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Glovo y la localización: sabemos dónde estás, y eso no es malo

Hagamos un experimento.

Abrid en una nueva pestaña google.com/maps/timeline y decidme qué véis. Seguramente algo parecido a la imágen de a continuación, algo menos aburrida que la mía, en la que se indica todos vuestros movimientos que hayáis hecho hoy. Bueno, no solo hoy, si no todos los días en los que habéis estado utilizando vuestro flamante teléfono nuevo.

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¿Asustados? ¿Sorprendidos? No deberíais estarlo tanto. Facebook, Google Now, Instagram, Tinder. Cuatro aplicaciones que seguramente la mayoría de las personas tiene instaladas en su teléfono. Cuatro aplicaciones que, aunque no os déis cuenta, están constantemente recopilando todo tipo información acerca de uno: qué lugares frecuentas más, qué marcas te gustan más, qué hábitos tienes como persona de entre 20 y 35 años, y millones de datos más.

¿Con qué objetivo? Por un lado, estas empresas recaban datos. Muchos. Si no pagas por ello, tú eres el producto, dice el dicho. Pero ¿cuál es el motivo primordial? Hacernos la vida mucho más sencilla. Conseguir que digamos: ¡mira qué útil! Y para conseguir eso, una aplicación debe tenerlo todo cubierto y guardar nuestros datos. Si no lo hiciese, nanay del paraguay.

Google necesita todos estos datos, para que la próxima vez que abras el teléfono te recomiende un restaurante nuevo o para que en un sencillo click sepas cuál es la manera más rápida para llegar a ese nuevo bar del que has oído hablar tanto.

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Y sí, en Glovo también necesitamos vuestra localización. Pero por una sencilla razón: queremos haceros vuestra experiencia lo más agradable posible. No nos interesa mucho eso de los datos, preferimos encontrar al glover más cercano a tu posición para que vaya lo más rápido posible. O para que tú lo puedas seguir en un mapa. O para ofrecerte una súper oferta que está pasando justo a tu lado. O sencillamente para que no tengas que introducir la dirección cada vez. Pequeños detalles, que aunque no te des cuenta, harán poco a poco (harán) tu experiencia más placentera.

Si aún no habéis oído hablar de los beacons, pronto lo haréis. Dentro de nada, las aplicaciones serán capaces de utilizar dicha localización para ofrecerte contenido interesante si pasas cerca de algún lugar o incluso guiarte a través de los pasillos de un supermercado. Así que, la próxima vez que una app os pida la localización al abrir una aplicación, tranquilos, no es que os estén investigando. Tan sólo estarán buscando ofrecerte lo mejor para ti.


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