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Worldcom, Xerox, Martha Stewart,… y Ana Rosa Quintana

La portada del NYT.com del pasado sábado 29 de junio destacaba tres titulares: el primero acerca del pequeño despiste de Xerox (¿qué son 2.000 millones de dólares? ¡ah! ¿que son 6.400?), el segundo a propósito de la venta a trozos de Worldcom y el tercero sobre lo que su hombre en Merril Lynch le dijo a Martha Stewart por teléfono antes de vender sus casi 4.000 acciones de ImClone; una conversación que puede ser determinante para que los jueces decidan si Martha Stewart obtuvo información priviliegiada acerca de ImClone y, por lo tanto, cometió un delito, o fue pura casualidad (ya saben, esas casualidades que llenan el mundo de los grandes negocios).

Uno:
¿Qué hago yo leyendo la sección de negocios del New York Times un sábado por la tarde?

Quizás el efecto de la \”nueva economía\” no fue tan inocuo como ahora muchos se obstinan en afirmar, y en algo cambió las cosas; por ejemplo, en el nuevo interés que generó la información económica fuera de sus lectores tradicionales. La \”nueva economía\” trajo estrellas (y sueños de reemplazo): emprendedores jóvenes, apuestos y millonarios, ideas que valían mucho dinero, portadas en medios generalistas y especiales televisivos. Entonces descubrimos que la información económica no era tan aburrida.

La \”nueva economía\” y la repentina conciencia del \”efecto globalización\”, por el cual cualquier movimiento económico/empresarial, que antes nos parecía ajeno, podía influir en nuestras vidas de un modo directo, nos hicieron frecuentar con interés medios de información económica on y offline (que también modificaron sus formas para hacerse más accesibles a los parvenues).

Es por todo esto que leo los titulares de Business del NYT.

Dos:
Martha Stewart (a lo Alexis Colby), o cuando los escándalos financieros se llenan de \’glamour\’

Martha Stewart es, además de una poderosísima empresaria, un referente en la cultura norteamericana: adalid del buen gusto burgués, lo mismo enseña a preparar ensaladas con los restos del Día de Acción de Gracias que a organizar una cena de negocios.

Martha Stewart es una marca registrada con programas de televisión y radio. Una columna semanal que aparece en cientos de periódicos. Libros y revistas. Sitio web y tienda online. Y en las últimas semanas es, para muchos, una versión sobria de la maquinadora ex-señora Carrington (sin cardado ni cigarrillos More).

Ahora que saben esto, imaginen:

Martha Stewart vestida con un conjunto color hueso de Jil Sander y zapatos de Sergio Rossi en su despacho del Low Manhattan con el Hudson al fondo declara (Septiembre 2001) a Vanity Fair: \”Me considero una visionaria\”, al tiempo que muestra al periodista sus nuevas colecciones de vasos para absenta o las vajillas Wedgwood.

Martha Stewart, durante una parada técnica de su jet privado en San Luis, llama a su broker de Merril Lynch y le dice \”¡vende!\” casi 4.000 acciones de ImClone (Diciembre 2001).

Martha Stewart, mientras prepara una ensalada de verano en su programa matinal de la CBS declara que no debe hablar demasiado del asunto y que confía en no ser inculpada (Junio 2002).

Las acciones de Martha Stewart (MSO) caen un 24% en la bolsa de Nueva York (Junio 2002) a causa de las informaciones acerca de su posible implicación en el caso ImClone (que podría incluir cargos como obstrucción a la justicia y falsedad documental).

Tres:
Pero, ¿qué delito ha cometido Martha Stewart?

Demostrado, aún ninguno. Pero hay indicios de que dispuso de información confidencial acerca de la decisión de la Food and Drug Administration norteamericana de no conceder la licencia a un medicamento contra el cáncer que ImClone se disponía a lanzar al mercado, lo cual supuso un descalabro en la cotización de sus acciones; descalabro que no afectó a Martha (que había dado órdenes de vender las suyas unos días antes) ni al CEO de la compañía y amigo de Stewart, Sam Waksal, detenido hace un par de semanas por tratar de vender sus acciones y las de todos sus familiares antes de que se hiciera pública la decisión gubernamental.

Cuatro:
Martha Stewart y Ana Rosa, o cuando el nombre marca

¿Recuerdan el plagio de Sabor a hiel de Ana Rosa Quintana? Pues bien, han pasado algunos años y el imperio mediático de Quintana no sólo no se ha desmoronado, sino que goza de mejor salud que nunca. Los que pensaban que el escándalo perjudicaría a la presentadora y productora, se equivocaron.

Primera pregunta: ¿Cuántos casos de plagio tan obvios como el suyo de prohombres de la cultura española han provocado tanto seguimiento mediático? Ninguno. Porque la demostración de que a un preboste de la cultura nacional se le fuera la mano con la intertextualidad no vende periódicos. Pero Ana Rosa Quintana, sí. (Claro, que muy pocos se encargaron de recordar que el libro plagiado había sido presentado por Ana Botella…).

Segunda pregunta: ¿Es Martha Stewart la primera persona que hace uso de información privilegiada para evitar perder millones en la bolsa o para ganarlos? Es más (y con esto vuelvo al principio, a los tres titulares del sábado del New York Times): ¿son Xerox, Worlcom, Enron, las únicas empresas que se dedican a la \”contabilidad creativa\”?

¿A alguien le sorprende que los bancos tengan cuentas opacas para grandes clientes?

Cinco:
¿Qué está pasando en el mundo financiero…

…que realidades asumidas como habituales se convierten en escandalosas revelaciones? Y los jueces, los periódicos, los presidentes de gobierno, se llevan las manos a la cabeza porque las auditoras se conchaban con las empresas para hacer trampas. Los grandes accionistas hacen uso de información confidencial. Las grandes compañías trucan sus números. Los bancos colaboran con sus grandes clientes en la evasión de impuestos y con los políticos en la financiación de las campañas… pero, ¿es que a alguien le sorprende? Creo que no. Lo sorprendente es que, de repente, sea noticia.

¿Por qué? No lo sé. Que sea para bien.


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