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Trabajador y artista

Parece increíble, pero en un mundo en el que parecía que sólo se podía ser analista de sistemas o trabajar en una hamburguesería, el número de empleos que tienen que ver con la imaginación y el diseño ha explotado.

Estas son algunas cifras que nos hace llegar la revista americana Wired: en Estados Unidos hoy existen 350.000 especialistas en hacer la manicura; el número de salones en los que se hacen éstas se ha duplicado. Los fabricantes de encimeras, por ejemplo, han explotado como industria. Son gente que trabaja la piedra y el mármol para convertirlo en encimeras de modernas cocinas. Su número y el de los negocios que regentan ha crecido de forma increíble en los últimos cinco años.

El mercado de embellecedores y otros componentes para automóviles, que alcanza ya una cifra de 26.000 millones de dólares, ha crecido en un 46% desde 1996. Solamente el mercado de los productos dedicados a mejorar el diseño de un coche alcanza ya la cifra de 10.000 millones de dólares.

Parece que el diseño, la creatividad y, sobre todo, el no tener que depender de una gran empresa, están causando una explosión de industrias y servicios que utilizan artistas de todo tipo como empleados.

El número de diseñadores gráficos en EE.UU. se ha multiplicado por diez en una generación, hasta alcanzar hoy más de 150.000. Los miembros de la Asociación Americana de Diseñadores se han duplicado desde 1992 y cuentan hoy con 33.000 asociados.

Según el mismo artículo, una curiosa encuesta realizada en el estado de Florida, en la que se preguntaba a la gente si preferían un puesto de maquinista de tren, con sueldo bastante alto y futuro asegurado, o trabajar como peluquero/a, dio como resultado una importante mayoría a favor de la segunda opción, dando como explicación que se trataba de un trabajo más imaginativo, flexible y en donde la satisfacción del cliente era instantánea.

Está claro que las nuevas generaciones que se incorporan hoy a la fuerza laboral de cualquier país, son diferentes a cuantas les han precedido. Por lo menos en los países económicamente desarrollados. La mayoría busca una satisfacción en el trabajo que hace y no acepta sin más las órdenes de sus jefes.

Mucho tiene que cambiar el mundo todavía.


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