19 Nov 2008 | 1 comentario
El software es un producto muy peculiar. al que no es posible aplicar sin más los métodos de aseguramiento de calidad pensados para otras industrias.
La calidad de un producto como el software no se puede improvisar ni añadir en el último momento. Son muchos los estudios que han confirmado la necesidad de trabajar con buenos procesos de desarrollo y las mejores prácticas para que sea posible y rentable generar aplicaciones de calidad. Es decir, las que satisfacen las necesidades de sus usuarios. Lamentablemente, el software es un producto muy peculiar en el que no es posible aplicar sin más los métodos de aseguramiento de calidad pensados para otras industrias.
Las peculiaridades del software como producto
El software es un producto básicamente intelectual, sin presencia física. Su almacenamiento y codificación electrónica constituyen una anécdota similar a la impresión o copia electrónica de una obra literaria: el valor está en su contenido. Como resultado de la mente humana, y a pesar de las restricciones tecnológicas de formato, es una entidad cuyo comportamiento no obedece a leyes físicas como lo hacen los objetos materiales (electrónica, automóviles, mobiliario, etc.). Por eso se trata de creaciones protegidas por la legislación de propiedad intelectual. Además, su coste principal está en el diseño y creación de la primera copia: su fabricación o replicación supone un esfuerzo marginal.
Al no estar sometido a leyes físicas, el software no se deteriora, por lo que, a diferencia de otros productos (un automóvil, por ejemplo) su reparación supone alterar su diseño inicial, ya que una nueva copia recién salida de producción no servirá de nada. Y, curiosamente, es todavía uno de los productos más artesanales que podemos encontrar en la actualidad (más que muchos objetos de mercadillos), ya que cada producto suele construirse prácticamente desde cero, sin emplear código prefabricado o sólo en cantidades mínimas (aunque, afortunadamente, cada vez son más los componentes y librerías de código que facilitan la vida de los desarrolladores). Por último, tiene la ventaja y el inconveniente de ser muy flexible: un simple punto y coma en el código puede marcar la diferencia radical de comportamiento de una aplicación.
Todas estas características suponen una situación peculiar: los profesionales se pueden inspirar sólo marginalmente en otras disciplinas para promover la calidad en el software, y los usuarios y los profesionales de otras áreas se suelen quedar desconcertados por esta extraña naturaleza del producto, hasta tal punto que su intangibilidad provoca un menosprecio general por poseer un valor que no se percibe claramente, a diferencia del hardware, que se ve y se toca.
El software y su capacidad de generar beneficios
Esto lleva a que sólo el software empotrado en productos tangibles cuenta con reconocimiento (no por sí mismo, sino en cuanto parte del producto físico) y, por ello, el software se concibe más como un gasto que como una inversión. Esto provoca una continua presión de los clientes por obtenerlo al menor precio posible, sin reparar en muchas ocasiones en su capacidad de generar beneficios y de ahorrar costes y problemas. Son muchas las decisiones de compra de software o de servicios de desarrollo de aplicaciones y sistemas que se guían por un único parámetro: el mínimo precio. Esto es especialmente cierto en pymes, como se ha detectado en alguno de los estudios de INTECO.
Pero el problema, lamentablemente, no acaba aquí. Dada la presión del mercado para esta competición de precios a la baja y la poca madurez en cuanto a cultura y conocimientos de calidad de los clientes, las empresas proveedoras y una parte de los profesionales del software tienden a considerar el cuidado sistemático de la calidad como un asunto totalmente secundario. Esto hace que, en muchas organizaciones, sea complicado vender internamente las acciones de mejora de calidad que, para contar con una mínima probabilidad de éxito, requieren recursos humanos y financieros. También les resulta muy difícil a los proveedores de herramientas, servicios o formación convencer a los responsables de las organizaciones de desarrollo de software de la necesidad de invertir en calidad.
En esta situación, desde el grupo de Calidad del Software de ATI, hemos querido analizar con algo más de detalle este aspecto. En nuestra sesión técnica sobre calidad del software del pasado 12 de noviembre convocamos una mesa redonda con expertos para analizar los “Beneficios de las técnicas de calidad de software y su comunicación en la organización”. Se concluyó que las organizaciones de desarrollo de software se comienzan a implicar en la calidad por algunas de las siguientes tres vías:
Los datos del mercado español
El grupo de Calidad de Software de ATI es pionero en la realización de estudios detallados sobre la situación de las técnicas de calidad de software en el ámbito español, lo que nos ha permitido detectar importantes carencias en las prácticas organizativas en cuanto a las pruebas de software, así como la necesidad de mejora del desempeño individual, tanto en eficacia como en eficiencia, de los profesionales en esta área.
Hemos detectado cómo existen hasta 23 factores que lastran la implantación de las mejores prácticas en las organizaciones proveedoras, entre las que podemos destacar la falta de formación especializada (entre un 48% y un 63% de los profesionales no cuentan con ella) y la tentación de recortar en calidad cuando hay problemas de retrasos o de finanzas.
Por ello, hacemos un llamamiento a mejorar la cualificación y la formación en calidad de este importante colectivo de profesionales: al menos, 71.000 censados por la patronal AETIC en 2007. Nuestra seguridad y nuestro bienestar depende de ello porque el software, con su naturaleza etérea, entró hace mucho tiempo en nuestra vida diaria aunque no lo veamos ni lo tengamos cerca.
Seguridad
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Gestión documental, factura y certificación electrónica
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Consultoría y servicios
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reformas:
Personalmente creo que el mayor peso que puede tener la aplicación de controles de calidad en el diseño de software se refleja en el coste del mismo. En el coste de desarrollo de la aplicación y lógicamente en el precio de venta del producto. Seguir unas adecuadas directrices de calidad permite un desarrollo más organizado que redunda en menores costes de infraestructura y de equipo. Por supuesto, y de la misma forma, redundará en un producto final con menos errores.
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