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Trabajar en una empresa tecnológica es una pesadilla, sostiene un profesor

Se acabaron los tiempos en los que uno podía presumir de trabajar en una empresa tecnológica. Y más tras leer las palabras del profesor de sociología de la Universidad de California, Sean O’Riain, quien considera equivalente el trabajo en las empresas tecnológicas con el de las factorías del siglo pasado.

Aislamiento, inseguridad laboral y largas jornadas de trabajo fueron características comunes de las fabricas inglesas del siglo XIX, aquellas que de forma tan acertada inmortalizó el escritor Charles Dickens. Si el novelista viviera hoy podría cambiar la palabra fábrica por el de empresa tecnológica.

Al igual que hace cien años, a día de hoy se requiere mucha fuerza de voluntad para soportar la presión laboral, desigualdad y exclusión que se produce en las empresas tecnológicas, sostiene el profesor en su estudio.

Uno de los aspectos que más le sorprendieron a O’Riain fue la tremenda competitividad existente en las empresas relacionadas con las nuevas tecnologías. También le dejó perplejo la diferencia entre lo que la gente pensaba que era trabajar en una compañía dedicada a esta actividad y lo que realmente implicaba.

Durante mucho tiempo se ha alabado las ventajas que los empleados de empresas tecnológicas disfrutan en su oficio: desde trabajar en casa o contar con incentivos tipo stock options, por poner sólo dos ejemplos. El profesor O’Riain lo ve desde otra perspectiva. Asegura que sus vidas son "de pesadilla" y poco envidiables.

"Muestran el rostro de la soledad e inseguridad del empresario en un mercado y cultura dominada por el estrés y los símbolos masculinos tomados de la guerra y los deportes", subaraya.

Junto al estrés, en los últimos años ha aparecido un nuevo inconveniente en este tipo de empresas: la inseguridad. La desaparición masiva de puntocom ha expandido la certeza de que el puesto de trabajo está todo menos asegurado. "Cuando estalló la crisis, se encontraron con pocas garantías colectivas y empezaron a depender de un destino individual".

Actualmente, sostiene el profesor O’Riain, los trabajadores IT se han convertido en un producto para ser "comprado y vendido". Además, son personas que deben demostrar día a día sus cualidades. Un infierno, vamos.


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