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Soluciones para combatir el spam

El spam roba horas de trabajo y productividad a los empleados -obligados a filtrar el correo, eliminar y discernir falsos mensajes o consumir recursos del departamento técnico- y malgasta ancho de banda y capacidad de almacenamiento. Según las estimaciones de la consultora Ferris Research, este año el correo no solicitado supondrá un coste para las empresas de todo el mundo de 50.000 millones de dólares, una tercera parte de esta cantidad sólo en las empresas de los Estados Unidos.

Lo que cuesta el spam

La magnitud del problema es grave, aunque empieza a controlarse. En 2003, el coste para las empresas estadounidenses se estimaba en 10.000 millones de dólares; entre 2003 y 2004 el volumen de spam se quintuplicó, mientras que las pérdidas asociadas en las empresas de EEUU no llegaron a doblarse. Aún así, los daños derivados del spam no dejan de preocupar: esos 17.000 millones de dólares perdidos representan nada menos que el 0,17% del PIB de los EEUU.

El spam no sólo afecta al usuario final de correo. Sus daños se extienden a todos los implicados en la cadena de circulación del correo, empezando por los proveedores de servicio (consumo de ancho de banda y de recursos de almacenaje, bloqueo de dominios, etc.), corporaciones (difusión de virus, ancho de banda, productividad) y gobiernos (legislación, procesamiento de acusados, etc.).

¿Cuál es la mejor solución?

El spam es una paradójica plaga, ya que librarse de ella no supone ninguna ventaja competitiva sobre el punto de partida. Es decir, una empresa puede dedicar recursos y dinero a prevenir el spam, pero si triunfa en esta batalla (si logra impermeabilizarse frente a los mensajes basura), estará en las mismas condiciones que antes de comenzar el acoso de la e-porquería. El 90% de las organizaciones analizadas en los Estados Unidos dispone de algún tipo de filtro contra el spam. Que el problema persista evidencia que ninguna de estas soluciones es completamente eficaz, aunque reducen los perjuicios: quedarse de brazos cruzados sería más grave aún.

Según una investigación elaborada por IDC a principios de 2004, el 90% de las empresas analizadas adopta algún tipo de prevención contra el spam; los motivos para las pocas que no lo hacen son la falta de presupuesto, la prioridad a otras partidas o la creencia de que no se trata de un problema tan extremadamente acuciante. La mayoría de las soluciones antispam tenía menos de dos años de antigüedad, ya que hasta el año 2002, antes de que el problema adoptara las preocupantes dimensiones actuales, se consideraba el correo basura una molestia que podría ser manejada por cada usuario de manera individual.

El siguiente gráfico recoge las distintas soluciones adoptadas por las empresas para combatir el spam en 2004. La mayoría (55%) son soluciones comerciales, por delante de las herramientas open source (10%).

La mejor solución recomendada por Ferris es utilizar filtros en el servidor de correo de la compañía, opción más económica (conlleva un coste de 132 dólares anuales por empleado) que utilizar soluciones individuales en el ordenador de cada usuario (217 dólares anuales). Cualquiera de estas dos opciones es indudablemente mejor que eliminar manualmente los mensajes no deseados, que acarrea un coste de 718 dólares por empleado.

Un análisis de algunas de las soluciones comerciales disponibles en el mercado permite comparar el ratio de eficiencia en la detección de spam. Las condiciones para el análisis se resumen en que éste se realizará durante 2004, de manera independiente (excluidas las propias firmas comerciales) y con un ratio de eficiencia de al menos el 90%.

Un problema derivado de los filtros antispam es de las falsas alarmas, es decir, aquellos mensajes válidos que son eliminados o puestos en cuarentena por aparentar ser no deseados. También el análisis para elegir una de estas herramientas debe prestar atención a este aspecto, ya que puede suponer un serio inconveniente catalogar como no deseado un mensaje que no lo es.

La combinación de los dos criterios anteriores permite elaborar un diagrama de dispersión en el que las soluciones más eficientes serán aquellas más próximas a la esquina superior derecha.

En definitiva, las características que debe presentar un programa antispam para ser eficaz se resumen en:

  • Existen en el mercado soluciones que combinan una alta eficacia en el filtrado de mensajes junto con bajas tasas de falsas alarmas. Así, debe desenterrarse la creencia de que para mantener el correo seguro, es necesario sacrificar una parte importante de los mensajes válidos.
  • Es recomendable optar por soluciones que se actualizan automáticamente, opción preferible a la actualización o el establecimiento de reglas de manera manual, tarea que requiere generalmente de la intervención del departamento técnico.
  • La consideración de lo que es o no spam puede variar de unas compañías a otras, por lo que es importante evaluar las diferentes opciones a partir de un grupo de menswajes que se reciban habitualmente en una empresa.
  • Igualmente, cada empresa debe decidir si opta por una solución en la que todos los mensajes se filtran en una base de datos externa o bien hacerlo en el servidor de correo o los propios ordenadores de la compañía. En este punto influirá el nivel de privacidad y seguridad que cada empresa quiera establecer en la gestión de su correo.

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