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TheStreet.com, la calidad nunca es suficiente

Uno de los modelos más comentados últimamente de publicación en la Red es el de la suscripción, basada casi siempre en el presupuesto de que si se ofrece análisis de bastante calidad, el lector estará dispuesto a pagar. Y no faltan los ejemplos; desde bases de datos de gran amplitud hasta el clásico \’confidencial\’ de pago, supuestamente con datos que nadie más ofrece. Una vez más, la proliferación se debe a la extrema facilidad de publicar en la Red: cualquiera que tenga, o crea tener, algo que decir, no tiene más que hacerlo. Pero obtener la rentabilidad es harina de otro costal, especialmente si se intenta conseguir vía suscripción.

Así encontramos decenas de nodos, a veces serios, a veces altamente pintorescos. Porque no es lo mismo un análisis basado en charting, por muy esotérico que pueda parecer, que una recomendación bursátil basada en la astrología, aunque ambas pueden encontrarse con igual facilidad en la Red. Junto a éstos, todas las variantes de predicciones cimentadas en fórmulas matemáticas ‘infalibles’ que desearse puedan, y sesudas e informadas reflexiones de analistas de primera línea. Como el famoso, emblemático y fallido The Street…

TheStreet.com es un caso de libro de burbuja en la Red. Nacido en 1996 de la mano de un polémico analista estrella y gestor de fondos de Wall Street, James Cramer, y con padrinos (inversores) de tanto peso como The New York Times y el banco japonés de inversiones SoftBank, la compañía salió a bolsa en mayo de 1999. Alcanzó un precio por acción de 60 dólares en su primer día de cotización. Hoy se pagan menos de 3 dólares por título.

Y eso que la idea era interesante y hasta lógica: recoger a los mejores y más acerados analistas bursátiles y colocarlos juntos en un nodo de pago. Los análisis más irreverentes y certeros de la realidad bursátil bien valdrían, pensaron sus creadores, una mísera suscripción mensual de 9,95 dólares. Y de hecho 93.000 clientes se suscribieron. Lo cual no evitó pérdidas de 30 millones de dólares en 1999, y de 6,5 millones de dólares en el primer trimestre de 2001. Y es que 250 empleados, que llegaron a tener, son muchas bocas a alimentar. Hasta un 20% menos parecen demasiadas…

Ventas de calidad

Otra de las líneas de negocio prevista era la venta de contenidos de alta calidad a otros websites, que suspiraban por tener algo que ofrecer a sus usuarios para distinguirse de la competencia. TheStreet.com arrancaba con magníficos contactos, de modo que no le resultó complicado conseguir alianzas estratégicas de mucho relumbrón. Entre sus socios (o sea, compradores) estaban nada menos que America Online, Yahoo!, DLJ, Phillips Publishing y el Grupo Ha\’aretz. Además de The New York Times, con el que mantenían también una redacción conjunta (hasta enero de 2001).

Llegaron los malos tiempos, y el valor comenzó a desplomarse en la bolsa. A pesar de que, efectivamente, tenía suscriptores…. pero no los suficientes. Su producto es bueno; sus comentarios, de primera calidad; su análisis, de lo mejor que hay en el mercado. Pero el precio era demasiado alto.

A mediados de noviembre de 2000 TheStreet.com replegó velas. Anunció el cierre de su filial en el Reino Unido; despidió a 40 empleados, y cerró su redacción conjunta con The New York Times. Ya desde enero del 2000 había cambiado de modelo, abriendo la mayoría de sus contenidos y agrupando en otros sitios web los de pago, dirigidos a profesionales. Aún así, su cotización llegó a estar tan baja que ha corrido peligro de ser expulsada del Nasdaq.

Es dudoso que la empresa quiebre. Según sus papeles públicos tienen más de 58 millones de dólares en el banco, suficiente para mantenerse hasta casi 2002, incluso aunque la situación del mercado no cambie. Pero lo que parece cada vez más próximo es el espectro de la absorción por algún gran grupo editorial; en otras palabras, el fallo del proyecto. Y es que un producto de magnífica calidad no basta, si de lo que se trata es de competir con nuevos modelos de negocio cuyos costes son sustancialmente iguales a cero. El público no paga por lo que puede obtener gratis en otros muchos sitios. Por muchas estrellas que adornen el producto, si éste no aporta valor añadido, la suscripción es imposible.


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