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Vida y milagros del “private equity”

Las entidades extranjeras invierten cada año entre 3.500 y 5.200 millones de dólares en empresas no cotizadas en bolsa de Latinoamérica, según datos obtenidos por Lawrence Goodman, analista de la empresa de estudios económicos Globalecon LLC. La inversión de private equity por parte de empresas y fondos extranjeros en la región debe ser un motor para proporcionar a las compañías latinoamericanas nuevos conocimientos (know-how) y contactos comerciales en otros continentes.

El private equity supone un paso intermedio entre la financiación de capital riesgo y la salida a bolsa de las empresas. Como la salida a bolsa en los países latinoamericanos está prácticamente reservada a las grandes empresas, con algunas excepciones como las argentinas El Sitio (ahora Claxon) e Impsat que cotizan en el Nasdaq, a las pequeñas y medianas empresas se les hace muy difícil acceder a fuentes de financiación. Esta situación se agrava aún más en aquellos países que no disponen de mercados de capitales relativamente desarrollados (México) y afrontan turbulencias macroeconómicas serias (Argentina y Venezuela) y/o políticas (Perú y Colombia).

Liderazgo de la Nueva Economía

El auge de todo lo relacionado con Internet en la región se refleja claramente en la clasificación de inversión de private equity según industrias, confeccionada por la revista Latin American Private Equity Review. En el periodo 1999-2000 el sector de Internet encabezó la lista, siendo el destino del 20% del valor total de las inversiones. Otros sectores relacionados con la Nueva Economía también ocuparon posiciones altas: al sector de telecomunicaciones fue a parar el 17% del valor total de la inversión, a medios de comunicación el 8% y a televisión por cable otro 8%.

En el periodo de 1996 a 1998 la lista estuvo encabezada por Telecomunicaciones con el 21%, seguida de la mas convencional Transporte con el 18%.

Una gota en el océano

Lo comentado hasta aquí es relativamente positivo. Pero resulta claro que no todo son rosas. En una región como Latinoamérica, que tiene un Producto Interior Bruto superior a los 1,5 billones de dólares, una inversión de 5.000 millones de dólares al año en concepto de private equity no deja de ser prácticamente anecdótica. Motivos para que este importe sea relativamente pequeño haberlos, háylos, y muchos…

Lo primero en lo que se suele fijar un potencial inversores es en el grado en que el sistema jurídico de los distintos países garantiza el derecho de propiedad.

Lamentablemente, la percepción de los inversores sobre esta cuestión en Latinoamérica es mala, por no decir pésima. Según una encuesta efectuada por Pfeffermann, Kisunko & Sumlinski e International Finance Corporation, de cada cien potenciales inversores de private equity en Latinoamérica, 53 perciben a la corrupción como un obstáculo para la realización de negocios en la región. Otro 53% afirma que la falta de predicción del sistema judicial representa una traba importante. A estos dos factores le siguen las regulaciones de impuestos y/o impuestos altos (49%), la escasez de financiación (48%) y una infraestructura inadecuada (48%).

Los datos recopilados por el estudio para Latinoamérica contrastan, y mucho, con las respuestas obtenidas para la inversión en la OECD en la misma encuesta. Los inversores de private equity en países de la OECD ven los siguientes factores como obstáculos para la realización de negocios: regulaciones impositivas (50%), leyes laborales (45%), seguridad o regulaciones medioambientales (27%), regulación para el establecimiento de nuevas empresas (26%) y escasez de financiación (26%).

La tasa de descuento como elemento crítico

Los mayores riesgos que los inversores perciben en Latinoamérica se reflejan en la prima de riesgo con los que los gestores de private equity descuentan los flujos de caja que calculan para sus potenciales inversiones. De esta manera, un proyecto que en España es descontado a una tasa del 10% (en dólares), en Brasil o Argentina puede ser descontado al 15% o más. Es decir, exactamente la misma actividad productiva puede ser financieramente viable en España, por no hablar de Alemania o EEUU, y no serlo en un país latinoamericano.

Una tarea para gigantes

Para obtener mayores importes de inversión extranjera en private equity los gobiernos latinoamericanos deben de aumentar el grado de transparencia y cumplimiento de las normas que rigen el funcionamiento de la actividad empresarial. Pero, aún más importante, deben de procurar que el cumplimiento de estas normas sea velado por un sistema judicial eficiente.

El objetivo es evidente, pero la historia (y centenares de libros de economía política) pasa por cómo llegar este objetivo. Se trata de una tarea para gigantes, una \”estatura\” de la que la clase política latinoamericana no siempre ha hecho gala. En última instancia, se trata de obtener un mecanismo de coordinación de la sociedad (que mayoritariamente debería de ser el mercado) que sea respetados por toda la sociedad: empresarios, burócratas, jueces, trabajadores e, incluso, desempleados.

Esto es muy difícil cuando se parte, como en el caso de muchos países latinoamericanos, de una desigualdad de ingresos y patrimonio muy importantes. Por ello, la solución debe pasar por un sistema que garantice los derechos básicos de alimentación, educación y sanidad para los más desprotegidos y, al mismo tiempo, incentive la creatividad empresarial.


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