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Violaciones virtuales: la última perversión de Internet

Second Life continúa dando mucho que hablar. La frontera entre el mundo virtual y el mundo real tiende a confundirse a medida que el primero va creciendo en número e importancia.

Y son ya varias las polémicas en torno a si en Second Life deben castigarse o no ciertos actos, o si debería haber un cuerpo de policía encargado de velar por los avatares de este mundo que, aunque virtual, cada vez se parece más al nuestro.

La última polémica llega por lo que ya se conoce como “violaciones virtuales”. El término en principio parece contradictorio, porque no se puede abusar de alguien de una forma que no sea físicamente. Tampoco debe confundirse con una práctica llevada a cabo en algunos países sudamericanos, donde se engaña a algunas familias diciéndoles que han raptado a uno de sus miembros, justo cuando éste se ha ausentado por cualquier motivo, para pedirles una pequeña suma de dinero por su supuesta liberación.

Las agresiones virtuales de los que hablamos tienen lugar en Internet, y son posibles cuando estamos inmersos en algún universo ficticio como Second Life. En este caso, el avatar que nos representa puede ser manipulado por otro usuario, gracias a algunos objetos que en los mundos virtuales más populares de hace algunos años eran conocidos como voodoo dolls.

Una violación virtual muy sonada en la Red, realizada mediante voodoo dolls, tuvo lugar en LamdaMOO, un mundo de realidad virtual basado en texto. El suceso quedó perfectamente recogido por Julian Dibble; según cuenta, uno de estos seres voodoo fue empleado por uno de los usuarios para hacer que varios de los avatares de otros usuarios comenzaran a participar en violentos y explícitos actos sexuales a la vista de todos los presentes.

El pasado mes de abril, dos diarios belgas publicaron que la policía de Bruselas había iniciado una investigación después de una denuncia por una violación en Second Life. A pesar de que el asunto tenía toda la pinta de ser una broma o una noticia falsa (hoax), típicas por esas fechas (el 1 de abril se celebra en el mundo anglosajón el equivalente a nuestros Santos Inocentes), el hecho ha despertado multitud de reflexiones e incluso hay algunos foros y debates.

La violación virtual es la última de las perversiones de Internet, y aunque en ningún momento puede ser comparable a su equivalente físico, también puede dejar algún tipo de secuela, sobre todo para los menores o para aquellas personas que hayan tenido alguna experiencia de este tipo en la vida real.

Entrar en debates sobre si este tipo de abuso debe o no ser penado parece algo desproporcionado, pero no cabe duda de que se trata de una experiencia que puede resultar molesta y nada agradable, sobre todo para aquellos que formen parte de una comunidad de este tipo, y tengan vínculos y lazos emocionales que les unan a ella.

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