fácil mantenerse en la cima que llegar a ella. No sólo por esta ventaja estratégica de “mover después”, sino porque se ocupa un lugar privilegiado en la mente de los clientes. Jack Trout afirma que de las 25 marcas que eran líderes en distintos sectores en EEUU en 1923, veinte siguen siéndolo aún hoy.

IE: ¿inalcanzable o vulnerable?

¿Significa esto que Internet Explorer no puede ser adelantado? Veamos que ocurrió en la Copa América. Dos etapas más tarde, el Australia II la ganaba, por 40 segundos, con un marcador de 4 a 3. En esta última etapa se repitió de alguna forma el error: el Liberty, que lideraba, al sentir que se acercaba el Australia II, decidió tomar algunos riesgos e iniciar una serie de bordadas arriesgadas, lo que posiblemente le perjudicó.

El presidente Reagan declaró: «Hasta hoy hemos considerado que los australianos vivían cabeza abajo, a partir de hoy debemos pensar que son ellos los que están cabeza arriba». Pero lo cierto es que lejos de aceptarse la derrota, al acabar la competición empezó otra carrera, ésta legal. En un ambiente de humillación norteamericana, se denunció que la innovadora “quilla en alas” del Australia II no estaba dentro de las normas. Finalmente se dictaminó que era válida, y los australianos conservaron el título.

Hace unos días he tenido la oportunidad de escuchar en vivo la versión de un conocido y veterano regatista español, que conoce a los responsables de ambos equipos. Según él, toda la leyenda alrededor de la famosa “quilla en alas” se había construido para hacer creer erróneamente al Liberty que el barco australiano tenía una ventaja de velocidad con el viento a favor. Lo cierto es que los australianos habían creado cierto misterio alrededor de la famosa quilla, denunciando que submarinistas norteamericanos intentaban espiarla, o protegiéndola de la vista de curiosos con faldones al izar el barco del agua.

El Liberty, como buen líder, seguía desde la cabeza los movimientos de su seguidor. Hubo un momento en que parecía (por algún viento fortuito) que en efecto, el Australia II era más rápido, lo bastante para adelantarlos. E influidos por lo que habían oído de la mítica quilla decidieron tomar unos riesgos que fueron los que finalmente les derrotaron.

El Internet Explorer tiene una gran ventaja frente a sus seguidores, y lo más probable es que siga en cabeza mucho tiempo. Pero si las innovaciones de éstos consiguen ponerle nervioso, podría realizar algún movimiento falso que le descolocara. De momento, ya parece sentir que no está solo en el mar, porque la anunciada versión 7 no acompaña a una nueva edición de su sistema operativo, como era habitual.

Más aún, en una reciente entrevista en ABC News, Bill Gates comenta que “su compromiso es mantener un navegador que compita con Firefox y que sea el mejor en prestaciones y en seguridad”. El “arquitecto jefe de software” ya maneja el timón mirando hacia atrás.

Blog: Estratega.com


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