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Yolanda Rueda, de la Fundación Cibervoluntarios: Hay que trabajar en red para fomentar la e-inclusión

Hemos hablado con Yolanda Rueda, presidenta de la Fundación Cibervoluntarios, una organización que desarrolla un importante trabajo de ayuda a los colectivos menos familiarizados con la tecnología.

¿Cuáles son los objetivos de la Fundación Cibervoluntarios?

Nuestro objetivo principal es utilizar las nuevas tecnologías como medio para solucionar problemas sociales de fondo. Trabajamos día a día para conseguir que todas las personas tengan, por igual, la oportunidad de acceder, conocer y utilizar las nuevas tecnologías con el fin de paliar la brecha digital y fomentar la Sociedad del Conocimiento.

No obstante, nosotros queremos romper la brecha digital como paso previo y necesario al cumplimiento de nuestra misión fundamental, que no es otra que poder actuar desde la Red y que nuestros voluntarios puedan proveer de ayuda y servicios a aquellos que, una vez rota la brecha, tienen la posibilidad de mejorar su situación y de obtener beneficios a través de Internet.

¿Cómo, cuándo y por qué nacísteis?

Nos alegra que nos hagas esa pregunta porque precisamente hace muy poco, el 30 de noviembre, cumplimos cinco años desde nuestro nacimiento en 2001. Empezamos como un movimiento social liderado por jóvenes apasionados de las nuevas tecnologías y nacimos con la profunda convicción de que Internet, ante todo, es una red de personas, no de ordenadores, y que nosotros, internautas activos, podíamos hacer algo para propiciar un cambio social y cultural que ayudara a la gente que está fuera a que entrara en este mundo que nos apasiona y que abre tantas oportunidades a quién lo descubre.

¿Mediante qué actividades ayudáis a los más necesitados en formación tecnológica?

Nuestras actividades son muy diversas, porque nos basamos en la escucha activa de nuestros cibervoluntarios, que son los mayores propulsores de iniciativas creativas y sumamente atractivas para nuestro target: proyectos que pasan desde ir con portátiles a casas o hacer interconexiones de asociaciones donde hemos dado cursos hasta nuestros macroeventos de formación.

Aunque lo más habitual en nuestro día a día es ofrecer cursos de iniciación de veinte horas, charlas de sensibilización y charlas específicas, talleres de continuidad, seguimiento y conferencias.

¿Recibís ayudas de empresas y de las administraciones públicas?

Nosotros nos presentamos a subvenciones para poder llevar adelante programas específicos; por ejemplo, se nos acaba de conceder una por parte del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio para enseñar a asociaciones de mujeres el uso de nuevas tecnologías. Por otra parte, presentamos de forma continuada proyectos a empresas -especialmente compañías del sector- para que nos apoyen en proyectos concretos que queremos desarrollar, y es algo que nos da buenos resultados.

¿Tenéis algún tipo de convenio en este sentido?

Tenemos muchos convenios, pero los que firmamos van más en la línea de ayudas en especie, especialmente cesión de centros de uso repartidos por diferentes puntos de España: los cibervoluntarios no tenemos centros propios, sino que conseguimos acuerdos tanto con centros públicos (colegios, centros cívicos, Institutos de Educación Secundaria, etc.) como privados (academias y cíbers) para que nos los cedan en momentos en que no los usan.

¿Cuáles son, a tu juicio, los colectivos que precisan más atención tecnológica en España?

Para nosotros cualquier persona que no esté integrada en el uso de Internet está en riesgo de exclusión, y a ellos dirigimos nuestra acción; desde mayores y mujeres hasta jóvenes, niños, inmigrantes o población que vive en entornos rurales. Cada grupo de personas que representa un colectivo tiene una necesidad concreta y es difícil priorizar alguno.

¿Cómo podemos contribuir entre todos a reducir la brecha digital?

Trabajando de forma multisectorial, aunando esfuerzos, conocimientos y buenas prácticas entre administraciones, empresas y entidades sociales, puesto que cada una puede aportar mucho en su ámbito para llegar a los ciudadanos de una forma directa y eficiente. La Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información ha sido pionera dejando participar a la sociedad civil, empresas y ONG: en este sector todo es tan rápido y provoca tantos cambios que es imprescindible trabajar en red para paliar la brecha digital y fomentar la e-inclusión.

¿Realizáis también actividades a nivel internacional?

Participamos activamente en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, tanto en las reuniones preparatorias en el Palacio de Naciones Unidas en Ginebra, como en la cumbre en sí, que tuvo lugar el pasado noviembre en Túnez. Nuestra labor en el ámbito internacional esta centrada en defender la importancia del papel que los voluntarios tienen en el desarrollo de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Y es una labor que hacemos de forma continua: últimamente hemos participado en el Digital World Africa y el Foro Europeo de la Sociedad Civil.

Por otra parte, es importante destacar que también organizamos eventos propios. El más destacado hasta el momento, por su repercusión a nivel internacional, es e-STAS, el Symposium de las Tecnologías para la Acción Social, cuya primera edición tuvo lugar el pasado mayo en Sevilla. El objetivo de e-STAS es impulsar, fomentar y adaptar el uso de las TIC en pro de la acción social, el desarrollo y la lucha contra la pobreza. La segunda edición tendrá lugar del 21 al 23 de marzo de 2007 en Sevilla.

Seguro que a lo largo de vuestro recorrido habéis tenido cantidad de casos prácticos en los que se plasma vuestro trabajo. ¿Puedes mencionarme algún ejemplo concreto?

Hay múltiples ejemplos; recuerdo con cariño a un grupo de jóvenes de la ESO en Martos (Jaén) que actuó como cibervoluntario bajo la supervisión de una de nuestras cibervoluntarias, que era profesora de su centro, y enseñaron a navegar en Internet a sus padres y profesores. Cambiar las tornas para ellos fue algo realmente divertido.

Además, en los cursos con personas mayores la gente suele ser muy agradecida: más de un cibervoluntario se ha ido con una bufanda hecha a mano o con algún pastel casero. Pero la mayor recompensa, sin duda alguna, es la cara de la gente, ese entusiasmo cuando descubre para qué le es útil la Red.


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