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Yo quiero ser un paleto 2.0

Desde que trabajo con un ordenador, tengo un infinito universo de distracciones a mi alcance, continuas tentaciones que amenazan con desviarme de las tareas del trabajo. ¡Y tan peligrosamente cercanas, a un simple clic de distancia! ¿No les parece contraproducente, o cuando menos contradictorio, que un mismo utensilio se haya convertido en vehículo de diversión/comunicación y herramienta laboral, con una delicada frontera separando ambos usos?

Hace años, las distracciones eran simples, casi diría que simplonas: presentaciones de Power Point con todo tipo de ingeniosos contenidos, cadenas de mensajes, juegos en Flash, tarjetas de felicitación, etc… Cosas que la gente recibía, les hacía gracia y reenviaban a sus contactos, en la prehistoria de ese concepto ahora esencial para los publicistas llamado viralidad. También visitábamos nuestras webs habituales, guardadas en los Favoritos: entrabas, leías y te marchabas, tan unidireccional como un periódico en papel. Y por último estaba, como sigue estando, un clásico: el correo electrónico.

En definitiva: los apacibles tiempos de los ociosos 1.0.

Creo que la primera gran revolución en este ámbito sucedió con la llegada de los programas de mensajería instantánea. Ya no se trataba de un desahogo al que acudías esporádicamente, dedicándole unos minutillos de esparcimiento entre las agobiantes tareas del día, o a conciencia de estar perdiendo miserablemente el tiempo. El messenger, siempre conectado, era una continua ventana abierta a la tentación, que algunos hábilmente consiguieron disfrazar de herramienta para mejorar la productividad.

Un poco más tarde, llegó la Web 2.0.

Y entonces, empezó el desmadre.

Recapaciten acerca del arsenal que tiene ahora a su disposición el ocioso 2.0, y la época de los “Enviar a un amigo” les parecerá cosa de risa. El concepto que se lleva ahora es el crowdsourcing, traducible por algo así como “ingente producción de cosas por la gente”. Mencionemos sólo unos pocos ejemplos, cada uno de los cuales sería suficiente para hundir la media del rendimiento de una oficina si se disparara su uso entre los empleados:

  • YouTube, Google Video, y resto de agregadores de vídeos.
  • Flickr, Del.ici.ous, y tooooooooodas las redes sociales.
  • Las infinitas posibilidades del P2P.
  • Digg, Menéame, y su imparable legión de clones.
  • Second Life, World of Warcrafts… y demás universos virtuales.
  • Google Earth, y sus múltiples mashups y aplicaciones derivadas.
  • El apasionante mundo de la blogosfera, donde no sólo hay que leer continuamente para estar al día, comentar, enlazar… ¡También hay que tener uno propio!
  • Wikipedia, Google News, y taaaaaaaaantos otros sitios de contenidos.
  • Skype…

Y paro de contar. Me he limitado a mencionar las aplicaciones que más me suenan, las que uso con más o menos frecuencia, aunque sea esporádicamente y tenga que pedir que me recuerden las contraseñas de acceso. Porque aún considerándome por encima de la media en conocimiento tecnológico, ni siquiera me aproximo a uno de esos elementos de la elite que parecen descubrir cosas nuevas al ritmo que respiran.

¿Cómo lo hacen? Yo sólo tengo dos ojos, dos manos y un aguante limitado delante del ordenador. ¡Y encima soy recién casado! Enrique Dans: ¿cuántos alumnos tienes de “negros” escribiéndote el blog bajo el chantaje del suspenso? Microsiervos: ¡¡Confesad que habéis creado un software que genera posts automáticamente!!

¿Más tecnología? No, gracias

Y es que, ¿saben qué les digo? Que toda esa “necesidad” de estar al tanto de todo lo que se cuece en tecnología me genera enormes cantidades de estrés. ¡¡No puedo con todo!! Soy consciente de que vivimos tiempos de constante evolución, de lo bonito que es ser un pionero, llegar antes que el resto, desbrozar el camino a los que te siguen, de que hemos sido testigos del nacimiento de una tecnología (Internet) que ha cambiado por completo nuestras vidas y las de las próximas generaciones. Pero la envergadura de la tarea de estar continuamente al día me parece apabullante.

Y hablo sólo de lo que es factible hacer delante del ordenador: súmenle las crecientes posibilidades de los móviles, los dispositivos portátiles, la televisión digital que se avecina, las consolas…

Sí, ser un ocioso 2.0 resulta auténticamente agotador. Porque no lo olviden: aparte de estar al día en todas las áreas aquí mencionadas, resulta que tengo que trabajar, porque que yo sepa, todavía no se ha profesionalizado el oficio de webero 2.0… Eso sí, si alguien quiere plantearme un contrato en exclusiva, estoy dispuesto a escuchar ofertas. Pero mientras tanto, creo que me lo voy a tomar con calma y voy a optar por quedarme en paleto 2.0.

Bueno, ya lo solté, qué a gusto me he quedado… Ahora necesito un poco de distracción. ¿Second Life? Demasiado complejo. Mejor una opción algo más tradicional.

Dios mío, y ya empiezan a hablar de la Web 3.0… ¡¡Socooooorrrrooooo!!


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