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Teknoland, en Terra de nadie

Teknoland está afrontando su particular travesía del desierto estas semanas. Se trata de una serie de dificultades y problemas que tienen una significación especial por lo que representa esta consultora de Internet dentro de las puntocom españolas. Teknoland fue una de las primeras empresas de Internet en aparecer en España. Corría el año 1995 y la Red era algo que la mayoría de las personas desconocía por completo. Casi desde ese momento se tomó como modelo de lo que se debía hacer en este sector si se quería triunfar.

Pero los problemas no respetan las canas ni la experiencia. La empresa fundada por Luis Cifuentes, Jesús Suárez, David Cantolla y Colman López acaba de interponer una demanda de 8.500 millones de pesetas al portal español Terra Networks por incumplimiento de contrato.

El germen de la discordia surgió cuando la filial de Telefónica para Internet se comprometió, en junio de 1999, a hacerse con el 28% del capital de la compañía. Pero por aquel entonces la consultora gozaba de prestigio y podía imponer condiciones. En este caso fueron dos: que le proporcionaran financiación y compraran el 100% de la empresa cuando sus directivos lo solicitaran. Un año y medio después ninguno de los dos requisitos se ha cumplido. Teknoland se ha quedado, en definitiva, compuesta y sin novio.

A principios de este año Terra anunció que tenía previsto ejercitar la opción de compra del 51% que disponía sobre el capital de Teknoland. Con ello pretendía reforzar su posición en la consultoría y cumplir lo rubricado. La valoración llevada a cabo por la compañía presidida por Joaquim Agut era similar a la de junio de 2000: 49,2 millones de euros (8.200 millones de pesetas). En este aspecto aparecieron serias diferencias con la directiva de Teknoland, que, como es lógico, establecía un precio más elevado. Asimismo, se estipuló que la composición del consejo de administración no variara.

Pero las opiniones cambian, no importa que sean de un mes para otro. Así, el viernes pasado, Terra Networks sale a la palestra para descartar la ampliación de capital de la empresa de Luis Cifuentes. Ese día el aire se podía cortar en la sede que la compañía tiene en la céntrica plaza madrileña de Canalejas. La eterna y ya tan manida \”crisis financiera por la que atraviesa el sector\” ha sido la excusa esgrimida por los responsables de Terra para dar marcha atrás. Por su parte, a los trabajadores de la consultora se les comunica la situación y reciben la orden de \”seguir trabajando como si nada hubiera pasado\”, afirma un empleado.

Con el agua al cuello

La situación en la que se queda Teknoland es, como mínimo, delicada. Nadie de la empresa se atreve a proporcionar el dato que revele el grado de endeudamiento en el que ésta se encuentra. Pero ya se han dejado notar las primeras consecuencias: como primera medida no le ha quedado más remedio que declararse en suspensión de pagos y afrontar un estricto plan de viabilidad que afectará a parte de sus 500 empleados. Como muestra solidaria, los directivos han prometido rebajarse el sueldo y se han puesto a trabajar en la búsqueda de un nuevo socio.

A pesar de todas las medidas que se lleven a cabo, el realismo entre los empleados de Teknoland es admirable: \”Casi todo el mundo sabe que cuando se produce una suspensión de pagos y entra un interventor judicial existe un 80% de que se acaben cerrando las puertas\”, se lamenta un trabajador de la firma española.

Para entender el cambio de actitud de Terra Networks deben tenerse varios factores en cuenta: en primer lugar, que cuando se rubricó el contrato quien se encontraba en la presidencia de Terra era Juan Perea, no Juan Villalonga con sus más que discutibles decisiones. Es decir, la compra de Teknoland fue una patata caliente que adquirió Perea, pasó a Villalonga y ha tirado a la basura Joaquim Agut.

Una segunda cuestión que debe tenerse muy en cuenta es que la fecha en la que se firmó el acuerdo (junio de 1999), Internet era un sector con enormes perspectivas de crecimiento. A los analistas financieros comenzaba entonces a picarle el gusanillo de todo lo que estuviera relacionado con un punto y las letras com detrás. Ese picor se transformó en obsesión un año más tarde: las dotcoms eran al mismo tiempo un negocio y una moda que unos meses después morderían el polvo. Ahora la situación no es, ni mucho menos, la misma que hace un año y por eso todos intentan desprenderse de lo que suene a Nueva Economía.

Terra, además, tiene que sacar adelante su gran alianza con el portal estadounidense Lycos, un tema más conflictivo de lo que parece y que puede provocar que las cabezas sigan rodando en los próximos meses. Teknoland se ha convertido en un lastre para Terra, que cuenta con el respaldo de un grupo empresarial que le permite comportarse de una forma prepotente y a todas luces peligrosa.

Porque además este no es el único caso en el que está acusada por incumplimiento de contrato. La compañía tecnológica norteamericana IDT también ha interpuesto una demanda de.. ¡¡6.700 millones de dólares!! por estafa en un caso se tramita ahora en los tribunales. A este paso los directivos de Terra van a pasar más tiempos con los abogados de la empresa que en su despacho haciendo que el portal funcione (por fin) bien.

Una última cuestión desconcertante es el papel que desempeña en este caso Elías Rodríguez Vina, director financiero de Teknoland hasta finales de enero y, desde esa fecha, responsable del mismo área en Terra. La fulgurante escapada de Bob Davis de Terra Lycos arrastró a varios de sus colaboradores, entre otros a Ted Phillip, que llevaba las cuentas del gigante de Internet. Lo curioso del caso es que Rodríguez Vina trabajó en General Electric (megaempresa en la que ocupó puestos de responsabilidad Joaquim Agut). Tal vez estar todos los días comprobando la cuenta de resultados Teknoland haya contribuido a que, desde su nueva compañía, haya dado la voz de alerta de que allí empieza a oler a muerto.

El ejemplo a seguir se desinfla

Uno de los mayores errores de Teknoland ha sido el exceso de confianza. Segura de que contaba con amigo que le iba a echar una mano a las duras y a las maduras, se puso a gastar dinero de forma desenfrenada, sobre todo en el momento en el que la compañía sopesó la idea de salir a Bolsa. Los números rojos crecían, pero en los despachos de la Plaza de Canalejas se pensaba que para algo estaba papá. Pero éste, en el último momento, salió por la puerta de atrás diciendo adiós y sacando pecho. \”El mayor error consistió en condicionar el futuro de Teknoland a dos opciones que al final se terminaron derrumbando: la salida a Bolsa y la tranquilidad que se tenía al saber que Terra estaba en la sombra\”, reconoce una fuente de la empresa.

Teknoland se creó en 1995 de la mano de Luis Cifuentes, un empresario que quienes le conocen definen como de \”personalidad arrolladora\”. Guerrero, inconformista y perfeccionista han sido otros adjetivos que ha recibido.

La actividad para la que en un principio se creó la compañía fue la de diseñar páginas en Internet, aunque poco más tarde se amplió el campo de actuación abarcando áreas de consultoría (estrategia de comunicación comercial y corporativa, investigación y desarrollo de productos online, diseño, realización y programación de proyectos web). Con el tiempo, los proyectos se fueron ampliando y se empezaron a realizar productos propios: CyberMed (información médica interactiva), Arte Teknoland (galería de arte virtual), Teknoland Station (estación de música tecno) o Game Arte, un sitio web en donde poder jugar online.

Pero si Teknoland se dio a conocer no sólo en España sino también fuera de ella, fue porque desde la cúpula directiva se elevó el concepto de puntocom hasta el último grado. La filosofía de vida en la compañía seguía la premisa de \”ante todo hay que ser muy cool\”. Los empleados no eran trabajadores, sino teknolandeses. No se cobraba en pesetas o dólares, sino en teknoles y el gran reto de Luis Cifuentes no consistía en abrir delegaciones en el extranjero, sino en que sus trabajadores se hicieran multimillonarios.

Estos no eran los únicos factores que convertían a Teknoland en una empresa \”fardona\”, \”molona\” o \”ciberpija\”. La decoración de su sede guardaba un mayor paralelismo con los escenarios de las películas de Pedro Almodóvar que con las oficinas de la Torre Picasso en Madrid. Además, los trabajadores (perdón, teknolandeses) recibían masajes previo pago de 500 pesetas y podían acudir a la consulta de un psicoanalista de la empresa, a quien se contrató porque un empleado arremetió a golpes contra un ordenador una mala mañana.

Anécdotas aparte, Luis Cifuentes siempre podrá presumir de haber creado una empresa que fue rentable desde el primer año. En 2000 facturó 10,93 millones de dólares y registró un volumen de negocio que rondó los 22,7 millones de dólares, 13,6 millones más que en el año anterior. Pero de nada sirve presentar unos resultados así si te echas unos amigos que a las primeras de cambio te dejan en la estacada.


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