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Todo calculado: La ley de Moore y la paradoja del colono espacial

¿Qué tendrá que ver, se preguntarán ustedes, la colonización espacial con la ley de Moore? Y, mas aún, ¿qué tendrá que ver la paradoja que las relaciona con el hecho de que esta semana este servidor de ustedes haya entregado tarde su artículo? Pues todo, señor redactor jefe. Y es que quien no tiene una razón es porque no sabe buscar excusas. La de hiperactivo! de esta semana es: \”estaba todo calculado\”.

Es práctica común en el mundo editorial que los colaboradores regulares tengan un par de artículos \”en nevera\”, escritos sin referencia temporal, que se pueden publicar en cualquier fecha. Esto se hace en previsión de que algún acreedor desencantado, un marido celoso o un conductor de autobuses con buen tino impidan que el autor entregue en su plazo. Lo cual, evidentemente, ha sucedido, puesto que estas líneas que ahora leen no son de esta semana, sino que salen de la despensa de Baquía, y están aún a medio descongelar. Pero les hablaba de la Ley de Moore.

La Ley de Moore. Hasta Baquía ha hablado de ella. Es una regla empírica que afirma, a modo de profecía que asegura su propio cumplimiento, que la densidad de transistores de un circuito integrado se duplica cada dieciocho meses. Doble de transistores, doble de potencia. O mitad de precio a iguales prestaciones, que lo mismo da que da lo mismo. No se sabe bien si fue el bueno de Gordon Moore el que acertó (él mismo afirma que fue una estimación hecha un poco a boleo) o son los fabricantes de semiconductores los que, usando la predicción de Moore a modo de guía, se marcan el paso con precisión de metrónomo.

Esa cadencia inexorable alimenta la industria de la informática, produciendo a la vez curiosos efectos psicológicos en los compradores de ordenadores, sobre todo si miran los precios de cualquier cosa comprada hace más de un mes: \”¡Si me hubiera esperado hasta ahora, me habría costado muchísimo menos!\”. Pero también causan un efecto paralelo en las personas que contemplan una adquisición: \”¿Para qué me lo voy a comprar ahora, si dentro de seis meses será el doble de potente y costará la mitad?\”.

Esta es la realidad social del gasto en hardware. Y digo bien: gasto, porque uno de los corolarios de la Ley de Moore es que el hardware informático es un gasto, nunca una inversión: a la velocidad que se deprecian, los procesadores son prácticamente fungibles. Y si no lo creen, pregúntenle a su vecino, el aficionado a los videojuegos. O a Bill Gates. Ambos saben que los programas se hacen para los ordenadores que saldrán el año que viene, no para los que salieron el año pasado.

Pues ahora resulta que este efecto psicológico es también razón empírica, ya que unos científicos han calculado que cuando se han de realizar cálculos laboriosos, en ocasiones se terminan antes si se espera uno a que la ley de Moore le proporcione ordenadores más potentes. El resumen del artículo dice literalmente: \”la productividad general puede incrementarse para computaciones lo bastante grandes ‘remoloneando’, o esperando un periodo de tiempo antes de adquirir un ordenador y comenzar el cómputo\”.

La forma correcta de tratar este estudio es como un refrán matemático, como el \”vísteme despacio, que tengo prisa\” del mundo de la computación, refrendado por un estudio con sus cálculos numéricos. Pero lo mejor de todo es la sensación reconfortante que tiene uno de saber, de forma demostrada, que las intuiciones supersticiosas que uno tiene son ciertas: cuanto más tarde se pone uno a la tarea, antes termina lo que tiene que hacer. ¡Empiezo mañana!

Es una forma de justicia poética que este estudio refleje la paradoja de los primeros colonos, tan querida por los lectores de la ciencia ficción. Los colonos espaciales que salgan en las primeras, lentas naves, se verán adelantados por los que les sigan. Tras largos años en hibernación, al llegar al lejano sistema solar, los primeros en partir son recibidos por una colonia asentada, formada por los navegantes de las naves posteriores, más potentes y rápidas. Cuando salgan las primeras naves, que no cuenten con hiperactivo!, que prefiere salir más tarde, cuando el tráfico está más fluido.

Y del mismo modo, cuando hiperactivo! escribe su artículo deprisa y corriendo se lo publican en la misma semana. Pero éste que están leyendo es de nevera, así que pese a que está escrito con tiempo y entregado antes de que se empezara a publicar la sección, se ha pasado hibernando una temporada, y ha tardado sus buenos meses en aparecer. Como ven, todo estaba calculado.

Gracias por su atención.

Javier Candeira es hiperactivo!. Cuando no tiene razón siempre encuentra alguna excusa, y siempre ha sabido que si uno quiere llegar bien, más le vale pensárselo antes de salir. No hace falta tener una razón ni una excusa para comentarle algo a hiperactivo!, siempre agradece recibir correo.

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