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El sueño de los órganos creados por bioimpresoras 3D, un paso más cerca

Un nuevo sistema de bioimpresoras 3D ha logrado crear hueso, cartílago y músculo humano a tamaño real

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Oreja y mandíbula construidas gracias al nuevo sistema integrado de bioimpresión / Imagen: Wake Forest Institute for Regenerative Medicine, difundida por Agencia SINC.

Las impresoras 3D han sido uno de los grandes hallazgos para los bioingenieros, quienes en los últimos años han aplicado la novedosa técnica en sus laboratorios de tejidos y órganos funcionales. Un sueño que conseguiría superar una de las grandes limitaciones de los trasplantes: la dependencia de las donaciones.

Hasta ahora las estructuras de los órganos reproducidos con bioimpresoras eran demasiado inestables y frágiles para ser implantadas en un cuerpo humano. Sin embargo, la investigación que publica esta semana la revista Nature Biotechnology, revela que un equipo de científicos del Instituto de Medicina Regenerativa Wake Forest (Carolina del Norte, EE UU) ha avanzado un paso más en la andadura de la bioimpresión, creando en el laboratorio estructuras de tejidos humanos capaces de madurar y vascularizarse.

Aunque aún no están listas para trasplantarse, el equipo de especialistas en medicina regenerativa por fin han conseguido estructuras a tamaño real –concretamente, huesos, cartílagos y músculos de orejas y mandíbulas– que cuentan con la estabilidad adecuadas para reemplazar partes del cuerpo.

Esta nueva impresora supone un avance importante en nuestra búsqueda para fabricar tejidos de reemplazo destinados a los pacientes

El sistema de bioimpresión de Anthony Atala y su equipo soluciona el problema de la estabilidad imprimiendo las células en materiales poliméricos biodegradables con la fuerza mecánica suficiente para soportarlas hasta que el tejido madure, según recoge la agencia SINC. Para superar el límite de tamaño, integraron microcanales en los nuevos objetos impresos, de modo que los nutrientes y el oxígeno tuvieran un camino por donde llegar a todas partes.

Los científicos imprimieron estructuras y las implantaron en animales, ratas concretamente, y fue entonces cuando se produjo el cambio: esos andamios celulares maduraron en tejido funcional y desarrollaron un sistema de vasos sanguíneos. Posteriormente se fabricó una oreja con el tamaño correspondiente a un bebé que fue capaz de de formar vasos entre uno y dos meses después de su implantación.

Implantes a medida

Este sistema también permite personalizar la forma de construir los tejidos impresos, según las necesidades de cada paciente. Para ello, se utilizan imágenes clínicas y se crea un modelo informático 3D del tejido perdido.

Después, esos datos se transmiten a un programa que conecta con las boquillas de la impresora encargadas de dispensar las células en la estructura final.

Lo más importante de este avance es que las estructuras tienen el tamaño adecuado y la capacidad para su futuro uso en seres humanos. “Con un mayor desarrollo, esta tecnología podría ser utilizada para imprimir estructuras de tejidos y órganos destinados a la implantación quirúrgica”, declara Anthony Atala, director del instituto y autor principal del estudio.


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