18 May 2009 | 6 comentarios
Ante la crisis, muchas empresas recurren a la opción de bajar los precios para aumentar sus ventas, pero hay que ser muy consciente de las consecuencias que conlleva esta decisión.
“Estimado Sr. Director General:
Ante la tesitura de mercado en la que nos encontramos, donde predomina una reducción importante del consumo de nuestros productos, nos inquieta la situación por la que pasan nuestras ventas. Éstas han descendido en un 26%, según fuentes del histórico que manejamos. Antes esta coyuntura, se recomienda una bajada de precios de productos y/o servicios, para fomentar mayor demanda”.
Esta es una reflexión sumamente frecuente en los tiempos que corren. Jugando con la elasticidad de los mercados, los directivos de empresas (fundamentalmente en el área comercial), se decantan por la reducción de precios de los productos que poseemos en catalogo. El deseo no es otro que reactivar las ventas.
Partiremos de la idea que no existen “”recetarios de cocina” para encontrar los caminos que nos acerquen al éxito empresarial, ni tan siquiera para capear la situación que ahora vivimos en las empresas. Aceptando esta premisa como cierta, sí es conveniente que tengamos presente qué consecuencias puede tener cambiar las políticas de precios de nuestros productos. Quiero dejar claro, para comenzar mi reflexión, que me refiero a cambios de políticas de precios estables; es decir, las promociones de ventas puntuales no las encuadro en dichos cambios.
Reducir el precio de nuestros productos o servicios puede generar efectos colaterales que no siempre serán competitivos o rentables para la empresa. Aunque en ocasiones pensemos que esa medida favorecerá nuestras relaciones comerciales con nuestro cliente, les sugiero reflexionar sobre algunos efectos no deseados (tóxicos):
Son muchas las empresas que me manifiestan su intención de bajar precios, sin tener en cuenta qué posibles consecuencias conlleva dicha decisión. En definitiva, se trata de ser consciente de las repercusiones: si merecen la pena, adelante, pero con toda la información y siendo conscientes de los efectos colaterales.
Obviamente, bajar los precios no es la única posibilidad para seguir siendo competitivos, y muchas organizaciones así lo demuestran, aunque en ocasiones sea la primera opción o la más cómoda para aumentar las ventas. Cuidado con lo que deseamos.
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27.MAY
19.57
toni:
Me parece muy buen artículo en estos tiempos de crisi. Tendre en cuenta muchas razones que hay en el y estoy totalmente en acuerdo con el Sr.Rafael Cera.
Responder27.MAY
18.32
Ernesto Bauza Polo:
Que importante es tener clara la situacion de la empresa, para poder enfocar el rumbo a tomar con estrategias que nos lleven a salir del bache muy atinados tus comentarios, actual estoy en la administracion del Autoservicio en Cd. Pasto Nariño Colombia, y estamos dando la cara para enfretar la situacion un tanto dificil, estamos convencidos con con buenas decisiones, y estrategias vamos a lograrlo
Responder24.MAY
01.46
John Jairo Cortes:
Estoy de acuerdo en que una política de reducción de precios sin evaluar el impacto interno y externo que conlleva su implementación, puede generar un impacto negativo en la organización que la implementa.
Difiero un poco en la consecuencia que indica la posibilidad de cambio de target ya que el precio no define por si solo las características del producto y si llega a tener un impacto en la definición de target se atribuye a la disponibilidad a pagar relacionada con la capacidad de ingresos del individuo. Es decir, si mis ingresos me lo permiten puedo o no pagar un precio. Si los ingresos se ajustan al precio de lo que se quiere adquirir, y el producto satisface una necesidad (entendida no solo cómo una necesidad física sino también psicológicamente infundada), entonces las reducciones de precio impactarían el vólumen de compra del target actual y me llevaría a ingresar a nuevos grupos objetivos de ingresos inferiores lo que de alguna manera me llevaría a preocuparme por otros consumidores que antes no tenía. Todo bajo el supuesto de que las características del producto no cambian. En definitiva el resultado es poder abarcar un poco más el mercado. Pero esto solo es viable si tengo la capacidad de soportar técnicamente la reducción del precio sin desmejorar calidad y aumentar el volumen de producto. Es preferible producir a bajo costo, no reducir precio y mejorar servicio o la atención, que reducir el precio simplemente y esperar que la demanda aumente o se mantenga en el mejor de los casos.
En ese sentido, aunque llegaríamos al mismo planteamiento de que en épocas de crisis la reducción de precios no necesariamente es la mejor opción, pues su ejecución implica un mayor esfuerzo para la organización, se pueden plantear algunas salidas alternativa: personalice su producto haciendo que el precio no defina su consumidor sino que los atributos (calidad, servicio,etc.)se ajusten a una necesidad permanente en cliente. Revise las facilidades de pago que ofrece a sus usuarios, esto puede generar menos exclusión de la canasta familiar en tiempos de austeridad. Pero sobre todo, antes que reducir el precio piense si lo hace sobre la base de que no sacrifica su imagen en calidad y servicio, por que el remedio puede ser más grave que la enfermedad.
Éxitos
Responder22.MAY
18.56
Adolfo Salcedo:
Excelente Articulo! No soy especialista, pero siempre he estado de acuerdo con lo que describe el Sr. Rafael. Esta entrada sera referencia para un post que voy a escribir. Gracias!
Responder18.MAY
23.55
Victor:
Muy interesante el artículo de Rafael Cera.
ResponderSe podrían documentar muchos casos de empresas que la pasaron muy mal por bajar su precios en aras de elevar las ventas. El riesgo es muy alto y las ganancias disminuyen generalmente de manera ostensible. Con frecuencia, un beneficio pequeño pero muy costoso!
18.MAY
16.49
Rodrigo:
De acuerdo con todo, y como el propio Rafael Cera menciona, las ofertas y promociones puntuales ayudan en esta situación sin dañar colateralmente a la empresa.
Por tanto, desde http://www.oportunista.com creemos ser de ayuda para esta situación.
Responder