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Tecnología ¿solidaria?

Por regla general, cuando decimos que las nuevas tecnologías están cambiando el mundo, nos olvidamos de algo muy importante: tan solo afectan a una parte relativamente pequeña de la población mundial. Son muchos millones de personas los que no tienen acceso, no sólo a la Red, sino a un ordenador, a un teléfono móvil o a cualquier otro invento del llamado “mundo moderno”.

Para intentar incentivar la adopción de estas tecnologías informáticas, han surgido diversas iniciativas que persiguen una promoción del sector, como medio para el desarrollo. Sin embargo, y pese a la buena voluntad de las propuestas iniciales, parece que se ha desatado una guerra entre diferentes empresas que quieren conseguir su parte del pastel, mientras algunos de los países en los que se iban a vender estos equipos ya han manifestado su malestar ante esta situación e, incluso, han comenzado a desarrollar sus propias alternativas. ¿Se trata de ideas realmente solidarias o, por el contrario, una forma más de ampliar mercado?

La iniciativa pionera de Negroponte

En enero de 2005 Nicholas Negroponte, director del Medialab del Massachussets Institute of Technology (MIT), dio a conocer una idea revolucionaria: la creación de ordenadores portátiles de bajo coste, destinados a las escuelas de algunos países de economía emergente. El proyecto recibió el nombre de “One Laptop Per Child” (OLPC), y fue recibido con gran satisfacción tanto por estos países como por diferentes ONGs en pro del desarrollo.

Su idea era fabricar 40.000 ordenadores mensuales con un precio final de 175 dólares, de los que pensaban repartir más de tres millones en lugares como Pakistán, India, Ruanda o Tailandia. Además, su proyecto fijaba el año 2009 como el punto de inflexión para poder rebajar el precio de los terminales, que podrían venderse entonces a 100 dólares.

Los portátiles llevarían integrado como sistema operativo Linux, para intentar rebajar así sus costes de producción. El ordenador, de diseño atractivo, incluiría webcam, Bluetooth y Wi-Fi, y prometía ser toda una revolución en los sistemas escolares de estos países, donde los alumnos aprenderían a manejarlos y, además, tendrían acceso a Internet.

Sin embargo, parece que finalmente no será todo tan idílico como se pensaba en un primer momento. Negroponte, responsable del proyecto, anunció hace algunas semanas que el sistema podrá basarse en Windows, y no rebajará su precio, sino que en los próximos años seguirá costando 175$. Esta comunicación supuso un jarro de agua fría para todos aquellos países que esperaban su comercialización, aunque han surgido otras iniciativas que podrían tomar el relevo del proyecto OLPC.

La guerra de las marcas

Ante una iniciativa solidaria de las características de OLPC, cabría esperar una unión entre diferentes marcas para poder ofrecer un servicio mejor. Sin embargo, lo que ha surgido es una competencia feroz por hacerse con esta parte del mercado. Y es que, pese al reducido precio de los ordenadores, las empresas saben que si sus sistemas consiguen acceder a mercados emergentes como India o Pakistán, las ventas serán más que suculentas, pudiendo alcanzar varios miles de millones de beneficios.

Por eso, Intel decidió tomar posiciones y creó su propio ordenador low-cost, y aprovechó la situación para arremeter un poco contra la competencia. “La gente quiere un sistema que funcione como un PC, no un ‘chisme’ con funciones limitadas” comentó Craig Barrett, presidente de Intel, en referencia al sistema de Negroponte. La empresa lanzó al mercado Classmate, un portátil fabricado en Taiwán que cuesta 285 dólares, aunque se espera que a finales de este mismo año su precio baje hasta situarse en los 200 dólares.

Si bien ninguna nación ha realizado, por el momento, un pedido de los sistemas OLPC, Intel ya ha despachado más de 10.000 unidades de su portátil en Brasil, México y Nigeria, mientras que esperan vender otros 100.000 más hasta finales de año, y otros 700.000 destinados a Pakistán, que llegarán al país en 2009.

Ante esta situación, la respuesta de Negroponte no se ha hecho esperar, y ha calificado la acción de Intel como vergonzosa, al pretender crear competencia en un mercado que lo que necesita es una ayuda para poder subirse al carro de las nuevas tecnologías.

Pero Intel no es la única empresa que ha decidido lanzarse a la conquista del mercado informático de bajo coste, ya que Asus Computex también se ha interesado por este nuevo sector comercial. De hecho, ha anunciado el lanzamiento de un portátil, con Linux como sistema operativo, que tendrá un precio de 189 dólares.

Por el momento no han dado una fecha concreta de lanzamiento, y tampoco han desvelado se trata de una iniciativa orientada tan solo a los países de economías emergentes, o si se podrá adquirir en todos. Lo que está claro es que el mundo de los portátiles a precios más que asequibles, no ha hecho nada más que empezar…

Una alternativa: la fabricación estatal

Los países a los que están destinados estos proyectos tienen una difícil elección; deben decidir si comprar los equipos de Intel, los de OLPC, si gastarse 200 dólares en un sistema mejor, si esperar a que lleguen los de 100… En definitiva, lo único que ha conseguido esta feroz competencia es confundir aún más a todos aquellos que esperaban ilusionados la posibilidad de ofrecer a sus estudiantes un acceso económico a los ordenadores. Y es que parece que la esencia de estos proyectos se ha perdido en el camino, mezclándose con iniciativas que sólo buscan el lucro.

Por eso, no es descabellado que estos países decidan actuar por sí mismos. Actualmente, ya hay uno que ha comenzado a moverse en ese sentido: India. El país asiático ya ha mostrado su descontento ante las iniciativas de fabricación de portátiles baratos, y ha decidido fabricar su propio sistema. Se trata de un ordenador, actualmente en producción, que contará con dos modelos diferentes. Para competir contra las grandes corporaciones, las autoridades indias ya han anunciado que estos portátiles cuestan actualmente 47 dólares, pero esperan poder rebajar su precio hasta 10 dólares si más países están interesados y aumenta su producción.

Si esta iniciativa prospera, y más países en la misma situación que India apuestan por la producción propia, esto supondría un revés importante de cara a la industria informática mundial, que parece haber subestimado el ingenio de aquellos países a los que quieren venderles gato por liebre.


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